Viktor Frankl (92), psiquiatra y filósofo: «La felicidad llega por sí sola como consecuencia de vivir con ese propósito»
Su legado sigue iluminando, recordando que la verdadera satisfacción no es un fin, sino una consecuencia de vivir plenamente

Felicidad | Canva pro
Viktor Frankl, reconocido psiquiatra y filósofo austríaco, fallecido a los 92 años, dejó un legado que sigue resonando en la psicología y la filosofía contemporánea. Su vida y obra se construyeron alrededor de una idea central: la búsqueda de sentido como motor esencial del ser humano. Frankl, superviviente del Holocausto, transformó el sufrimiento en reflexión y guía para millones, desarrollando la logoterapia, un enfoque que propone que la principal fuerza motivadora en la vida no es el placer, como sugería Freud, ni el poder, según Adler, sino el sentido profundo de la existencia.
La felicidad como consecuencia del propósito
En sus conferencias y escritos, Viktor Frankl defendía que la felicidad no es un objetivo directo, sino un subproducto de vivir de acuerdo con un propósito claro y significativo. Esta tesis aparece formulada con claridad en El hombre en busca de sentido, donde sostiene que la autorrealización no puede perseguirse de manera directa, sino que surge como efecto secundario de la entrega a una causa, a una tarea o a una persona amada.

Esta visión se contrapone a la obsesión contemporánea por la búsqueda inmediata de placer o bienestar superficial. «La felicidad llega por sí sola como consecuencia de vivir con ese propósito», afirmaba, en coherencia con su idea de que cuanto más se persigue la felicidad como meta en sí misma, más se desvanece. En ese mismo libro subraya que encontrar sentido incluso en las circunstancias más adversas es lo que permite al ser humano trascender el dolor y la desesperanza. Para Frankl, el sufrimiento inevitable no se elige, pero sí se puede elegir la actitud frente a él, y en esa elección radica la libertad esencial de cada individuo, una libertad interior que ninguna circunstancia extrema puede arrebatar por completo.
Su experiencia en los campos de concentración nazis fue decisiva para formular estas ideas. Frankl observó que quienes lograban mantener un propósito, una razón para seguir adelante, aumentaban notablemente sus probabilidades de supervivencia. Para él, el sentido podía encontrarse en cualquier lugar: en el trabajo que uno ama, en la devoción hacia un ser querido, en la práctica de la creatividad o incluso en la aceptación del sufrimiento cuando no hay otra salida.

Esta perspectiva humanista y resiliente ha influido en psicólogos, filósofos y líderes espirituales en todo el mundo, convirtiéndose en un manual práctico de resiliencia y autoconsciencia. Entre quienes han reconocido abiertamente esa herencia se encuentra Marian Rojas Estapé, psiquiatra española que ha reivindicado en distintas intervenciones la importancia de encontrar sentido y propósito como pilares del equilibrio emocional. Su discurso sobre la gestión de las emociones y la necesidad de dotar de significado a la experiencia vital entronca directamente con la tradición inaugurada por Viktor Frankl, demostrando la vigencia contemporánea de la logoterapia en el ámbito clínico y divulgativo.
El enfoque de Frankl también ofrece una reinterpretación de los conceptos tradicionales de éxito y bienestar. En una sociedad marcada por la acumulación material y la validación externa, su mensaje invita a redirigir la mirada hacia el interior, hacia lo que cada persona considera profundamente significativo. La logoterapia plantea que el sentido no se impone desde fuera, sino que se descubre y construye a partir de la experiencia personal. Así, no se trata de alcanzar la felicidad como un fin, sino de comprometerse con algo que dé dirección a la vida. En ese compromiso, la felicidad se convierte en una consecuencia natural, casi inevitable.
La responsabilidad individual frente a la vida
Frankl subrayaba además la importancia de la responsabilidad individual. No basta con esperar que las circunstancias externas generen satisfacción; cada persona tiene la responsabilidad de buscar y responder a su llamado interior. Este concepto desafía la tendencia moderna a culpar a factores externos por la infelicidad, proponiendo una ética de acción consciente donde el sentido de la vida se manifiesta a través de decisiones y actos concretos. Su filosofía no es una teoría abstracta, sino una guía práctica para enfrentar los dilemas cotidianos y la adversidad con dignidad y propósito.
