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Bertrand Russell, filósofo, ya desveló el secreto de la felicidad a sus 57 años: «Que tus intereses sean amplios y que sepas aburrirte»

Más de un siglo después, sus ideas siguen explicando por qué buscamos la felicidad donde casi nunca está

Bertrand Russell, filósofo, ya desveló el secreto de la felicidad a sus 57 años: «Que tus intereses sean amplios y que sepas aburrirte»

La sabiduría sobre la felicidad de Bertrand Russell sigue vigente | CC

En una época repleta de libros de autoayuda que prometen la felicidad duradera y cambios instantáneos, la voz de Bertrand Russell (1872-1970) —Premio Nobel de Literatura y uno de los matemáticos más brillantes del siglo XX— resulta sorprendentemente moderna. Y no porque ofrezca trucos, sino justo por lo contrario, porque no promete milagros.

Mientras muchos filósofos antiguos situaban la felicidad en una virtud casi espiritual o inaccesible, Russell escribió en 1930, a la edad de 57 años, La conquista de la felicidad (The Conquest of Happiness) con un objetivo práctico y cotidiano: entender por qué nos sentimos infelices y qué podemos hacer al respecto. Su idea central es tan simple que casi incomoda, ya que apunta que la felicidad no es un golpe de suerte, sino una habilidad que se ejercita.

A partir de ahí articula todo su pensamiento en torno a varios problemas muy reconocibles —la envidia, el aburrimiento o la falta de entusiasmo—, y los aborda con una mirada única, también plasmada en ensayos como What I Believe (1925).

1. Bertrand Russell lo dijo bien claro: la felicidad no llega sola

Russell empieza desmontando el mito arraigado de creer que lo normal es ser feliz y que la infelicidad es un fallo puntual. Para él ocurre justo lo contrario. En la vida moderna, llena de presión social, expectativas y comparaciones, la felicidad requiere iniciativa.

«La felicidad no es, excepto en casos muy raros, algo que caiga en la boca como una fruta madura por el mero juego de circunstancias afortunadas. Por eso he llamado a este libro La conquista de la felicidad. Porque en un mundo tan lleno de desgracias evitables e inevitables […], la felicidad debe ser un logro más que un regalo de los dioses», escribió.

Cuanto más analizamos obsesivamente nuestros defectos, errores o inseguridades, más sufrimos. El primer paso es desplazar la atención hacia fuera

El gran enemigo, según Russell, es el ensimismamiento, esto es, vivir atrapado en la propia cabeza. Cuanto más analizamos obsesivamente nuestros defectos, errores o inseguridades, más sufrimos. El primer paso, por tanto, no es mejorar la autoestima, sino desplazar la atención hacia fuera.

2. Sustituir la envidia por la admiración

Mucho antes de las redes sociales, Russell ya había identificado la comparación constante como una fuente principal de sufrimiento. La envidia no solo duele por lo que nos falta: nos roba la capacidad de disfrutar lo que tenemos.

«De todas las características de la naturaleza humana ordinaria, la envidia es la más desdichada; el envidioso no sólo desea provocar desgracias y lo hace siempre que puede impunemente, sino que, además, la envidia le hace desgraciado a él. En lugar de obtener placer de lo que tiene, sufre dolor por lo que tienen los demás», apuntó el filósofo.

El secreto de la felicidad es este: que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean, en la medida de lo posible, amistosas en lugar de hostiles

Para ilustrarlo, recurrió a un ejemplo casi cómico: la cadena infinita de comparaciones históricas: «Napoleón envidiaba a César, César envidiaba a Alejandro, y Alejandro, me atrevería a decir, envidiaba a Hércules, que nunca existió. Por tanto, no puedes escapar de la envidia por medio del éxito solamente, porque siempre habrá en la historia o en la leyenda alguien más exitoso que tú».

La conclusión es clara: competir por ser «más» que otros garantiza la frustración. Russell propone sustituir la envidia por admiración.

Bertrand Russell da las claves para alcanzar la felicidad filósofo
Bertrand Russell da las claves para alcanzar la felicidad. CC

3. La necesidad del aburrimiento

Hoy solemos considerar el aburrimiento un fallo del sistema, como algo que hay que eliminar enseguida con estímulos. Russell pensaba justo lo contrario, y aseguraba que el miedo a aburrirnos nos empuja a buscar excitaciones cada vez más intensas… hasta el agotamiento.

En sus palabras: «Una vida demasiado llena de excitación es una vida agotadora, en la que se necesitan continuamente estímulos cada vez más fuertes para obtener la excitación que se ha llegado a considerar como un placer. Una cierta capacidad para aguantar el aburrimiento es, por tanto, esencial para una vida feliz».

Una vida demasiado llena de excitación es una vida agotadora, en la que se necesitan continuamente estímulos cada vez más fuertes para obtener la excitación que se ha llegado a considerar como un placer. Una cierta capacidad para aguantar el aburrimiento es esencial para una vida feliz

«Las vidas de los grandes hombres no han sido excitantes, excepto en unos pocos grandes momentos (…). Una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de hombres escasos de impulsos vitales, hombres en quienes el lento proceso de la naturaleza se ha marchitado como flores cortadas en un jarrón», añadió. El consejo, por tanto, no es eliminar la actividad, sino recuperar los espacios vacíos y aprender a ‘aburrirse’. ¿Cómo? Pues con actos tan sencillos como caminar sin auriculares, esperar sin mirar el móvil o permitir que la mente repose. De ahí suelen surgir la creatividad y la serenidad.

4. El entusiasmo y tener muchos intereses

Si la envidia y la hiperestimulación son enfermedades, Russell propone un remedio: el entusiasmo, al que llama Zest, algo parecido al «apetito por vivir».

La diferencia entre personas felices y desgraciadas, dice, no está en su éxito sino en su interés por las cosas. Quien tiene curiosidad por muchos aspectos del mundo posee múltiples fuentes de bienestar: «Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá y menos a merced del destino estará, pues si pierde una cosa siempre puede recurrir a otra».

La felicidad surge cuando la atención deja de girar alrededor del «yo» y se dirige hacia el exterior: «El secreto de la felicidad es este: que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean, en la medida de lo posible, amistosas en lugar de hostiles».

5. Perder el miedo a la opinión de los demás

Russell dedica varias páginas a explicar cómo la presión social produce infelicidad incluso en personas con vidas objetivamente buenas y exitosas. Afirma que el individuo no solo vive, sino que también se observa vivir. El origen de la ansiedad, por tanto, no es tanto la vida real como la vida evaluada.

Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá y menos a merced del destino estará, pues si pierde una cosa siempre puede recurrir a otra

Al respecto, en su libro insiste en que la atención excesiva sobre uno mismo es el núcleo del problema, como hemos comentado, y que la dependencia del juicio ajeno es una forma de ese mismo ensimismamiento, ya que convierte la propia identidad en objeto de vigilancia constante.

«La felicidad no cae como fruta madura», dijo Bertrand Russell filósofo
«La felicidad no cae como fruta madura», dijo Bertrand Russell. CC

Cómo aplicar las lecciones sobre la felicidad de Russell hoy

Aunque La conquista de la felicidad es un libro práctico, su conclusión encaja con su filosofía general, basada en la idea de que la buena vida no se construye persiguiendo estados de ánimo, sino organizando la existencia hacia fuera. Lo formuló así en el mencionado ensayo: «La buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por el conocimiento».

La felicidad, entonces, no aparece cuando uno la busca directamente, sino cuando la vida deja de girar exclusivamente alrededor del propio yo. Leído hoy, Russell suena menos a filósofo abstracto y más a observador cotidiano. Su propuesta podría resumirse así:

  • La felicidad se practica: no aparece sola.
  • La comparación constante garantiza la frustración.
  • El aburrimiento no es un problema, sino un descanso necesario.
  • El interés por el mundo protege contra el sufrimiento interior.

O dicho de otro modo: cuanto menos giramos alrededor de nosotros mismos y más alrededor de la realidad —personas, conocimiento, hobbies, naturaleza…—, más fácil resulta vivir y más felices nos sentiremos, teniendo en cuenta que la felicidad depende menos de lo que nos pasa y más de hacia dónde dirigimos la atención.

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