THE OBJECTIVE
Fuera de micrófono

Fernando Jáuregui: «Miguel Ángel Rodríguez, con Aznar, era un jefe de prensa fantástico»

Testigo de nuestra historia reciente, reconoce que nunca había vivido una época tan alterada como ésta

Ha escrito alrededor de 40 libros sobre política y periodismo, sus dos grandes pasiones. Ha vivido también muy de cerca la historia reciente de nuestro país, en lo bueno y en lo malo, pero no acaba de acostumbrarse a tanto sobresalto. Le duele lo que está pasando.

Fernando Jáuregui, santanderino de 74 años, observa con escepticismo el panorama. Su experiencia le dice que la crispación tampoco es nueva. Pero, por si sirve de algo, denuncia en Fuera de micrófono la vulneración continuada y fragrante de la Constitución y la ausencia de políticos de categoría que antepongan los intereses generales a los suyos propios.

Analiza, desde la experiencia, la inestabilidad e incertidumbre en la que nos movemos. «En 53 años de profesión –afirma– no he vivido una época como esta. Ni siquiera en el tránsito del franquismo a la democracia. Aquello fue un tránsito ordenado y esto está siendo un tránsito desordenado hacia quién sabe dónde». 

Desde sus inicios en la agencia Europa Press, donde sigue escribiendo columnas de opinión desde hace 25 años, ha trabajado en periódicos, radios y televisiones. Tertuliano en Herrera en Cope y Telemadrid, califica de insostenible la situación política actual y pronostica nuevas elecciones generales en el 2025. Jáuregui defiende además la equidistancia y la libertad de expresión, y no puede creer que «la gran hazaña de un gobierno sea traerse a un prófugo que lo que quiere es destruir el Estado».

Acostumbrado a recibir palos de uno y otro lado, se imagina los que le caerán por defender, en algunos aspectos, la profesionalidad y el buen hacer de Miguel Ángel Rodríguez en la etapa de Aznar, o por criticar al exsecretario de Estado de Comunicación –actual presidente de la agencia Efe-, Miguel Ángel Oliver, que le impidió preguntar al presidente Pedro Sánchez en las ruedas de prensa de la pandemia.

En opinión del autor del libro La foto del Palace (escrito con motivo del 40 aniversario de la primera victoria electoral de Felipe González), la gobernabilidad del Estado no puede quedar en manos de un tipo –Carles Puigdemont– que quiere cargárselo. Como tampoco se explica que la presidenta de RTVE, Elena Sánchez, tuviera que salir por piernas, en cuanto dejó de ser bien vista por Moncloa.

PREGUNTA.- Empezaste en la agencia Europa Press hace medio siglo.

RESPUESTA.- Hice las prácticas en Europa Press hace 52 años. Y llevo escribiendo una columna de opinión en la agencia desde hace 25.

P.- Siempre se ha dicho que una agencia es la mejor escuela para aprender el oficio.

R.- Yo creo que un periodista debe cambiar de medios. Practicarlos todos. Verlo todo, para estar al cabo de la calle. Los periodistas empezamos hablando en tercera persona, seguimos en segunda y terminamos hablando en primera. En la agencia tienes que hablar en tercera persona. No tienes el protagonismo que dan la radio o la televisión, ni, a veces, la fotografía en los periódicos. Es bueno aprender, de entrada, algo que luego olvidamos: la humildad. Es muy bueno aprender humildad, y con el anonimato de la agencia aprendes a ser humilde. Luego, desgraciadamente, lo olvidamos, y algunos estrepitosamente.

P.- También pasaste por la agencia Efe.

R.- Fui delegado de Efe en Naciones Unidas (Ginebra). Entonces, era ya otra historia. Hacía crónicas firmadas.

«En medio siglo de profesión, no he vivido una época de alteraciones como esta»

P.- Has sido testigo de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de España, como el golpe de Estado del 23-F. ¿Lo que estamos viviendo ahora también es grave?

P.- Ya que haces alusión al libro Todos al suelo, que escribimos siete periodistas denunciando la trama civil del golpe, te diré que nunca jamás se ha investigado por ningún juez. Nos denunciaron quienes aparecían ahí, algunos exministros de Franco, y, como ningún juez se atrevió a entrar en el tema, estuvimos once años en situación de imputados, investigados o nominados. Once años, hasta que prescribió la causa. Tiene narices. Casi estuvimos más años investigados que Tejero en la cárcel. Yo he vivido momentos tremendos. Siempre he estado en primera línea. Hice unas prácticas en el Journal de Genève y me comentaban que en Suiza nunca pasaba nada. Además, los suizos dicen que la democracia debe de ser aburrida. Y yo les decía: en cambio, en mí país, todos los días tenemos cinco cosas para titular, a cuál de ellas más escandalosa. Esto ha ido en progresión geométrica. Ahora, todos los días tenemos un escándalo, para bien o para mal. Casi siempre para mal. Cada día tenemos un pedazo de titular, que mañana quedará olvidado porque hay otro más gordo todavía, que es en lo que se aferra el habitante de la Moncloa –no sólo este, todos– porque la trapisonda de hoy queda enterrada por la trapisonda de mañana. Yo, en 52 años de profesión, no he vivido una época como esta. Una época de alteraciones como esta. Ni siquiera en el tránsito del franquismo a la democracia. Aquello fue un tránsito ordenado. Esto está siendo un tránsito desordenado hacia quién sabe dónde.

«Vemos sesiones de control parlamentario arrabaleras y chabacanas»

P.- Existe una sensación de inestabilidad…

R.- Hay dos cosas que lastran nuestra democracia. Primero, una falta de respeto a la Constitución. La Constitución se vulnera todos los días en muchas cosas. Todos los días.  Siempre se ha vulnerado, pero ahora parece que se nota más. En segundo lugar, vivimos en una inseguridad jurídica absoluta. Una democracia no puede vivir con esta inseguridad. Y, tercero, tenemos una ausencia de separación de poderes absolutamente clamorosa. No hay más que ver cómo está en estos momentos el poder Judicial, el poder Legislativo y el poder Ejecutivo. Algo tiene que pasar para ordenar un poco la democracia española. Creo que somos una democracia profundamente imperfecta.

P.- En 1996 escribiste, junto a Pilar Cernuda, un libro titulado Crónicas de la crispación. Casi 40 años después, seguimos con la crispación a vueltas.

R.- Este es un país que está siempre en la pelea. La política española es muy bronca. Yo digo que es una política testicular. El que manda dice: esto se hace por mis santos… O, esto no se hace porque no me sale de no sé dónde. La política debe ser, en la medida en que se pueda, pactada, consensuada y debatida civilizadamente. Con las cosas que estamos viendo en los últimos días, esas sesiones de control parlamentario absolutamente arrabaleras y chabacanas, donde el líder del gobierno y el líder de la oposición se llaman mentirosos y corruptos cincuenta veces, en los cinco minutos que dura su intercambio, ¿cómo quieren que luego creamos en ellos, si ellos mismos se llaman mentirosos y corruptos? ¿Cómo quieren que confiemos en ellos? Están haciendo una labor devastadora para lo que se ha dado en llamar clase política. Es devastador para su prestigio.

Fernando Jáuregui. | Carmen Suárez

«María Jesús Montero es una de las lenguas más viperinas del Gobierno»

P.- En lugar de responder a las preguntas de la oposición, los miembros del Gobierno contestan: «Y tú más».

R.- Tú más, en medio de descalificaciones muy gordas: tu novia, el novio de tu novio, y aquel que te daba crema en la espalda, y tu mujer qué, la Moncloa y las líneas aéreas de no sé dónde. Estas son cosas que tienes que fundamentar en un juzgado. Si tú acusas a la mujer del presidente, pongamos por caso, de que ha tenido una conducta muy poco elegante con el tema de Air Europa o dices que está metida en la trama Koldo, tienes que llevarlo al juzgado. No puedes soltarlo así, en un debate parlamentario. O no puedes acusar veladamente, como hizo doña María Jesús Montero, que es una de las lenguas más viperinas que tenemos dentro del Gobierno, que ya es decir, a la mujer del líder de la oposición, señor Núñez Feijóo, de no sé qué manejos. Mientras el presidente, desde su escaño, hace gestos de hay más, hay más. Esto, en una democracia, no puede ser. Y, si seguimos haciendo esto, va a ser una catástrofe. Como no puedes meterte con el portavoz porque ha dicho no sé qué, y decir que es un delincuente, como el otro día decía alguien instigado claramente por Moncloa. O no puedes pedir la inhabilitación del presidente del Gobierno, sin tener fundamentación para ello, cosa que hizo Núñez Feijóo. Las dos partes comparten el duelo a garrotazos. El Gobierno siempre más. Y, además, nos trata a los periodistas peor que la oposición. 

P.- ¿Consideras que existe cierto desprecio de la clase política hacia los periodistas?

R.- Es más de lo mismo. Y nosotros tenemos parte de culpa, porque hemos trasladado muchas veces el debate de los políticos al debate entre nosotros. Los periodistas hemos decidido tomar partido, que es lo que peor que podemos hacer. Pero estamos en la guerra: los unos en la fachosfera, que dicen los otros, y los otros en el pesebrismo de Moncloa, que dicen los unos. Hay de ti, si no te colocas en uno o en otro lado; si te quedas en el medio, como a mí me gustaría. A mí me gustaría que me consideraran un escéptico. Tampoco me importa que me llamen equidistante.

P.- Si te quedas en el medio, decía aquí hace poco otro veterano compañero, no te comes una rosca.

R.- Bueno. A lo mejor te llaman más, aunque está tomando cada vez más protagonismo el periodista guerrero. Eso es verdad. De todas las maneras, se sigue apreciando al periodista equidistante. Te dicen en las redes sociales que eres equidistante, como si eso fuera algo malo. No, no. Ser equidistante es bueno. Todo tiene un porcentaje bueno y un porcentaje malo. Yo nunca diré que el gobierno lo hace todo mal, porque hay cosas que hace bien. Tampoco diré que la oposición lo hace todo bien, porque hay cosas que hace mal. ¿Y por qué no lo vamos a decir, si nosotros somos críticos de la actualidad? Nuestra misión, precisamente, es colocarnos en la equidistancia. Ya, hasta nos reprochan que cumplamos bien con nuestra obligación, que es la equidistancia. Estoy pasando por unos momentos de cierto pesimismo. Me siento un poco triste.

P.- Hace dos años, con motivo del 40 aniversario de la victoria de Felipe González, escribiste La foto del Palace, un libro donde se cuenta la historia reciente del Partido Socialista.   

R.- Este libro me ha ganado la animadversión del elenco monclovita, porque consideran que no es lo suficientemente elogioso. No lo era. Ni lo pretendía ser. Es un libro donde se cuentan cosas y se habla mucho de Pedro Sánchez.

«Eduardo Sotillos nos llamaba basura amarilla a los periodistas»

P.- Sánchez se negó a colaborar, a ser entrevistado para ese trabajo.

R.- El secretario de Estado de Comunicación ni siquiera me contestó. No he tenido yo mucha suerte con los secretarios de Estado de Comunicación. Con ninguno. Y lo digo para mi honra. Bueno, sí, me llevaba bien con Miguel Ángel Rodríguez. Era un jefe de prensa fantástico. Luego está lleno de excesos y de cosas que hace que son demasías. Pero, como jefe de prensa, tengo que defenderle. Porque te da información y se la da a todo el mundo. No es sectario en eso. Me la cargaré por defender a Miguel Ángel Rodríguez, al menos, en ese aspecto.

P.- ¿Te llevabas peor con Miguel Ángel Oliver, ahora presidente de la agencia Efe?

R.- Ese señor, que ahora es, increíblemente, presidente de Efe, de ninguna manera debería serlo. Alguien que ha sido secretario de Estado de Comunicación no puede ser presidente de Efe. Ese señor a mí me negó, cuando estábamos todos con el zoom a cuestas, recluidos, la posibilidad de participar en las ruedas de prensa del presidente del Gobierno. Expresamente, diciendo que qué iba yo a preguntar que no preguntasen mis compañeros. Dije: «Menudo concepto del periodismo tienes». Y ahora está de presidente de una agencia que pago yo con mis impuestos, como pago TVE, y mira lo que está pasando. En fin…

P.- A Eduardo Sotillos también le criticabas, cuando era responsable de Comunicación y portavoz del primer Gobierno de Felipe González.

R.- Sotillos es un gran amigo mío, pero es verdad que perdió un poco la cabeza cuando le nombraron secretario de Estado de Comunicación y nos llamaba basura amarilla a los periodistas. A mí me decía que si era comunista. En fin, no fue su época más brillante profesionalmente. Luego hemos retomado nuestra amistad perfectamente.

«En España faltan políticos de categoría»

P.- ¿La prensa debe ser un contrapoder, esté quien esté en el Gobierno?

R.- Tenemos que hacer de contrapoder. No podemos ser amigos ni estar inclinándonos a ningún poder. Eso es en teoría, porque la situación actual es la contraria. Los periodistas estamos en banderías, igual que están los políticos. Esto me parece absolutamente preocupante. Es verdad que ahora hay más medios que nunca y, por tanto, la competencia es mayor. Pero hay más miseria que nunca. El periodismo vive en la miseria: precariedad laboral, salarial y de medios. Y el buen periodismo se hace con medios que, desgraciadamente, no tenemos. Se hace sin que te compre cuatro mil ejemplares el gobierno regional aquel, o aquel otro. Sin que te lleven de viaje gratis total, sino que tú eres el que te pagas el viaje. Sin que te echen de comer demasiadas veces. El periodismo de calidad se hace estando mucho más separado de los poderes de lo que se está ahora. No hablo del poder político sólo. Hablo de los poderes. No puede ser que un periodista político lo que quiera en el fondo es ser político. Y que un periodista deportivo quiera ser seleccionador nacional, y un periodista económico banquero.

P.- ¿Por qué en el PSOE no se mueve nadie, a excepción de García-Page, pese a las decisiones controvertidas de Sánchez?

R.- Hay otra pequeña excepción, aparte de García-Page: Felipe González y Alfonso Guerra. Felipe González, al que se glorificaba hace dos años, cuando se cumplieron los 40 años de su primera victoria electoral, con Pedro Sánchez y Zapatero yendo a los homenajes, hoy casi es un traidor a la clase obrera; un instrumento de la derecha para desacreditar al socialismo. No creo que el Partido Socialista esté unido en torno a Pedro Sánchez. Yo creo que hay dos partidos socialistas: uno el que ha estado vigente hasta el año 2015 o 2016, y otro el PSOE que se nucleó en torno a Pedro Sánchez. Pero es él, no es todo el Partido Socialista. En privado, un representante socialista que sale todos los días en los periódicos, me ha reconocido muchas cosas. Cosas que no reconoce en público, porque aquí te juegas la vida. Del Grupo Parlamentario Socialista se fue Odón Elorza, el pobre, al silencio y al ostracismo, y nadie más. No se va nadie. Yo, cuando veo levantarse a todo el grupo parlamentario para aplaudir como posesos una insigne chorrada de cualquiera de sus jefes de fila, me indigno. O una inconveniencia o chabacanería de la vicepresidenta primera del Gobierno, que hay que ver cómo se las gasta en términos dialécticos. Y todo el grupo parlamentario aplaudiendo, como si hubiese dicho una genialidad. Lo mismo podría decir del Grupo Parlamentario Popular y de Vox. O de cualquier otro. Realmente, faltan políticos de categoría.

«La gran hazaña del Gobierno no puede ser traer a un prófugo que quiere destruir el Estado»

P.- ¿No es una provocación nombrar ministro de Transportes y Movilidad Sostenible a Óscar Puente?

R.- A veces, es necesario tener un ariete que a ti te permita estar, al final, pareciendo que eres un conciliador. Es muy difícil superar a Óscar Puente en el talante de provocador. Entonces, ahí está. Es el papel que está cumpliendo. No durará mucho. Bueno, yo creo que ninguno durará mucho de ministro porque en 2025 tendremos elecciones. Lo llevo diciendo hace tiempo, porque la situación es insostenible. Esto no puede durar mucho más tiempo. No puede ser que vayamos a entrar en el sexto año de desobediencia constitucional, en lo que se refiere a la renovación de los jueces. No puede ser que, desde la Fiscalía General del Estado, se estén vulnerando las mínimas normas del sentido común. No puede ser que el Tribunal Constitucional esté como está, que el Ejecutivo esté partido en dos, porque Sumar ya no existe. No puede ser que la gran hazaña de un gobierno sea traer a España un prófugo que lo que quiere es destruir el Estado.Todo esto son cosas que no pueden ser. Y, para colmo, a lo mejor resulta que ese prófugo gana las elecciones catalanas. ¿Y si este prófugo un día entra en España para ser detenido, con todos los periódicos hablando de él, y las elecciones a la semana siguiente? No quiero dar ideas.

P.- ¿Consideras más preocupante Cataluña que una posible victoria electoral de Bildu en el País Vasco?

R.- En el País Vasco no hay independentismo, según el Euskobarómetro: 18%, a menos que la hagamos gorda, como la hicimos con Cataluña. No hay independentismo, ni tampoco hay ETA, aunque todavía hay compañeros míos que dicen que ETA está en el Gobierno de España. Que no, hombre que no. Bildu no es ETA. Bildu es una panda de desarrapados, con los que yo no tengo absolutamente nada que ver, por supuesto. Es más, Bildu no es separatista, porque ahora mismo ser separatista en el País Vasco es como traicionar un Estado de bienestar especial. En el País Vasco no hay pobres. ¿Por qué? Porque tienen una clara discriminación, que es el cupo, el concierto; lo que quieren tener los catalanes ahora. El País Vasco tiene unas condiciones de vida muy superiores a casi todas las comunidades españolas, incluyendo Madrid. Independentista lo es el PNV, de boquilla, y lo es Bildu, a lo mejor un poco de sentimiento. Pero, en ningún caso, harían lo que hacen los catalanes. Los catalanes son coherentes.

«Núñez Feijóo ha ido perdiendo coherencia»

P.- Y persistentes.

R.- Pero coherentes. El señor Junqueras estaba dispuesto a pasar 13 años en la cárcel. Con un par. Y dicen las cosas que van a hacer. A ellos les dan la amnistía y dicen: «Yo voy a seguir luchando por la independencia, por el referéndum y la autodeterminación». Lo dicen y ya está. «Oiga, que esos son los delitos por los que os hemos amnistiado». «Pues lo volveré a hacer». Menuda amnistía estamos haciendo. Dicen que lo volverán a hacer y estamos amnistiando delitos como la sedición, que es muy gordo, prácticamente la malversación, los enfrentamientos con las Fuerzas de Orden Público, la desobediencia, los desórdenes callejeros, etc. Pero ¿nos hemos vuelto locos? No creo que haya terrorismo en el procés. Lo que hay es mal funcionamiento. Porque yo ahora salgo de aquí, veo a un guardia municipal que me está poniendo una multa y le atizo con un garrote al grito de «¡Santoña libre!» sin que pase nada. Me tendrían que amnistiar. Algunas de las cosas que estamos haciendo no tienen ni pies ni cabeza.

P.- Hablemos de la oposición. ¿Cómo valora la llegada de Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular?

R.- El mejor discurso político que he oído en tiempos fue el que hizo Núñez Feijóo cuando tomó posesión de la presidencia del PP. Cuando dio el salto y cruzó el Miño, hace dos años. Hizo un discurso fantástico. Luego ha ido perdiendo coherencia. No puedes criticar que se nombre un mediador salvadoreño para hablar con Puigdemont y, en cambio, fomentar que venga un tío de la Unión Europea a ejercer la vergonzosa labor de mediar en lo que nosotros no hemos sabido arreglar: la renovación del gobierno de los jueces. ¡Cómo se puede hablar con Puigdemont! Y, luego, resulta que ellos también van a hablar con él de tapadillo. Hace falta un poco de coherencia. Feijóo tiene unos valores. Sin duda, los tiene. Pero tiene también unas carencias importantes. Algunas personas del PP de Galicia, con las que yo he estado recientemente, me dicen que este Feijóo no es el mismo. Los colaboradores que tiene en comunicación son muy malos. Fue un error reunirse en la campaña electoral de Galicia con 16 periodistas para soltarles lo que les soltó. Esto no puede ser. Como no puede ser tirarse toda la campaña electoral negociando con Vox, de una manera y de otra.

P.- Vox, lo mires por donde lo mires, es un problema añadido para el PP.

R.- Los problemas se llaman Vox y Ciudadanos. Albert Rivera es culpable de todo lo que ha pasado. Si hubiese hecho un gobierno de centroizquierda en su momento, ahora sería vicepresidente del Gobierno. Además, nos habríamos ahorrado a Pablo Iglesias y bastante follón en Cataluña. Pero Albert Rivera se creyó que iba a ser el líder de la derecha del mundo mundial. Y a Vox, como lo necesitas para hacer una mayoría numérica… Yo no sé si suma o resta Vox. Probablemente, mucha gente que votaría al PP desde posiciones templadas, socialdemócratas, diga: «Si me voy a encontrar con un ministro del Interior de Vox, pues casi mejor que lo dejo». Y Sumar tampoco es el complemento que necesita ya la izquierda moderada. Porque Sumar, prácticamente, está condenada a una cierta irrelevancia, por mucha personalidad que tenga Yolanda Díaz. Con lo cual, nuestras fuerzas políticas están todas hechas unos zorros. Todas. Las del gobierno y las de la oposición.

P.- En una entrevista decías: «España está rota». ¿Estamos a tiempo de que se pueda recomponer?

R.- A nivel social, España no está tan rota. En los últimos días, he estado en Galicia, Santander y en el propio Bilbao, y allí no se vive la crispación que se vive aquí. El país funciona. Lo que no funciona son nuestros representantes. Entonces, la gente está un poco crispada, por los representantes políticos que tiene. El día en que el presidente del Gobierno llame al de la oposición y diga: «Oye, niño, tira la llave a la alcantarilla y de aquí no salimos, ni entra comida ni bebida, hasta que no lleguemos a una serie de acuerdos fundamentales». Ese día empezaremos a arreglar muchas cosas. Si el presidente del Gobierno lleva meses sin recibir en Moncloa al líder de la oposición, qué quieres que te diga. El viejo problema nacional de la política de confrontación testicular, que decía antes, se mantiene. Eso hace dos Españas.

Fernando Jáuregui en un momento de la entrevista. | Carmen Suárez

P.- ¿Qué papel están jugando las redes sociales en el periodismo?

R.- En las redes sociales tienes que estar, aunque estén controladas por sus creadores. Estamos en manos de un tipo que se quiere construir un cohete para viajar a Marte cuando nos carguemos el planeta Tierra. Las redes, ahora mismo, son patrimonio de gente anónima. Y cuanto más lejos tiras la piedra de la realidad o del buen gusto, pues mejor. Más seguidores tienes. Los medios tradicionales, quitando la radio, no van a sobrevivir. Nos informaremos por las redes.

«La presidenta de RTVE, cuando ha dejado de ser bien vista en Moncloa, ha salido por piernas»

P.- Has trabajado en Radio Nacional, pero sólo cuando gobernaba el PP. ¿Hay listas negras de tertulianos?

R.- En TVE colaboré mucho más cuando gobernaba el PSOE que cuando lo hizo el PP. Mucho más. En RNE, con el PP. Yo nunca he sentido eso. Nadie me ha dicho eso. Otra cosa es cómo se actúe luego. Digan lo que digan las redes sociales -que te llaman equidistante, tibio, vendido al pesebre o fachoso-, se nota quien intenta mantenerse independiente. Al final, todavía genera un respeto, incluso en las redes sociales.

P.- Fuiste director de Comunicación de la ONCE y del Ayuntamiento de Madrid en la etapa de Juan Barranco. ¿Cómo se ve la profesión desde la otra orilla?

R.- Te voy a decir una cosa en la que, probablemente, coincidirás conmigo. Es importante pasar una temporada en el otro lado del mostrador para ver cómo funcionan tus compañeros. Los trucos que te intentan hacer, las zancadillas que te ponen. Es muy interesante. A mí me interesó mucho. Lo de la ONCE lo hice porque entonces colaboraba en Telecinco y Onda Cero, que eran medios de la ONCE. Cuando me hicieron aquella oferta, no podía negarme. Tuve que aceptarla, pero no fue una época buena para mí.

P.- ¿Qué crees que pretende hacer en estos momentos RTVE?

R.- No lo sé. Se ha llevado a Pablo Iglesias. Hay otras voces que, en cambio, no están. Hay que hacer un estatuto de los medios públicos, incluyendo la agencia Efe. Es verdad que la presidencia de Efe siempre ha sido un premio para un amiguete, como la embajada en la OCDE, pero ahora se están pasando todos los límites. La presidenta de RTVE, cuando ha dejado de ser bien vista en Moncloa, ha salido por piernas. No hablo de otras televisiones públicas, de las que también podría hablar. Esto no puede ser. Moncloa no tiene que favorecer a productoras, ni quitar o poner profesionales. Pero, desgraciadamente, lo hace.

P.- Llevas más de 50 años haciendo información política. ¿Nunca has sentido la tentación de cambiar de registro?

R.- Ahora lo estoy haciendo. He empezado con un foro, que presido yo, y que se llama Periodismo 2030, en el que los periodistas cuentan el cambio. No el cambio político, sino otros muchos cambios. Tenemos que regenerarnos en todos los aspectos y asumir que hay muchos cambios. Estoy haciendo una serie de reportajes que me están dejando alucinado. 

P.- Pero aquí de lo que más seguimos hablando es de Puigdemont.

R.- Puigdemont es un tipo que quiere cargarse el Estado y que ahora mismo tiene la gobernación del Estado en sus manos. Y, además, lo dice muy clarito. Nuestro debate es si la amnistía es constitucional, si el fiscal general del Estado es o no independiente, si el actual gobierno de los jueces puede seguir o no, si el Tribunal Constitucional es imparcial o no. Este es el debate que a mí me horroriza tener. Por lo tanto, prefiero hablar de las posibilidades que nos da el cambio social y tecnológico.

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