THE OBJECTIVE
Josu de Miguel

El mensaje del rey

«El protagonista del discurso navideño de este año no era Felipe VI, sino su padre, un rey emérito que observa desde su exilio cómo se despilfarra su gran legado político»

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El mensaje del rey

Casa Real

La primera vez que un jefe del Estado realizó un discurso en Nochebuena por la radio para las masas fue Jorge V. El mensaje fue retrasmitido en 1934 al Imperio Británico a través de la BBC. En España la tradición comenzó con un Franco que, ya durante la Guerra Civil, se comunicó con las tropas rebeldes el día de Nochevieja de 1937. En 1975, para diferenciarse con el dictador, Juan Carlos I pasó el mensaje televisado del fin de año a la Nochebuena: la intuición política es un grado. El “derecho de mensaje” es una especie de costumbre constitucional que en nuestro país ejerce el jefe del Estado en consonancia con el Gobierno, que da el visto bueno o enmienda su contenido en contacto permanente con la Casa Real.

El protagonista del discurso navideño de este año no era Felipe VI, sino su padre, un rey emérito que observa desde su exilio cómo se despilfarra su gran legado político. No hace falta entrar en detalles sobre los motivos. Don Felipe apenas ha dedicado un párrafo a la ejemplaridad y su compromiso con una serie de principios morales y éticos que, por supuesto, deben de estar por encima de consideraciones personales o familiares. A buen seguro, la opinión pública se dará por insatisfecha, pues somos una sociedad justiciera cuando se trata de valorar la corrupción ajena. El asunto de la salida del rey emérito de España durante el verano se hizo mal desde el comienzo, porque no se explicó que un exilio para un monarca es una dura sanción del jefe del Estado de acuerdo a las reglas de conducta dinásticas. 

Por lo demás, el mensaje de este año contenía lo que se esperaba del mismo. La Corona tiene que ser, en este y otros aspectos, una institución predecible. Los mensajes navideños del monarca buscan la proximidad con la ciudadanía. El horrible año que hemos sufrido los españoles con la pandemia y sus funestas consecuencias económicas y sociales han centrado gran parte del discurso. El rey ya no es una figura arcana, quizá tampoco campechana: ha de mostrar solidaridad con todos aquellos que han sufrido o han combatido el virus a partes iguales. En estos tristes momentos, no por reiteradas y conocidas, las apelaciones a la entereza, responsabilidad y serenidad son especialmente importantes para afrontar el futuro cercano con cierta esperanza colectiva

Se agradece, por último, que el jefe del Estado no haya abonado el campo de la floreciente neolengua política. Su contribución al mantenimiento del lenguaje del republicanismo es quizá más notable que la de su padre: el mensaje ha vuelto a apelar a la Constitución como norma esencial para la convivencia, al respeto de las leyes por parte de los poderes públicos y a la democracia como el único ideal de vida colectivo que puede garantizar la dignidad y los derechos fundamentales de los ciudadanos. En el asunto de la democracia constitucional tenemos un rey conservador. En una España donde tantas cuestiones políticas fundamentales siguen en discusión, no parece que sea poca cosecha.

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