
El éxodo urbano ante el coronavirus, despojado de todo cliché romanticón
Suena bucólico eso de huir de ‘todo esto’, pero en el exilio rural está el trigo y está la paja. Hablamos con quienes, por su experiencia, pueden ayudar a discernir entre ambos

Suena bucólico eso de huir de ‘todo esto’, pero en el exilio rural está el trigo y está la paja. Hablamos con quienes, por su experiencia, pueden ayudar a discernir entre ambos

«El pueblo es eso que funciona de la vida, por eso se ha ido quedando arrinconado en nuestro mundo, pero siempre se vuelve a él»

«El españolito podrá vivir con el agua al cuello, podrá vivir con sueldos de miseria y tolerará alquileres desbocados, podrá quedarse sin trabajo, pero nadie le quitará su caña diaria»

El anuncio de las dos muertes llega después de que diez pueblos del norte de Italia, con unas 50.000 personas, hayan sido aislados

Al tocar estas fechas siempre me preocupan más los vivos que los muertos. Los vivos que le quedan a los pueblos, concretamente. Unos vivos, cada vez con menos vida, que suspiran como si compusieran unas Rimas apócrifas haciéndole la competencia a Bécquer: ¡Dios mío, qué solos / se quedan los vivos!

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

La Escuela de Organización Industrial (EOI) organizó esta semana un acto en el pueblo palentino de Herrera de Pisuerga para dar una llamada de atención sobre un problema vital en España, aunque parezca que las únicas complicaciones de nuestro país sean las que crean los independentistas. Hablo de la despoblación que sufren tantas comunidades, empezando por Castilla y León.

Terminamos por comprender que en unos años viviríamos en un mundo con fronteras más difusas y un flujo de información en todas direcciones que sería extraordinario para nuestra evolución. Y algo de razón hay ahí algo.

Para llegar a la convicción de que este mundo está loco, no hace falta husmear mucho en las noticias que nos llegan de todas las partes del mundo. Aunque nosotros, los españoles, en eso de las rarezas no quedamos lejos.