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María José Fuenteálamo

Eurocopas para todos

«La verdad es que vaya papeleta esto del fútbol de que para que unos equipos ganen, otros tengan que perder. Como la vida misma. Aunque en las aulas no tiene por qué ser así: no es excluyente que haya alumnos con buenas notas para que todo el mundo apruebe»

Opinión

Eurocopas para todos
Frank Augstein Reuters

Convendrán conmigo en que España merecía haber ganado la Eurocopa. Es más, debería haberla ganado. Eso no lo saben los italianos que se han alzado con la copa. Ni los dolidos británicos. Por no saber, no lo sabíamos siquiera los españoles. Pero así debería haber sido.

Un trofeo de ese nivel insufla optimismo al pueblo, alienta el consumo y por tanto reflota la economía y ayuda a cohesionar a la sociedad. Qué más podría necesitar nuestro país en estos momentos de pandemia y otros problemas. O en cualquier momento. Por eso, no es justo que España fuera descabalgada del torneo. Como propone la Ley Celaá, deberíamos dejar que todo el mundo pasara, porque no es correcto que nadie se quede atrás. Basta ya de contar los goles -por cierto, en penaltis, ya me dirán-. Hay que apostar por que todos los equipos avancen. Y ganen la final. Y la celebren. Y luego, la copa, las copas, recorran cada país. Menudo balón de oxígeno para esta Europa nuestra. No sé ustedes, pero yo solo le veo ventajas. Claro que habrá quien venga a decirnos qué cómo valorar el esfuerzo si no contabilizamos los goles, si van a pasar de fase todos los equipos. Habrá quien crea que si de antemano sabemos que llegaremos a la final los entrenamientos van a ser más flojos y el equipo no jugará al 100% los partidos. Bueno, siempre habrá algún jugador que destaque: por el juego, por sus compañeros, por la camiseta. No todo va a ser la recompensa del gol, el alcanzar el trofeo, ¿no? La verdad es que vaya papeleta esto del fútbol de que para que unos equipos ganen, otros tengan que perder. Como la vida misma. Aunque en las aulas no tiene por qué ser así: no es excluyente que haya alumnos con buenas notas para que todo el mundo apruebe. Nadie entra a un examen sabiendo que si el del al lado saca mejor nota no pasa. Que, fíjense, es justo lo que pasa en el fútbol y aun así, se llenan los estadios -cuando se puede-. Y es más, miren con que alegría nos hemos vuelto a casa este año los españoles. Con buen sabor de boca y pensado que la próxima vez las notas serán mejores a pesar del suspenso. ¿Podíamos haber ganado? Quién sabe. Pero la lección de la derrota, es que decía Borges, en nuestro caso, una lección dulce. Pero lección, al fin y al cabo, y la hemos aprendido.

No sabemos cuál es la que extrae la ya ex ministra de Educación tras su marcha a casa con la última renovación del Ejecutivo. ¿Su sensación será que el presidente Sánchez la ha suspendido? Isabel Celaá no pasa al siguiente curso de Legislatura. Algo que, según ha dicho, le hubiera gustado. Pero aquí no hay opción de revisar el examen o subir nota. Ni de repetir siquiera.  A todos nos reconforta aprobar, pasar de curso y ganar. Creemos que lo merecemos si hay esfuerzo. Pero la vida, a veces, como los penaltis, es más dura que las aulas.

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