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Sara Montero Minguez

¿Pagarías el rescate?

No son héroes que fueron a salvar una patria o a combatir la guerra. No querían ser protagonistas de la noticia, ni pasar a la historia, sino simplemente contarla. El Estado Islámico va a contarnos «la verdad» a través de esa marioneta estudiada en la que han convertido al valiente británico John Cantlie.

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¿Pagarías el rescate?

No son héroes que fueron a salvar una patria o a combatir la guerra. No querían ser protagonistas de la noticia, ni pasar a la historia, sino simplemente contarla. El Estado Islámico va a contarnos «la verdad» a través de esa marioneta estudiada en la que han convertido al valiente británico John Cantlie.

Los asesinados por el Estado Islámico no eran héroes. O, al menos, no quisieron serlo. No eran hombres especiales, ni estaban preparados para la guerra, sino personas con un sentido de la responsabilidad muy alto sobre su trabajo y su deber con la sociedad. Y esa falta de épica en el relato es lo que acojona de verdad al espectador de esos vídeos. Esos periodistas occidentales se parecen demasiado a nosotros.

No son héroes que fueron a salvar una patria o a combatir la guerra. No querían ser protagonistas de la noticia, ni pasar a la historia, sino simplemente contarla. Ser mártires les convirtió en las muestras insignes de la crueldad más extrema, en un señuelo para los que querían difundir el miedo sobre toda la población. Y lo consiguieron. La cabeza de un solo hombre tiene el poderoso efecto de atemorizar a toda una civilización. Eso sí, primero hay que grabar el asesinato y difundirlo en Internet para que todos puedan verlo.

Ahora el Estado Islámico va a contarnos «la verdad» a través de esa marioneta estudiada en la que han convertido al valiente británico John Cantlie. En el nuevo vídeo afirma que los ciudadanos secuestrados son «abandonados» por países que no pagan rescates como Inglaterra o Estados Unidos.

En esa ola de solidaridad y empatía que arrasa al espectador del vídeo, es un golpe duro pensar que los países no estén pagando por salvar la vida de sus ciudadanos. Una dolorosa tesis recorre la mente tras reflexionar dos minutos: el cuchillo que degolla a los rehenes podría estar pagado con oro occidental. El pago de un secuestro financia el siguiente y de eso, precisamente se nutren algunas organizaciones terroristas. Al final el dinero sólo elige a quién salvar, pero no ataja el problema.

En todo el texto siempre hablo como espectadora. No puedo dar otra visión que no sea la de aquel que rastrea las noticias en su móvil y arruga bruscamente la expresión cuando ve desde el salón de su casa una decapitación. Sería injusto escribir poniéndome en la piel de un secuestrado. No creo que nadie que no haya estado en su situación pueda hacerlo sin perder cierta parcela de honestidad.

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