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Javier Santacruz

Educación financiera en España: nada que celebrar

«La falta de objetivos, criterio de decisión, plan financiero y medición de resultados coloca a España en la cola de la OCDE en bienestar financiero»

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Educación financiera en España: nada que celebrar

Ilustración de Alejandra Svriz.

Desde hace años, el primer lunes del mes de octubre se celebra en España el Día de la Educación Financiera. Inspirado por la OCDE con el objetivo de extender hábitos, conocimientos y competencias que ayuden a mejorar el bienestar de los ciudadanos, esta fiesta ha ido sufriendo una pérdida progresiva de sentido hasta el punto de que el día oficial de 2023 (2 de octubre) se puede hacer de todo menos celebrar la educación financiera.

No cabe duda de las buenas intenciones que tiene la inmensa mayoría de las instituciones que se suman al Día de la Educación Financiera. En muchos casos, con una escasez enorme de recursos económicos, surgen pequeños actores que más o menos intuyen por dónde van los tiros y contribuyen al común con acciones formativas basadas en problemas concretos (jubilación, protección, ahorro a largo plazo, finanzas personales…). Sin embargo, muy pocos han hecho el ejercicio de estudiar la hoja de ruta de la OCDE para descubrir hasta dónde hay que llegar y cómo debe hacerse y, lo que es peor aún, casi nadie lo ha hecho con una mirada estratégica.

En este sentido, el resultado es claro: por un lado, una mezcla entre frustración y melancolía, escuchando exactamente las mismas frases todos los años. Y, por otro lado, una patrimonialización de este día por parte de algunas instituciones públicas y privadas que creen sinceramente que hacen educación financiera cuando en realidad como mucho llegan a cierto nivel de alfabetización financiera. Dejémoslo en que se hace por buenismo y no pensemos que es incompetencia o, simplemente, mala fe. Pensemos que se ha hecho una lectura simple de lo que la OCDE marca con claridad meridiana y no supongamos que se ha hecho una lectura sesgada o, incluso, ni siquiera ha habido lectura.

En cualquier caso, para poder celebrar algo así como un Día de la Educación Financiera deberíamos hablar de dos conceptos que ni están ni se les espera en el lenguaje oficial: estrategia y resultados. Las finanzas no son más que una dimensión más del ser humano, el manejo de lo intertemporal, de qué objetivos vitales tiene una persona entre el presente y el futuro y cómo gestionar su día a día para poder conseguirlos. Para hacer algo así se necesita tener muy clara la lista de objetivos con un carácter evolutivo: las personas cambian, las familias cambian, el entorno cambia… Es un ejercicio adaptativo, realista y sincero. Pero siempre teniendo presente hacia dónde se quiere ir y cómo saber si se ha conseguido lo que se quiere o no y a qué coste.

«Sin evaluación de resultados no es posible saber si el proceso de educación financiera está yendo por el buen camino»

Una vez que está claro el marco básico, aparece la metodología para alcanzar estos objetivos. Y ahí es donde está la educación financiera. Por un lado, están los conceptos (consumo, ahorro, endeudamiento, inversión…) junto a las herramientas (créditos, fondos, planes de pensiones, cuentas corrientes, tarjetas…) y, por otro lado, está la estrategia (qué hacer, cómo reaccionar, qué razonamiento hay que aplicar, qué hoja de ruta hay que aplicar…) y la medición de resultados (seguimiento, valoración y revisión). Así sí se consigue llegar a lo que la OCDE identifica como Nivel III. Sin evaluación de resultados no es posible saber si el proceso de educación financiera está yendo por el buen camino o no, qué elementos hay que revisar o qué impacto está teniendo la hoja de ruta sobre el nivel de vida, decisiones vitales…

Éste es el orden correcto. Por ello, circunscribir el ejercicio de educación financiera a sólo una acción de alfabetización financiera no sólo es un error, sino que es una negligencia gravísima. Es enseñar a un chaval que acaba de cumplir los 18 años para que apruebe el examen teórico del carné de conducir y sin clases prácticas obligarle a que se presente al examen práctico. El desastre está asegurado. Y una mala experiencia conduce a la desconfianza, a una mala gestión del riesgo y a una frustración permanente, haciendo creer que el manejo de las finanzas personales no puede hacerse con independencia y desde lo más personal de cada uno.

Tenemos mucho que reflexionar y poco que celebrar tanto en el primer lunes de octubre como en el resto de los 364 días del año. La falta de definición de objetivos vitales, criterio de decisión, plan financiero y medición de resultados coloca a España en los primeros puestos de la cola de la OCDE en materia de bienestar financiero. Sólo nos aferramos a lo que nos da seguridad que es la vivienda y los depósitos (nada más y nada menos que el 85% del patrimonio familiar está en la primera, la segunda vivienda y en depósitos bancarios), sin importar el coste de oportunidad que tiene.

El día que una ley educativa y los actores del mercado se coloquen del lado del ciudadano, enseñándolo a comprender su ciclo de vida, definir sus objetivos vitales, establecer las estrategias adecuadas con las herramientas adecuadas y un sistema de seguimiento y medición de resultados, a un servidor y a otros muchos más nos encontrarán en ese camino. Mientras tanto, estaremos haciendo la guerra en solitario, como gran parte de las veces toca hacerlo en la vida.

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