Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra, sobre la clave para ser feliz: «Solo al entender que nuestro tiempo es limitado, comenzamos a vivir al máximo»
Solo cuando asumimos que no somos eternos dejamos de actuar como si lo fuéramos

Elisabeth Kübler-Ross | Instagram
La psiquiatra suiza estadounidense Elisabeth Kübler-Ross dedicó su vida a escuchar a quienes estaban a punto de morir. De esa experiencia, cruda y profundamente humana, extrajo una de las reflexiones más poderosas sobre la felicidad contemporánea. «Solo al entender que nuestro tiempo es limitado, comenzamos a vivir al máximo». La frase resume el corazón de su pensamiento y condensa décadas de investigación con pacientes terminales que transformaron no solo la psiquiatría, sino también la manera en que la cultura occidental afronta la muerte.
La médica que se atrevió a preguntar por la muerte
Nacida en Zúrich en 1926 y formada en medicina en la Universidad de esa ciudad, Kübler-Ross emigró a Estados Unidos, donde desarrolló la mayor parte de su carrera. En un momento histórico en el que la muerte era un tema casi tabú en hospitales y hogares, ella decidió sentarse junto a los moribundos y preguntarles qué sentían, qué temían y qué necesitaban. El resultado fue una revolución conceptual que todavía hoy influye en la psicología, los cuidados paliativos y el debate social sobre el final de la vida.
La esencia de su mensaje quedó plasmada por primera vez en Sobre la muerte y los moribundos, publicado en 1969. En esta obra fundacional presentó las conocidas cinco etapas del duelo, negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin embargo, más allá del esquema que la hizo célebre, el libro contiene una conclusión más profunda. Tras escuchar a cientos de pacientes, Kübler-Ross comprendió que aceptar la muerte no conduce a la desesperanza, sino a una forma más lúcida de vivir. Cuando el ser humano deja de huir de su finitud, deja también de posponer lo esencial.

Aceptar el final para empezar de verdad
Para la psiquiatra, el gran autoengaño de la sociedad moderna consiste en comportarse como si el tiempo fuera infinito. Ese espejismo alimenta la procrastinación emocional, las relaciones aplazadas, los sueños archivados para un mañana que nunca llega. En cambio, quienes sabían que su vida se apagaba en semanas o meses mostraban una claridad distinta. Hablaban de reconciliaciones pendientes, de abrazos que querían dar, de palabras que no debían quedarse sin pronunciar. La conciencia del límite actuaba como un foco que iluminaba lo verdaderamente importante.
Su planteamiento rompía con la visión tradicional de la muerte como fracaso médico. Kübler-Ross defendía que acompañar el proceso final con honestidad y humanidad permitía transformar el miedo en comprensión. No se trataba de romantizar el sufrimiento, sino de reconocer que la finitud es parte inseparable de la experiencia humana.
Las lecciones de los pacientes terminales
Décadas después, ya en la etapa final de su propia vida, Kübler-Ross volvió sobre estas enseñanzas en Lecciones de vida, escrito junto a David Kessler y publicado en 2000. Este libro, menos clínico y más reflexivo, se centra en las lecciones que los pacientes terminales le transmitieron sobre el amor, el perdón, el miedo y el tiempo. Aquí la muerte no aparece como un concepto abstracto, sino como una maestra severa y honesta que obliga a priorizar.

En estas páginas, Kübler-Ross sostiene que «la felicidad no es una meta externa ni una acumulación de logros, sino una consecuencia de vivir con conciencia». Los moribundos no hablaban de ascensos laborales ni de bienes materiales. Hablaban de vínculos, de autenticidad, de la necesidad de haber sido fieles a sí mismos. Comprender que el tiempo es limitado, explicaba, nos obliga a revisar nuestras decisiones cotidianas. ¿Estamos invirtiendo energía en lo que realmente importa o en distracciones que nos mantienen ocupados pero vacíos?
