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Ricardo Dudda

Despolitiza tú, que yo me río

«Tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el presidente del Gobierno piensan que solo tienen que responder a los suyos. El poder, piensan, no da explicaciones si no está obligado a darlas»

Opinión

Despolitiza tú, que yo me río
Juanjo Martin EFE

Solo unas semanas después de asumir de nuevo la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso quiere apropiarse de Telemadrid. Ha registrado una proposición de ley que busca destituir al actual presidente, al reducir los años de su mandato de seis a cuatro; que eliminará la posibilidad de que los colectivos profesionales nombren a los consejeros, que serán nombrados por políticos; y que creará la figura de un administrador provisional nombrado por la Asamblea con mayoría absoluta, es decir, por PP y VOX. Este administrador podrá gobernar sine die hasta que se elija un director general. Con esta medida, que recuerda a la que tomó Pedro Sánchez con RTVE (que tuvo una administradora provisional durante tres años), Ayuso quiere revertir la reforma de Telemadrid que hizo Cristina Cifuentes, que intentó despolitizar la cadena (sea o no como consecuencia de la ley de Cifuentes, Telemadrid ha aumentado su audiencia considerablemente en los últimos años).

En 2016, Ayuso pensaba completamente diferente. De hecho, ejerció durante las legislaturas IX y X (es decir, entre 2011 y 2019) como portavoz del PP en la Comisión de Telemadrid. En 2015, en el debate de aprobación de la ley, dijo que «por primera vez hay un medio de comunicación público en España que nadie va a controlar» y que «esta ley, que tanto quieren denostar, es el único camino que hay para despolitizar la tele».

Ayuso no ha sufrido una epifanía que le haya hecho cambiar de opinión. Tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el presidente del Gobierno piensan que solo tienen que responder a los suyos. El poder, piensan, no da explicaciones si no está obligado a darlas.

Esta semana, Ayuso nombró al exdiputado de Ciudadanos Toni Cantó como director de la Oficina del Español. Cuando se le acusó de crear un chiringuito, precisamente en un Gobierno que promete la austeridad y el adelgazamiento de lo público, se defendió como se defiende el poder arrogante cuando le piden explicaciones: «Veo a la izquierda de los 23 ministerios, de las embajadas independentistas, los precios de la luz históricos o el Falcon, escandalizarse por una oficina en fomento de la industria y el potencial económico y cultural del ESPAÑOL, en un gobierno que pasa de 13 a 9 consejerías». O en otras palabras: mi adversario hace lo mismo y no puedo estar en desventaja.

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