The Objective
Manuel Valls

El momento churchilliano de Zelenski

«Europa tiene los rasgos cansados de un presidente vestido con ropa militar en Kiev. Zelenski encarna lo que debemos volver a ser: una sociedad que se defiende»

Opinión
El momento churchilliano de Zelenski

Ilustración de Alejandra Svriz

El 24 de febrero marca el quinto año de guerra de Ucrania contra la agresión rusa. Un conflicto que combina las trincheras de 1914-1918 con las tecnologías del siglo XXI. Las víctimas se cuentan por cientos de miles. Las tropas de Vladímir Putin han cometido crímenes de guerra. El frente apenas se mueve. En medio de esta prueba se encuentra un hombre: Volodímir Zelenski. El 24 de febrero de 2022, tenía dos opciones: huir o quedarse. Se quedó. A los estadounidenses que le ofrecían la exfiltración, respondió: «No necesito un taxi, necesito munición». Esa decisión fue su acto fundacional. En ese momento, el actor se convirtió en jefe de guerra y hombre de Estado.

No nos engañemos. Volodímir Zelenski no es un héroe inmaculado. Su ascenso político estuvo marcado por ambigüedades y promesas incumplidas. Pero las adversidades revelan el carácter de las personas. Las sobrepasan o las elevan. En su caso, provocaron una metamorfosis.

El cuestionado presidente se ha convertido en el símbolo de una nación en armas. Su rostro se ha endurecido. Su palabra se ha afianzado. Ya no hay distancia entre lo que dice y lo que encarna.

Sigue hablando cada día a su pueblo, en una sociedad hiperconectada en la que el Estado, el ejército y la sociedad cooperan incluso en el ciberespacio. Ucrania moviliza a sus ingenieros, sus empresas y sus start-ups. Innova en la guerra de drones, que produce por millones. No es solo un ejército el que resiste; es una sociedad, ciertamente agotada por la guerra y las privaciones, la que aguanta. Zelenski resiste a Moscú, contrariamente a las predicciones de Donald Trump y de algunos en Francia que siguen fascinados por la brutalidad imperial. Rechaza una paz humillante. Ante las presiones de Washington, no ha cedido. Ha recordado que la seguridad no se negocia como un contrato comercial. En esta actitud hay algo profundamente churchilliano. En 1940, el primer ministro británico Winston Churchill rechazó la política de apaciguamiento. Eligió una guerra larga antes que una paz deshonrosa. Dijo la verdad a su pueblo. Asumió lo trágico de la Historia.

No ceder al chantaje

Hoy, la mentalidad de Zelenski es la misma: no ceder al chantaje, no confundir prudencia con renuncia, preferir siempre la dignidad. Ahí es donde Europa se pone a prueba. Hemos dudado, a veces hemos dado bandazos. Pero en 2025 también compensamos en parte la retirada financiera estadounidense. Hoy en día, ya no tenemos otra opción. El regreso de Trump a la Casa Blanca ha supuesto un vuelco estratégico. Se asume la doctrina del «burden-shifting» («transferencia de la carga»): los europeos deben pagar y defenderse por sí mismos. En Davos, las dudas sobre la solidez del compromiso estadounidense se hicieron patentes. La perspectiva de una paz negociada entre Washington y Moscú que no solo ratificaría las ganancias territoriales rusas en Donbás y Crimea, sino que también obligaría a Kiev a una retirada estratégica suicida, no solo supondría la derrota de Ucrania. Sería también la derrota de Europa. Porque el resultado de esta guerra determinará nuestro destino en el siglo XXI: nuestra credibilidad estratégica, la supervivencia de nuestro modelo democrático.

Una sociedad que se defiende

Algunos proponen volver a hablar con Putin. ¿Por qué no? Bien que lo hace Trump. Pero, ¿qué decirle? Tiene que ser algo útil, sin dejarse manipular por alguien que miente constantemente. Habrá que decirle, y esto no es negociable, que el destino de Ucrania es convertirse muy pronto en miembro de la UE. Esta perspectiva asusta a Moscú, porque los rusos verán que su vecino ucraniano se consolida como un país democrático y próspero. Y también habrá que recordarle que Rusia y Europa deben convivir y reconstruir un orden común de seguridad.

Pero, ante todo, frente a un Putin que solo entiende esto, hay que restablecer el equilibrio de fuerzas. El rearme, la cooperación industrial, la soberanía energética y la defensa integrada son necesidades imperiosas. Ese es el reto. Decir a los europeos y a los franceses que la libertad tiene un coste. Asumir los sacrificios. Devolver el sentido al proyecto europeo. Porque el rostro de la Europa actual tiene los rasgos cansados de un presidente vestido con ropa militar en Kiev. Zelenski encarna lo que debemos volver a ser: una sociedad que se defiende. En 1940, el destino del continente se decidió en Londres. Desde 2022, se decide en Kiev. Si Ucrania cede, Europa desaparece. Si resiste, nuestra libertad resiste con ella.

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