Economía y capital

Yanis Varoufakis: «Seamos claros: España tiene que crecer»

El exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis publica nuevo libro. Hablamos con él sobre cómo afrontar la crisis de la COVID-19 en la UE

por Néstor Villamor

Político, economista, profesor, ensayista de éxito, exministro de Finanzas más canalla de la Unión Europea y también novelista. Yanis Varoufakis se convirtió durante la crisis financiera de 2008 en el rostro de la lucha contra la austeridad y en la rockstar del Eurogrupo al poner negro sobre blanco las deficiencias estructurales del bloque. Tras abandonar el Gobierno griego de Alexis Tsipras, formó la plataforma paneuropea de izquierdas DiEM25, cuyo brazo heleno, MeRA25, ocupa nueve de los 300 escaños del Parlamento de Grecia.

Ahora, Yanis Varoufakis acaba de publicar en español su último libro, Otra realidad: ¿Cómo sería un mundo justo y una sociedad igualitaria? (Deusto), en el que describe un presente paralelo donde los empleados no tienen jefes, los impuestos son casi inexistentes y el movimiento Occupy Wall Street tuvo éxito. Aprovechamos la ocasión para hablar con él sobre economía, independentismo y cómo hacer frente a una crisis que, de nuevo, amenaza la cohesión de la UE.

El libro es casi una ficción utópica. ¿Vivimos en un mundo distópico?

Eso lo tienes que decidir tú. Tú y tus lectores. Desde luego, hay un elemento distópico. Nunca antes ha habido tanto dinero en el mundo y, aun así, tan desigualmente distribuido. Nunca antes nos hemos encontrado, como humanidad, tan cerca de la extinción, dado el efecto que estamos teniendo en nuestro medioambiente. Y nunca antes han sido las capacidades de la humanidad tan grandiosas comparadas con nuestro uso de esas capacidades para el interés común. Estamos en proceso de llegar a un nuevo modo de producción. Desde 2008, ni siquiera tenemos capitalismo: vivimos en lo que yo llamo «tecnofeudalismo», una versión high-tech de feudalismo, y la próxima generación se enfrenta a una auténtica crisis existencial.

Yanis Varoufakis: «Seamos claros: España tiene que crecer»

Portada de ‘Otra realidad’, de Yanis Varoufakis. | Foto: Deusto

¿Es mejor la respuesta de la Unión Europea en esta crisis que en la de 2008?

No, no, no. Es igual de mala. Han mejorado mucho en lo referente a la propaganda después de 2008 y, en especial, de 2010. En 2010, el pésimo manejo de esa crisis era visible para todo el mundo. Ahora es igual de terrible, pero han sido capaces de convencer a la mayoría de los europeos de que la Unión Europea está haciendo no todo lo que debería, pero sí mucho de lo que debería hacer. En realidad, la respuesta es patética. Se puede ver en lo referente a la sanidad, a las vacunaciones. Es un fiasco. Pero, además, económicamente, el fracaso a la hora de hacer algo con respecto al aumento de deuda pública, especialmente en los países que menos pueden sostenerla, y el intento de fingir que han hecho lo que hace falta mediante un fondo de recuperación, que es macroeconómicamente insignificante, que está diseñado de forma extremadamente pobre, que le va a dar más poder a la oligarquía, que va a fragmentar la Unión Europea y, al final, echar a perder una oportunidad fantástica de consolidar la Unión Europea… va a tener efectos perjudiciales a lo largo de la próxima década que aún no hemos visto.

¿Qué efectos?

¿Quién sabe? En resumen, va a ser una mayor fragmentación de la Unión Europea. La Unión Europea y, en particular, la Eurozona siempre ha estado diseñada para aumentar y profundizar los desequilibrios, las desigualdades, y la combinación de la pandemia y la respuesta a la pandemia está haciendo más grandes esos desequilibrios.

¿Cómo se debería haber manejado esta crisis?

Para empezar, era una oportunidad fantástica de crear una unión política apropiada, de decir: «Vale, tíos, ya está. Hemos estado haciendo el tonto 10 años, fingiendo que las bancarrotas eran carencias de liquidez y lidiando con ellas mediante más préstamos. Esto no funciona. Tenemos que aunar esfuerzos y aceptar que, cuando creas una moneda común, tienes que tener una democracia común». Y creo que la gente estaba preparada para que se le dijera: «Vale, o disolvemos la Unión o hacemos una Unión apropiada». Y el primer paso sería crear un presupuesto federal común. Con eurobonos, pero también con impuestos comunes y, en particular, estabilizadores automáticos por toda la Unión Europea.

Habría sido una oportunidad fantástica y DiEM25, nuestro movimiento, propuso en marzo de 2020 tres pasos iniciales que se podían dar de forma inmediata antes de federarnos. El primero es un eurobono de un billón de euros emitido por el Banco Central Europeo, creado para europeizar automáticamente la deuda incrementada de todos los países. Sea cual sea la deuda adicional que emerja como consecuencia de la COVID-19, debería convertirse en parte de la deuda de la Unión Europea mediante un bono emitido por el Banco Central Europeo porque es la única institución seria que tenemos. Lo segundo que propusimos es un green new deal serio y masivo, lo que Joe Biden propone ahora para Estados Unidos, que se pudiera llevar a cabo con instituciones existentes. Al Banco Europeo de Inversiones se le daría luz verde para emitir bonos de hasta el 5% del PIB cada año —500.000, 600.000 de millones cada año—, que se destinarían a una unión de energía verde. Y lo tercero es el ingreso básico universal; darle a cada europeo 2.000 euros. Serían 750.000 millones, nada en comparación con lo que están imprimiendo para dárselo a los bancos, a las grandes empresas. Podríamos haberlo hecho, pero, por supuesto, no había voluntad política.

Mencionaba la necesidad de una «democracia común». ¿Cómo pueden hacerse más democráticas las instituciones de la UE?

No pueden, sencillamente. Es imposible. Se diseñaron para no ser democráticas. La Comisión Europea fue diseñada para ser una zona libre de democracia. Es como el equipo gestor de un cártel. Si ves la Organización de Países Exportadores de Petróleo, tienen una burocracia y esa burocracia nunca puede democratizarse. Con la Comisión de la UE es similar. Tenemos a Ursula von der Leyen, que debería haber sido destituida: es un fracaso total y absoluto. Si fuera la directora ejecutiva de cualquier empresa o la primera ministra de cualquier país, se habría tenido que ir. Pero en la Unión Europea no puedes echarlos porque no existe la rendición de cuentas. Y no hay proceso para echarlos. La única manera de democratizar Europa es mediante nuevas instituciones federales en las que votemos a la gente que nos gobierna.

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Yanis Varoufakis critica que Ursula von der Leyen «es un fracaso total y absoluto». | Foto: John Thys | Pool via Reuters

Entonces, ¿no hay esperanza para la UE tal como es hoy?

La hay, pero mientras se trascienda a sí misma. Y no se puede reformar haciendo un poquito aquí y allá. Tenemos que sustituir la Comisión Europea y el Consejo Europeo por un Gobierno federal. ¡Tiene todo el sentido del mundo! Al gobierno de Europa tenemos que elegirlo y tiene que haber un Parlamento al que le rinda cuentas. Ahora mismo la Comisión no le rinde cuentas al Parlamento Europeo en absoluto. De hecho, la Comisión tiene más autoridad que el Parlamento. El Parlamento Europeo no puede siquiera iniciar legislación, ¡por el amor de Dios! ¿Qué parlamento en la historia del mundo conoces que no pueda iniciar legislación? La inicia la Comisión Europea y no está elegida. Así que fue diseñada para ser antidemocrática. No es un fracaso: es un rasgo del diseño de las instituciones actuales de la UE.

¿Cómo ve, en retrospectiva, su salida del Gobierno de Grecia en 2015?

Inevitable. Inevitable porque yo me uní a ese Gobierno y a Alexis Tsipras para que nos mantuviéramos firmes, para no aceptar otra tarjeta de crédito en virtud de la cual fingiéramos que no estábamos en bancarrota. Así que, en el momento en el que Alexis Tsipras, mi primer ministro en aquel momento, decidió que iba a aceptar la tarjeta de crédito, no había alternativa: o me quedaba y era parte del problema o me iba.

Yanis Varoufakis: «La Unión Europea fue diseñada para ser antidemocrática»

¿Cómo es ahora su relación con Tsipras y Syriza?

Inexistente. Porque no era una relación personal: era una relación política. Teníamos un proyecto común. En el momento en el que abandonaron el proyecto común, se acabó la relación.

En España el que ha dimitido hace poco es Pablo Iglesias, como vicepresidente. Lo ha hecho para «frenar a la derecha» en las elecciones de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo valora su decisión?

Tiene todo mi apoyo en la lucha contra Vox. Creo que la decisión errónea fue entrar en el Gobierno. Y cometió un error enorme cuando Tsipras se rindió ante la troika y él salió a defenderlo diciendo: «No fue tan malo el acuerdo que consiguió Tsipras para Grecia». ¡Era un acuerdo terrible! No era un acuerdo: era un documento de rendición. ¿Por qué importa esto para España? Porque, cuando Pablo Iglesias apoyó a Tsipras, Rajoy, que era presidente en aquel momento, salió con el acuerdo delante de una cámara y dijo: «Esto es lo que tenéis si votáis a Podemos». Para mí, ese fue el fin de Podemos. Después, se estancaron y empezaron a caer. Su decisión de no tener una política europea fue catastrófica porque, una vez llegas al 20% de los votos, para pasar al 40% y gobernar tienes que ser capaz de responder a la preguntas que te planteará el votante moderado: «Si te elegimos y vas al Eurogrupo, ¿qué vas a hacer?, ¿qué vas a proponer en lugar de la austeridad?, ¿qué vas a proponer que haga el Banco Central Europeo?, ¿qué clase de green new deal vas a buscar?». Si no respondes, no pasas del 20%. La combinación del apoyo a la rendición de Syriza y la falta de una estrategia europea significó que, como mucho, Podemos sería un compañero júnior del Partido Socialista que simplemente se encargara de la economía española en nombre del Eurogrupo, de la troika. Y un partido insurgente como Podemos, que se creó para oponerse a esa línea, a partir de ese momento perdió su razón de ser.

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Pablo Iglesias tiene «todo el apoyo» de Yanis Varoufakis en su «lucha contra Vox». | Foto: Juan Medina | Reuters

Siguiendo en España, menciona brevemente Cataluña en su libro. ¿Qué lectura hace del procés?

Estoy avergonzado de que haya presos políticos en Europa y de que haya un país europeo moderno con un cargo de ¿sedición? ¡Dios mío! ¿En 2021? No existe tal cosa en una democracia. Yo puedo creer lo que quiera. Yo puedo proponer convertir Grecia en una monarquía —si me vuelvo completamente loco—. Sería un idiota, pero ¿que me encarcelen? Cuando tienes a Vox por ahí libremente, ¿tener presos políticos porque quieren que Cataluña sea independiente? ¡Es una locura! Y que la Unión Europea levante los brazos y diga: «Ah, esto no es problema nuestro, esto es un asunto español» es como decirle a Orbán en Hungría o a los fascistas en Polonia que pueden hacer lo que quieran, que los derechos políticos no son un asunto europeo. Así que seamos claros: España tiene que crecer. Y la noción de presos políticos no es consistente con un país democrático europeo.

En cuanto a la independencia de Cataluña, no tengo opinión. Creo que los catalanes tienen derecho a decidir por sí mismos. Creo que el movimiento independentista catalán ha hecho lo suficiente para justificar un referéndum vinculante. Mira Escocia: un movimiento independentista forzó un referéndum. Si Londres hubiera enviado a las tropas —¡a las tropas, al Ejército!, que es lo que hizo Madrid— y hubiese encarcelado a miembros del Scottish National Party y a miembros escoceses del Parlamento, imagínate la situación en Gran Bretaña hoy.

Yanis Varoufakis: «El independentismo catalán ha hecho lo suficiente para justificar un referéndum vinculante»

Es muy crítico con las grandes empresas tecnológicas. ¿Qué peligro suponen para la democracia?

La democracia no significa nada a menos que tengamos lo que los griegos antiguos llamaban «isegoría», que es la oportunidad de que todas las opiniones se oigan y se juzguen en función de su mérito. Cuando tienes una sociedad compleja, la forma en la que circula la opinión supone la diferencia entre una tiranía y una democracia. Los medios de comunicación siempre han sido oligárquicos, pero ahora, cuando la mayoría de la población se comunica por Facebook, por ejemplo, el hecho de que un hombre, el señor Zuckerberg, pueda decidir qué voz se escucha y cuál no con algoritmos secretos que propagan ciertas posiciones y otras no, cuando puedes literalmente comprar influencia, es la definición del fin de la democracia.

En este vídeo puedes ver la entrevista con Yanis Varoufakis completa.

Néstor Villamor

Gallego de nacimiento y madrileño de alquiler. Aprendí este apasionante oficio en La Voz de Galicia, Icon, BuenaVida, El País… Ahora sigo creciendo en The Objective.