Francisco Marhuenda

El deber de no decir nada

El deber de no decir nada

Ya aconsejó Wittgenstein que “cuando no se puede hablar, mucho mejor es callarse”. Antes, en el siglo XVIII, el abate Dinouart escribió que “sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio”. Ocurre que las redes sociales y el modelo de negocio de la prensa digital pendiente del click y la publicidad hacen esto difícil a los ciudadanos, y directamente imposible a los editores de prensa y los analistas. Pero, aun entendiendo las razones, el comportamiento de los medios durante la moción de censura y la conformación del nuevo Gobierno ha dejado síntomas preocupantes sobre papel ambivalente que el periodismo juega en nuestras democracias en plena revolución digital.

Hay un amigo en mí

Hay un amigo en mí

De aquel concepto de amistad que pregonaban Montaigne y La Boétie poco parece quedar a día de hoy. En España hemos exportado unos cuantos conceptos: liberalismo, guerrilla y el manido amigo. Un vocablo, este último, menos concerniente a la verdadera amistad que a la francachela endogámica y falaz. A un sudoroso abrazo con el cuñao fin de farra en la madrugá.

Las mentiras de la razón

Las mentiras de la razón

A nadie puede sorprenderle excesivamente que Marhuenda haya inventado noticias para beneficiar a un amigo implicado en un caso de corrupción. El director de La Razón ha sido imputado junto al presidente del periódico por intentar limpiar la imagen de Edmundo Rodríguez, consejero delegado de la empresa editora de La Razón. Rodríguez está implicado en la Operación Lezo de corrupción en el Canal de Isabel II. Marhuenda presionó al gobierno de Cifuentes e incluso elaboró noticias falsas para que la presidenta de la Comunidad de Madrid no tirara de la manta en el caso.

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