El papel clave de una estilista y directora en la creación de una marca, según Fátima Valdés
Vivir de esta profesión no es algo inmediato ni sencillo, exige constancia, una formación constante y, sobre todo, mucha pasión

Fátima Valdés | Cedida
En un sector tan competitivo como el de la moda, diferenciarse no es solo cuestión de diseño, sino de construir una identidad clara, coherente y emocionalmente potente. Fátima Valdés, estilista y directora creativa, profesora en el IED y fundadora de War(Drobe)®, conoce bien esta necesidad. Con una carrera consolidada en el universo de la imagen, Valdés reflexiona sobre la importancia de su labor en el proceso de consolidación de una firma, el valor del trabajo en equipo y la sensibilidad como brújula creativa.
El valor de la dirección creativa en una marca
Aunque a menudo se solapan, Fátima Valdés subraya que estilismo y dirección creativa no son lo mismo, aunque sí profundamente complementarios. La directora creativa es quien define la imagen global de una firma, establece las bases visuales y emocionales en línea con los valores aspiracionales de la marca, y traza una narrativa que conecta con el consumidor más allá del producto. Este trabajo se traduce en una coherencia estética transversal, tanto en el entorno digital como en el físico, creando un imaginario reconocible y aspiracional, señala Valdés.
La estilista, por su parte, trabaja desde un plano más tangible. Su labor consiste en elevar cada colección mediante la combinación precisa y estratégica de prendas, accesorios, colores, tejidos y volúmenes. «Se trata de vestir la esencia de la marca en cada look». El estilismo no es solo cuestión de estética, sino de interpretación y traducción visual: una manera de transformar una colección en una historia que el público pueda leer y desear.
Del concepto al resultado final
Uno de los aspectos más reveladores del trabajo de Fátima Valdés es su mirada sobre los tiempos y procesos. «Como directora creativa, los conceptos de campaña se trabajan con meses de antelación. Hay que convertir una idea intangible en algo real, crear una atmósfera sensorial sin contacto físico», explica. Este ejercicio implica una gran capacidad de conceptualización, pero también de aterrizaje y ejecución. El trabajo creativo empieza con palabras, sensaciones y referencias, pero debe traducirse en imágenes, tonos, espacios, incluso sonidos y olores. Crear un universo.
Como estilista, el recorrido también exige profundidad. Para Valdés, lo primero es comprender a fondo la colección: «Familiarizarme con cada tejido, accesorio o textura me permite diseñar looks que realmente representen la identidad de la marca». Además, adaptar los estilismos a las personas que los van a lucir es otro pilar clave. Entender las morfologías, resaltar las prendas y construir una narrativa visual que potencie la colección desde cada ángulo. La estilista reivindica el trabajo en equipo como una parte fundamental del proceso. Producción, fotografía, maquillaje, dirección de arte, vídeo, casting… todo suma. «La creación de imagen de marca no es otra cosa que un puñado de almas vibrando juntas», afirma.
¿Es posible vivir del estilismo?
Sí, pero no sin esfuerzo. Valdés lo deja claro: «Se puede vivir del estilismo, pero no es algo que se consiga rápido ni fácilmente. Requiere constancia, formación continua y pasión». Esta carrera, como muchas en el sector creativo, implica mucha dedicación y paciencia, pero también puede ofrecer estabilidad y calidad de vida si se enfoca con visión a largo plazo y una estrategia profesional clara.
Cómo identificar a una buena estilista
¿Qué hace a una estilista realmente buena? Para Fátima Valdés, todo parte de una formación sólida, pero también de una actitud de aprendizaje constante. «La moda está viva y cada temporada es un lienzo en blanco. Hay que estar actualizada y saber cómo trasladar ese conocimiento a los distintos formatos», asegura. Además, tener una visión 360 grados es una ventaja competitiva. Poder trabajar en proyectos de moda, publicidad, televisión o con celebridades exige adaptabilidad, flexibilidad y sensibilidad creativa. «También hay que tener una mentalidad todoterreno. Son jornadas largas, con muchas personas involucradas y donde siempre pueden surgir imprevistos. La empatía, la humildad y el respeto son imprescindibles», subraya.

