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Consejos -no solicitados- para conservadores con prisas

Foto: Mehdi Sepehri | Unsplash

Se ha dicho, y no sin motivos, que en política el mejor medio de saber es no preguntar. Como nadie me ha preguntado, no descarto que alguien pueda aprender algo de lo que sigue.

I

El conservador nunca se queja de que los electores no lo comprenden. Ningún autor teatral serio justifica su fracaso en un estreno diciendo que el público no ha sido de su agrado.

II

En toda nación moderna hay, al menos, dos culturas. Pero lo que permite que haya más de una cultura es la existencia de una nación.

III

El hombre es, por esencia, futurizador y proyectista. Vive en sus proyectos. Por eso en todo hombre hay algo de progresista y quiere políticos que le iluminen lo porvenir (y no sólo el presente).

IV

El hombre es, por esencia, un ser necesitado de acomodo entre lo nuestro. Como este acomodo no se lo puede garantizar el futuro, en todo hombre hay algo de conservador. Por eso quiere políticos que le muestren el valor de lo nuestro.

V

La verdad política sólo crece en los invernaderos de algunas facultades y en las secciones juveniles de los partidos políticos.

VI

La democracia no puede garantizar el triunfo de la verdad. Pero sí lo que está, políticamente hablando, justo por debajo de la verdad: consensos mayoritarios. Para eso votamos.

VII

“Las victorias –decía Lessing- son pruebas muy ambiguas a favor de la causa justa, o mejor, no lo son en absoluto”, tanto es así que “aquel que ha tenido la última palabra y quien hubiera debido tenerla sólo raramente son la misma persona.” De aquí no hay nada que deducir sobre una supuesta dignidad de las derrotas. En política, la derrota suele ser la antesala del olvido.

VIII

El uso tan efectivo de esquemas simplistas, como “políticas neoliberales” dice algo de quien los usa y mucho de quien los cree.

IX

Si bien es cierto que, si no te han tachado nunca de neoliberal o de fascista, has de dudar seriamente de tu libertad intelectual, con libertad intelectual solamente no se ganan elecciones.

X

Nadie honesto en política se siente siempre orgulloso de los suyos.

XI

Todo partido político es una causa imperfecta.

XII

La política -como decía Fraga- hace extraños compañeros de cama. Si se quiere ser puritano, hay que estar dispuesto a dormir al raso y sin compañía.

XIII

De los errores se aprende si se analizan en privado y se niegan en público.

XIV

La dispepsia es la enfermedad infantil del conservadurismo.

XV

El optimismo, en política, es el fundamento del optimismo. La espera del Mesías es el Mesías, decía Marcelino Domingo.

XVI

Cuando Louis Hubert Lyautey estaba en África, le pidió a su jardinero que plantara un árbol cuya copa le parecía especialmente majestuosa. El jardinero le informó que un árbol de ese tipo tardaba doscientos años en alcanzar su madurez. “En ese caso -ordenó Lyautey- no hay tiempo que perder. Plántalo hoy mismo.”

XVII

Decía Wellington que España era el único país donde dos y dos no son cuatro. La explicación de nuestra peculiar aritmética política nos la proporcionó Pemán: “En España, el número dos es un número de desintegración. No quiere decir uno más uno, sino uno contra uno.” No hay política más necesitada de poesía que la nuestra.

XVIII

Frente a la aspiración izquierdista al hombre nuevo, no tengamos reparos en aspirar al modelo burgués del hombre decente.

XIX

Quien no sepa aceptar -e incluso entender- las decepciones inherentes a la vida política, no tiene un pelo de conservador. Castelar hablaba, con mucho fundamento, de la “impureza nativa” de la realidad política. Por no entender esto tan elemental, entre nosotros hay muchos imitadores de aquel político, Francisco Javier Istúriz, que tras presidir durante seis meses el Consejo de Ministros, se encerró en su casa, en la calle de los Basilios, y no volvió a pisar la calle en nueve años.

XX

Todo gobernante llega al poder en nombre de una esperanza… y es desalojado del mismo en nombre de una desesperanza.

XXI

Se suele decir que los jóvenes se dejan guiar por esperanzas y los no tan jóvenes por experiencias. En política, todo el mundo quiere ser joven, tenga la edad que tenga.

XXII

Cuando, tras el ejercicio del gobierno, un político adquiere el prudente escepticismo que confiere la experiencia, los electores se apresuran a elegir a otro, con menos experiencia, menos prudente escepticismo y más credulidad.

XXIII

O estás con la realidad o estás expuesto a ella.

XXIV

Para Romanones estas eran las cuatro reglas de la política: “suma cuanto puedas, resta lo menos posible, multiplica con cuidado y divide al adversario.”

XXV

Sánchez nos ha enseñado que en política quien carece de ambición, no pasa de jefe de negociado.

XXVI

Nunca se resaltará bastante el narcisismo del votante. Lo que quiere el votante es ver en su papeleta de voto una imagen triunfadora de sí mismo.

XXVII

Como a todos nos gusta que ganen los nuestros, una parte del electorado tiende a identificarse con los que cree que van a ganar. A esto lo llaman “voto útil”.

XXVIII

En unas elecciones pierde el que cree inverosímil su victoria.

XXIX

No importa que el jefe no sea indiscutido… mientras sea indiscutible.

XXX

La democracia es más el gobierno de la opinión pública que del pueblo. De hecho, cuando se convoca al pueblo a las urnas, sólo acuden los votantes.

XXXI

Resulta que a los defensores de utopías silvestres sólo hay que dejarlos hablar.

XXXII

Oyendo el desacomplejado desparpajo con el que Sánchez remodela su memoria en cada coyuntura, no puedo dejar de pensar que podría ser un buen Sagasta si alguien se atreviera a hacer de Cánovas (aunque no tuviera una biblioteca con 30.000 volúmenes).

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