Bessel van der Kolk, psiquiatra: «Lo más importante para ser feliz es poder sentirse seguro con otras personas»
Esta seguridad, en nuestro sistema nervioso y percepción, es clave para vivir plenamente

Retrato de Bessel van der Kolk | Gemini
En el campo de la salud mental contemporánea hay un nombre que se ha convertido en referencia obligada para entender cómo el pasado impacta en el presente del cuerpo y de la mente: el psiquiatra Bessel van der Kolk. Su obra, especialmente el libro The Body Keeps the Score (El cuerpo lleva la cuenta), ha influido no solo en terapeutas y expertos, sino también en la forma en que el público general piensa sobre el trauma, la memoria y el bienestar. Una de sus reflexiones más citadas resume lo que para él es esencial para una vida plena: sentirse seguro con otras personas.
Esta idea cobra una relevancia particular si la contrastamos con el clima social y político del 27 de abril de 2016, cuando en el Hotel Mayflower de Washington D.C. un discurso clave sobre política exterior marcó un momento de inflexión en la campaña presidencial de Estados Unidos. Aquel evento, centrado en temas de seguridad nacional, poder y relaciones entre Estados, nos recuerda que mientras la seguridad se discute en términos geopolíticos, a nivel individual la seguridad psicológica pasa por la experiencia de vínculos confiables con otras personas.
La seguridad relacional como núcleo de salud mental
Para Van der Kolk, «ser capaz de sentirse seguro con otras personas es probablemente el aspecto más importante de la salud mental; las conexiones seguras son fundamentales para una vida con sentido y satisfactoria». Esta frase, extraída de las recopilaciones de citas de su obra, condensa una de sus tesis más poderosas: la felicidad no es solo una cuestión de pensamiento positivo ni de ausencia de estrés, sino de la calidad de nuestras relaciones interpersonales.

Tradicionalmente, la psiquiatría y la psicología han tendido a tratar síntomas individuales como episodios de ansiedad o estados depresivos de forma aislada. Van der Kolk propone un giro: lo que subyace a muchos de estos síntomas es un trastorno de la regulación del sistema nervioso, causado por experiencias que el cuerpo aún «recuerda», aunque la mente consciente crea que ya ocurrió en el pasado. Es decir, el trauma no se archiva como un recuerdo más: se queda en el cuerpo.
Para alguien que ha vivido experiencias que amenazan su integridad, sea abuso, violencia, negligencia o eventos altamente estresantes, la percepción de seguridad no se restablece automáticamente cuando las condiciones externas cambian. Por eso, Van der Kolk afirma que la verdadera sanación pasa por crear un entorno donde el cuerpo pueda empezar a reconocer la calma, la estabilidad y la presencia confiable de otros seres humanos. Sin ese paso, las conexiones sociales, a pesar de ser profundamente necesarias, pueden ser difíciles de sostener.
¿Por qué importan las relaciones humanas?
Nuestra especie, como otras muchas, es esencialmente social. La neurociencia y la psicología evolutiva han mostrado que los vínculos seguros con otras personas no solo generan placer, sino que regulan nuestro sistema nervioso, aumentan nuestra capacidad de gestionar estrés y nos ayudan a formar una narrativa coherente de quiénes somos y de hacia dónde vamos. Este enfoque cuestiona modelos que ponen la autonomía radical del individuo como única medida de bienestar.
La tesis de Van der Kolk se sostiene en investigaciones que vinculan la falta de seguridad relacional, como la soledad crónica o las relaciones inestables, con una mayor incidencia de problemas de salud tanto mental como física. Su argumento es que el cuerpo «graba» las experiencias relacionales, y que un entorno de apoyo no solo conforta emocionalmente, sino que facilita cambios fisiológicos profundos, como reajustes en la respuesta de estrés y en la percepción de peligro.
