El Gobierno asalta Indra de nuevo: la guerra fría que derribó a Escribano y aupó a Simón
La crisis se gestó desde el nombramiento del empresario madrileño al frente de Indra en enero de 2025

El empresario Ángel Escribano.
El Gobierno se alza victorioso tras casi un año de pugna. En un consejo de administración extraordinario convocado este miércoles, Ángel Escribano presentó su dimisión como presidente ejecutivo y consejero de Indra, poniendo fin a la guerra fría con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), su principal accionista con el 28% del capital. «Fiel a los valores de responsabilidad y lealtad que siempre he defendido, no puedo permitir que mi continuidad pueda interferir en la estabilidad de la compañía», declaró Escribano en un comunicado.
La crisis se gestó desde el nombramiento de Escribano al frente de Indra en enero de 2025, impulsado inicialmente por el propio Gobierno de Pedro Sánchez. El empresario madrileño, fundador de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), llegó con un perfil marcadamente independiente y una visión centrada en el mercado que pronto chocó con las directrices de Moncloa. Mientras el Ejecutivo veía en Indra la pieza angular de un «campeón nacional» de la defensa, alineado con los intereses geoestratégicos del Estado en pleno rearme europeo, Escribano priorizaba la autonomía del consejo y una estrategia más comercial.
Durante los últimos meses, las discrepancias se tradujeron en choques constantes sobre la política de nombramientos y la dirección de programas militares clave. La SEPI, brazo inversor del Gobierno, empezó a cuestionar la gobernanza de la compañía, que bajo Escribano había cuadruplicado su cartera de defensa y revalorizado sus acciones hasta un 160% en algunos tramos gracias al ciclo inversor en el sector. Sin embargo, esa misma meteórica subida —que llevó a Indra a cotizar en máximos históricos— no bastó para apaciguar las tensiones institucionales.
La fallida integración de EM&E
El detonante definitivo fue la fallida operación de integración entre Indra y EM&E, la empresa familiar de los Escribano. La fusión, que se negociaba desde hacía más de un año y que Moncloa había respaldado inicialmente, buscaba consolidar un gran polo industrial español capaz de competir en el exigente mercado europeo de la defensa. Pero las negociaciones descarrilaron por insalvables desencuentros en la ecuación de canje y por la negativa del Gobierno a ceder un control excesivo al capital privado.
A finales de marzo, la SEPI esgrimió un «conflicto de intereses insalvable»: Ángel Escribano era, al mismo tiempo, presidente de la compradora y dueño —junto a su hermano Javier— de la vendedora. La familia renunció abruptamente a la operación el 19 de marzo para evitar el choque frontal, lo que provocó un desplome inmediato del 12% en la cotización de Indra y una ola de volatilidad bursátil que se prolongó hasta esta semana.
La maniobra de Moncloa, que pasó de impulsar la fusión a utilizarla como arma arrojadiza, dejó la posición de Escribano herida de muerte. Durante las semanas siguientes, el Ejecutivo presionó a los consejeros independientes y amenazó veladamente con frenar contratos estratégicos si el presidente no abandonaba el cargo. Escribano resistió inicialmente, contando con el apoyo de otros accionistas y evitando una destitución forzosa, pero la guerra fría se volvió insostenible.
Con su dimisión, Escribano evita el desgaste público de un cese impuesto y mueve ficha para proteger la estabilidad de Indra y sus profesionales. La familia Escribano no saldrá con las manos vacías: si se materializa la venta de su paquete accionarial —en torno al 10%, según distintas páginas salmón—, los hermanos podrían embolsarse cerca de 800 millones de euros gracias a la revalorización impulsada por el propio boom de la defensa.
El ex consejero delegado de CriteriaCaixa
Paradójicamente, esa «salida de oro» financiaría el crecimiento internacional de EM&E, convirtiendo a Escribano en un competidor externo de Indra con los bolsillos llenos, cortesía indirecta de la gestión de Moncloa. La operación fallida deja, además, un sabor a oportunidad perdida para crear un gigante español de la defensa.
Ahora, el foco se desplaza al sucesor. La SEPI ha propuesto a Ángel Simón, exconsejero delegado de CriteriaCaixa y con una dilatada trayectoria en el grupo Agbar, Suez y Veolia, además de experiencia en el sector público como gerente del Área Metropolitana de Barcelona. Ingeniero de Caminos por la Politécnica de Cataluña y con MBA por ESADE, Simón representa un perfil técnico y gestor, vinculado a sectores regulados y estratégicos, que augura paz institucional y un control gubernamental más estricto sobre Indra.
El nombramiento de Simón —casi seguro en los próximos días— marca el fin de una etapa convulsa y el comienzo de una nueva fase en la que Moncloa recupera las riendas de una empresa clave para la soberanía tecnológica y la defensa nacional. Los mercados reaccionaron este miércoles con volatilidad, aunque Indra cerró con alzas moderadas.
