Izquierda

¿Una derecha que quiere ser izquierda? El caso José Manuel Soto

¿Una derecha que quiere ser izquierda? El caso José Manuel Soto

Elegido embajador de Tabarnia en su ciudad natal, José Manuel Soto declara en un medio digital sevillano que se siente “un poquito como los cantautores que hacían canción protesta en los años sesenta”. Obviamos la diferencia primera, que es ética y política: en aquellos años hubo dictadura autoritaria donde hoy hay democracia liberal. Obviamos la diferencia segunda, que es estética: el interés que sugieren las canciones de unos comparado con las canciones del otro: donde antes escuchábamos reivindicaciones hoy tan sólo oímos folclore. Y que no podemos equiparar la censura franquista con el aburrimiento de tuiteros desahogados, que es lo que muchas veces pretende nuestro cantante embajador: posicionarse como alguien que sufre por decir sus verdades. Todo, apuntamos, por comentarios con faltas de ortografía en una red social.

¿Quién dijo negro?

¿Quién dijo negro?

Hay por aquí muchos y buenos chistes escondidos y no seré yo quien los encuentre, pero al ponerse serio y al insistir sobre el origen africano de los jugadores franceses y/o de sus familias, Noah no consiguió más que demostrar hasta qué punto tiene la izquierda enormes dificultades para reivindicar la diversidad sin caer en el esencialismo.

No todo vale

No todo vale

El psiquiatra Juanjo Jambrina no solo es uno de mis escasos amigos imprescindibles (“els amics es poden comptar amb els dits d’una mà”, reza una de esas máximas catalanas de baldosa que siempre me recuerda mi padre) sino que también escribe con garra y hace todo lo posible por ser un profesional incontestable. Entre sus logros se encuentra la iniciativa del documental Desconectados (de Manuel Gómez Pereira), que cuenta la experiencia de un modelo de abordaje psiquiátrico fuera de sórdidos manicomios. Un modelo de éxito que Juanjo, siguiendo la estela de sus maestros, ha establecido en Avilés, villa muy recomendable para comer, beber y reír en buena compañía de batas blancas.

Viva la clase media

Viva la clase media

En Grandes esperanzas, Dickens retrata el personaje de John Wemmick, un empleado del abogado Jaggers que aconseja y cuida -a su manera- al protagonista Pip. Se ha señalado con justicia que Wemmick es el personaje más moderno de la novela, y que su vida escindida entre la frialdad con que se mueve en el entorno profesional y la calidez doméstica de su “castillo” en Walworth, al sur del Támesis, es quizás el primer gran ejemplo en la literatura europea de esa existencia demediada de la pequeña burguesía. El castillo no es (sólo) metafórico: es una casa con almenas, puente levadizo y foso que Wemmick comparte con su padre anciano, y que simboliza tanto el refugio frente a la banalidad del mundo exterior del trabajo y los negocios, como la consabida aspiración burguesa a ser algo más que un producto aventajado de ese mundo.

Karl Marx me cae mal

Karl Marx me cae mal

El número de este mes de Letras Libres, la excelente revista cultural que en España dirige Daniel Gascón, viene dedicado a la vida y el legado de Karl Marx, de quien se celebra el segundo centenario de su nacimiento. He comprado la revista, pero he puesto cuidado en no leerla, sobre todo porque no quiero que la lectura de especialistas que saben más que yo me chafen –al menos por ahora– la opinión que hace tiempo me hice del personaje: Karl Marx me cae mal.

El gran comodín

El gran comodín

Ya se trate de una mesa redonda, una conversación de sobremesa o un trayecto en taxi, la fórmula es infalible: para no pelearse y terminar con una dosis reconfortante de indignación, basta con apelar a la educación y su reforma, solución a todos los problemas conocidos y por conocerse.

Romanticismo ciudadano

Romanticismo ciudadano

Hace años que oímos hablar de la muerte del eje izquierda-derecha como marco interpretativo de las posiciones ideológicas y políticas. Si no de su muerte, al menos sí de su pérdida de peso relativo frente a nuevos clivajes, especialmente el que enfrenta a los supuestos partidarios de un mundo abierto y cosmopolita frente a los también supuestos nostálgicos de un mundo cerrado y proteccionista.

Ada y la izquierda bienqueda

Ada y la izquierda bienqueda

El abrazo de cierta izquierda de pensamiento flácido y unívoco a la corrección política y todos sus ismos segregados ha traído consigo la actitud frívola y acomodaticia del bienquedismo. Entendamos por bienquedismo una derivación del populismo consistente en defender cualquier causa que despierte simpatías mayoritarias, adhesiones inquebrantables y sobre todo que proporcione réditos inmediatos.

La izquierda de las naciones

La izquierda de las naciones

El PSOE de Pedro Sánchez compró el relato de Podemos e Izquierda Unida de que el partido no es suficientemente de izquierdas, en lugar de controlar el discurso y determinar qué es ser de izquierdas en el siglo XXI. Ser de izquierdas en el siglo XXI casa difícilmente con una declaración del país como plurinacional. España es multicultural y diversa. Tiene diferentes lenguas. Un Estado moderno debería respetar las diferencias y fomentar su reconocimiento sin mencionar naciones históricas ni atavismos.

Contra la derecha identitaria

Contra la derecha identitaria

Hay un tipo de crítico derechista de la izquierda identitaria que no parece darse cuenta de que utiliza los mismos argumentos que critica: el esencialismo, el desprecio al individuo, el iliberalismo. Cada vez que se produce un atentado islamista, se vuelve un identitario y pide a todo musulmán que condene el ataque, como si cada acción de un musulmán representara a todos los musulmanes del mundo. Son maestros de la sospecha como los relativistas que critican en la izquierda posmoderna: el musulmán es sospechoso por asociación, esto es, por compartir la religión con una minoría radical que se la ha apropiado y la ha pervertido para justificar sus crímenes. Esta derecha se proclama liberal pero es identitaria y nativista. En ocasiones, llega incluso a considerar que la Ilustración y el modelo de vida occidental están en peligro, y habla del declive de Occidente como un reaccionario obsesionado con el apocalipsis.

Renacido y moldeado al vacío

Renacido y moldeado al vacío

Pedro es los sueños de los militantes que por fin tocaron pelo. Es el sueño de una poetisa desencantada de Podemos que se huele el tufillo a Stalin. Pedro pudo ser camisa blanca, pero lleva una chaqueta viajera, como el baúl de la Piquer: con los olores de cada nación de su “nación de naciones” impregnado en el sobaquillo macho. El jueves, los suyos, Lastra y esos podemitas sin cocer que le hacen las inmaculadas fontanerías, revelaron lo que van a presentar al 39 Congreso Federal: una torrija constitucional como un demonio.

La nada nadea

La nada nadea

Lo que les gusta olvidar a los analistas de la catástrofe es que la alternativa a Pedro Sánchez eran Susana Díaz o Patxi López. Y ese no es un problema de la socialdemocracia, sino del Partido Socialista Obrero Español.

Socialdemocracia: la izquierda optimista

Socialdemocracia: la izquierda optimista

Las primarias socialistas han resuelto un problema cardinal del PSOE: el liderazgo. Desde la incomprensible decisión de Rubalcaba de presentarse al congreso de Sevilla en 2012, todo ha sido transitorio e inestable. Y lo era en la medida en que Susana Díaz no competía. El líder del PSOE sería ella o alguien que compitiera contra ella. Es de agradecer que esta incógnita pospuesta se haya definido. Los resultados son tan contundentes dadas las expectativas contrarias, que Sánchez es ya hoy el líder indiscutido que nunca le dejaron ser. Desde ese año del congreso de Sevilla, el debate sólo ha girado formalmente hacia fuera, porque todo se jugaba dentro. En este escenario, no sorprende la victoria de Sánchez, que es justamente percibido como alguien que hizo lo que pudo con su partido en contra desde el primer día y evitó el sorpasso en un momento extraordinariamente complicado.

Francia: una elección y 5 candidatos

Francia: una elección y 5 candidatos

Abril de 2017 se encuentra con una Francia convulsionada por el terrorismo, que ha decidido instalar abiertamente sus amenazas desde enero del 2015 con el ataque al semanario Charlie Hebdo, y con las elecciones presidenciales en ciernes, el panorama es un tanto incierto para la mayoría de los franceses, sobre todo cuando los candidatos son catalogados de extremistas o tibios, unos enfrentan investigaciones por posibles casos de desvío de fondos y otros desean crear alianzas con la revolución bolivariana en América Latina.

Congreso placebo

Congreso placebo

Desde que ya no quedan cronistas de boxeo a la manera de Alcántara los púgiles se abrazan y todos los golpes son bajos. Vistalegre II pretendía ser eso, el combate del siglo y ha resultado un recordatorio de lo mismo: de que si a Iglesias le llevan la contraria se enfada y de que Errejón aún estaba por madurar. Y es que la madurez te entra toda de golpe una tarde cualquiera. Mientras, Iglesias le daba palmaditas en la espalda no se le atragantase. 

Después

Después

No cabe duda de que Podemos es una rama del entertainment. Su presencia en los medios de comunicación y las redes sociales ha sido constante, en una suerte de metarrelato en marcha dedicado a comentar en tiempo real la vida política de la formación. Sucede que los acontecimientos ligados a esta última han escaseado de forma alarmante desde que el partido quedó fuera de juego en las elecciones de diciembre: al fallido sorpasso se ha sumado un entendimiento entre los partidos setentayochistas ante el que Podemos no ha sabido oponer una respuesta coherente. De ahí que los últimos meses hayan estado dedicados a la política más vieja del mundo, o sea, a una lucha por el poder presentada como pulso programático entre el reformismo errejonista y el radicalismo pablista. La victoria del segundo confiere al primero el melancólico brillo de las posibilidades no realizadas: otro paraíso perdido para la historia política.

¡Qué desgrecia!

¡Qué desgrecia!

Aunque no estén de acuerdo en el fondo de las políticas, tienen un consenso básico: ambos son dueños de posiciones irreductibles, innegociables, y eso los unifica mucho más que la concreción de la política

Mensaje entendido

Mensaje entendido

François Hollande ha dicho solemnemente a los franceses: “he entendido vuestro mensaje”. Y lo ha dicho, obviamente, después de un serio revés electoral. Me ha recordado Hollande al Felipe González de 1993.

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