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Aloma Rodríguez

La biblioteca insumergible de Félix Romeo

«Que la biblioteca sumergida de Félix Romeo en Lechago –que debería rescatarse en 2068– flotara solo pudo ser una señal que enviaba Félix Romeo, como si nos dijera que cuando estéis peor estéis como ahora, amiguitos»

Opinión

La biblioteca insumergible de Félix Romeo
Pascual Villaba EFE

La cita era en Lechago, un pueblo de 47 habitantes de Teruel, provincia donde nacieron el rey de la fantasía, Segundo de Chomón, y el rey del surrealismo, Luis Buñuel, según dijo Luis Alegre, maestro de ceremonias del acto. Era sábado, 21 de agosto, y sobre el puente del pantano de Lechago, cuyo acceso está prohibido a toda persona ajena a la obra, porque está inacabado, se reunían unas doscientas personas de diversa procedencia. Los más previsores, armados con paraguas para hacer de sombrilla porque la cita era a las cinco de la tarde. Un grupo de bomberos estaba a punto de pasar por debajo de ese puente en una lancha en la que también estarían el escultor José Azul y su ayudante. Hace unos meses, la asociación Amigos de Lechago, presidida por María Jesús Soriano, puso en marcha la iniciativa de hacer realidad la provocación que lanzó el escritor Félix Romeo hace unos treinta años, cuando en los noventa la construcción del pantano amenazó con anegar el pueblo en el que había nacido su padre: hacer una biblioteca sumergida. Amigos y admiradores de Romeo estaban invitados a enviar una muestra de su trabajo para esa biblioteca cuyo recipiente construiría José Azul para ser hundido en el pantano, haciendo realidad el chiste/sueño de Romeo. En octubre se cumplirán diez años de la muerte de Félix Romeo.

Aunque las instrucciones para llegar eran claras, me alivió encontrar a la comitiva, que reconocí por la biblioteca cargada en la parte de atrás de la camioneta, a la entrada de Lechago: solo teníamos que seguirlo. En un momento, los coches pararon para que Jonás Trueba, cineasta invitado a documentar el hundimiento, se cambiara de asiento en el coche. Ahí en el puente estábamos algunos amigos de Romeo, también familiares y gente del pueblo, volcado con el homenaje. Hablaron José Luis Melero e Irene Vallejo, y las autoridades competentes. Cantó dos temas Ángel Petisme. Y mientras tanto, el artefacto no se hundía: los bomberos ideaban métodos para añadir peso a la biblioteca. Me acerqué a Fernando Sanmartín y Lara López y les dije que quizá de haber escrito libros más largos y densos no estaríamos ahí pasando calor al sol de Teruel. Que la biblioteca sumergida de Félix Romeo en Lechago –que debería rescatarse en 2068– flotara solo pudo ser una señal que enviaba Félix Romeo, como si nos dijera que cuando estéis peor estéis como ahora, amiguitos. Por un momento, el ruido del generador pareció una de las sonoras carcajadas de Félix.

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