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Opinión

América vive un año crucial (y por qué a España debería importarle) 

Elecciones presidenciales en seis países ponen a prueba otra vez a la democracia tradicional en América Latina

América vive un año crucial (y por qué a España debería importarle) 

El presindente de El Salvador, Nayib Bukele. | Ron Sachs, Europa Press

Pocas regiones del mundo importan tanto a España como América, y no hace falta repasar 532 años de historia para explicar esto. Lo que ocurre al otro lado del charco siempre de alguna manera tendrá impacto en la península, como el apretado cronograma de elecciones en marcha este 2024 en varios de los países americanos de mayor peso.

De alguna manera el impacto de esas elecciones se sentirá en la economía y el comercio exterior español, por razones obvias, pero también en el péndulo de la política, las relaciones exteriores y en los asuntos migratorios.

Después de las elecciones en El Salvador, previsiblemente ganadas por el populista Nayib Bukele en febrero pasado, el turno es de Panamá, este 5 de mayo, cuando elegirán presidente y vicepresidente, 71 diputados, 81 alcaldes y 701 representantes municipales.  

También en mayo, el 19, habrá elecciones presidenciales en República Dominicana, un importante destino de inversiones turísticas españolas. Si ese día no hay un ganador por mayoría absoluta, habrá una segunda vuelta entre los dos más votados. También habrá en mayo elecciones legislativas, para renovar el Senado y la Cámara de Diputados.

Otro socio importante de España en América, México, irá a elecciones generales el 2 de junio, para escoger presidente y 64 senadores y 500 diputados.  Allí hasta ahora es favorita a la presidencia la candidata oficialista, del partido Morena, Claudia Sheinbaum, respaldada por el controversial Andrés Manuel López Obrador. En este populoso país también elegirán gobernadores, alcalde de Ciudad de México, asambleas legislativas de los estados y gobernantes municipales. En estas elecciones federales están en juego 19.000 cargos públicos. 

Venezuela, el conflictivo país gobernado por el chavismo desde hace un cuarto de siglo, tendrá elección presidencial el 28 de julio, en un controversial proceso en el cual el presidente Nicolás Maduro va a una reelección que parece segura (aunque su popularidad gira en torno al 9% según encuestas como Delphos). La nomenclatura del régimen usa todo su poder arbitrario para que la dividida oposición no tenga un candidato competitivo de apoyo masivo. Es que unas elecciones libres en Venezuela equivaldrían a entregar el poder hegemónico.    

En el último trimestre la temporada electoral en América vuelve a cobrar vuelo con las elecciones municipales en Brasil, que serán una especie de plebiscito de medio período para el gobierno de Lula da Silva y una temida posibilidad de que se agrupen las fuerzas de la ultraderecha de Jair Bolsonaro, de cara a unas futuras presidenciales. El 06 de octubre 152 millones de brasileños elegirán alcaldes, vicealcaldes y concejales de más de 5.000 municipios.

El apacible Uruguay, uno de los países más estables y con más elevado nivel de vida en el continente, irá a elecciones generales el 27 de octubre para elegir presidente, vicepresidente, 30 senadores y 99 diputados, con un mandato de cinco años. 

En Chile habrá también elecciones regionales y municipales, el 27 de octubre, en un proceso que será decisivo para el gobierno del joven presidente de izquierda Gabriel Boric. Escogerán 16 gobernadores y 345 alcaldes y 2.252 concejales.

El momento estelar -por su impacto mundial- será el 5 de noviembre, cuando Estado Unidos tendrá elecciones generales y los votantes deberán decantarse entre el presidente demócrata que aspira a la reelección, Joe Biden, y el controversial magnate y expresidente republicano Donald Trump. También serán electos 33 senadores y 435 representantes de la cámara baja.

Y a ti España qué te importa

«La región que incluye a los países de Latinoamérica y el Caribe (LAC) ha sido y sigue siendo una prioridad política, social y económica para España», señala el informe de relaciones bilaterales, publicado por el ministerio de Comercio en 2023.

En los años post pandemia de 2021 y 2022 los flujos comerciales españoles siguieron creciendo a tasas de dos dígitos y el comercio bilateral de bienes entre España y LAC, por ejemplo, lo hizo en 41,7% con respecto al año anterior. 

En materia de inversión, LAC ha sido tradicionalmente una prioridad para las empresas españolas y en 2021 la región concentró más de un cuarto de la Inversión Extranjera Directa (IDE) de España, y el país recibió la décima parte de las inversiones de países de América latina y el Caribe en el mundo.

En 2022, el comercio bilateral de bienes entre España y LAC (exportaciones e importaciones) creció un 41,7% respecto a 2021, pasando de 32.836 millones de euros a 46.519 millones de euros, un récord histórico. México, Brasil, Chile, Colombia y Argentina, República Dominicana y Perú son en ese orden los principales socios comerciales de España en este lado del mundo.

Guatemala, Costa Rica, Uruguay, Paraguay, El Salvador, Honduras, Venezuela y Bolivia son mercados con los que, si bien el comercio no es significativo, son interesantes para España ya que presentan oportunidades para el crecimiento en los próximos años, destaca el ministerio. 

Para el año 2021 el Registro de Inversiones Exteriores de España en el mundo daba cuenta de 499.119 millones de euros, un 9,8% más que el año anterior. De ese total, 28,2% se dirigió a LAC (140.718 millones de euros). Junto con Estados Unidos, España es el inversor de referencia en la región y el principal destino es México (50.043 millones de euros acumulados en 2021), seguido de lejos por Brasil (26.353 millones de euros) y Argentina (17.919 millones de euros). 

México fue el tercer destino de la inversión productiva española a nivel mundial (con un stock de inversión en 2021 que representó el 10,3% de toda la inversión española en el extranjero. En Brasil y Argentina este porcentaje fue del 5,3% y el 3,6%, respectivamente.

«Venezuela, por su parte, ha perdido atractivo como destino de las inversiones españolas, pasando de ser el quinto destino de la inversión española a nivel mundial en 2004 al quincuagésimo en 2021 (508 millones de euros, 0,1%)».

La inversión española en estos países se centra principalmente en el sector financiero (27,7% en 2021), las telecomunicaciones (10,3%) y la extracción de petróleo y gas natural (8,8%). «En todos estos sectores destacan las multinacionales españolas, cuyo interés en el mercado latinoamericano ha sido constante a lo largo de los años».

Con un peso tan fuerte en las relaciones comerciales, este conjunto de países tiene impacto sumado en las tendencias de la economía de España, mientras el mundo se enfrenta a un crecimiento económico débil, auge de flujos migratorios, encarecimiento de materias primas y energía, desastres naturales asociados al cambio climático y fuertes turbulencias geopolíticas que amenazan escalar al terreno de los conflictos globales.

Una coyuntura que se las trae

El Banco Mundial advierte en un informe publicado esta semana que la región de América Latina y el Caribe ha llegado a una «coyuntura crítica», pues, aunque avanza en la estabilización económica, el crecimiento se ha estancado, lo que socava el progreso. El Producto Interno Bruto (suma de riqueza) de la región crecerá apenas 1,6% este año y con suerte 2,7% y 2,6% en 2025 y 2026, cifras todavía anémicas, considerando el potencial y las necesidades de estos países.

«Estas son las tasas más bajas en comparación con todas las demás regiones del mundo e insuficientes para impulsar la prosperidad. Muchos hogares se encuentran bajo presión debido a que las transferencias sociales están disminuyendo y los salarios aún no se han recuperado a los niveles de prepandemia», dice el Banco sobre el impacto de estos números en la gente común.

El sostenido bajo nivel de crecimiento «no es sólo una estadística económica sino una barrera para el desarrollo. Se traduce en servicios públicos reducidos, menos oportunidades de empleo, salarios deprimidos y mayor pobreza y desigualdad. Cuando las economías se estancan, el potencial de su gente se ve limitado», agrega. 

Bajos niveles de inversión y de consumo interno, altas tasas de interés y elevados déficits fiscales, caída de los precios de las materias primas (después de las alzas post pandemia) y la incertidumbre en las perspectivas de socios importantes como Estados Unidos, China, Europa y otros países del G7 ayudan a explicar esta perspectiva en un escenario global adverso, marcado por tensiones geopolíticas.

El buen manejo de la inflación ha sido un punto positivo en la región, reflejo de décadas de reformas macroeconómicas sólidas mantenidas por los principales gobiernos. La inflación regional, excluyendo Argentina y Venezuela, se sitúa en el 3,5%, frente al 5,7% en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). 

Pero esta región necesita resolver tareas pendientes durante décadas y emprender reformas en infraestructura, educación y comercio, para mejorar la productividad y la integración al mundo y a sus principales mercados y socios, como España. Habrá que ver si los nuevos gobiernos en ciernes, o los que llevan poco tiempo en ejercicio, son capaces de emprender estos cambios.

«Fomentar la competencia es fundamental para reactivar la economía y recuperar la confianza de los inversores. Este es un asunto urgente. La región tiene bajos niveles de competencia, lo que socava la innovación y la productividad. Los consumidores también se ven perjudicados al enfrentar costos más altos que el resto del mundo», advierte el Banco Mundial.

Cuando se aproximan elecciones, temas como éstos saltan a la vista, pues se supone que los cambios en democracia o por la vía del voto son determinantes a la hora de diseñar y aplicar políticas públicas beneficiosas para romper trabas históricas. Pero en estos países son muy estrechas las relaciones entre la política y el curso de la economía, entre los gobiernos y las empresas locales o trasnacionales, y entre las decisiones personales de un puñado de gobernantes y el destino de millones de familias.

En esta región del mundo donde se habla principalmente castellano y portugués, «el panorama empresarial está concentrado y existe un marcado contraste entre unas pocas grandes empresas que dominan los mercados y numerosas pequeñas empresas. El 70% de los trabajadores son autónomos o trabajan en empresas de menos de 10 empleados, ocupados en su mayor parte en actividades de baja productividad».

La democracia como problema

Un reciente estudio del Real Instituto Elcano observa que los resultados electorales de años recientes demuestran que a excepción de Paraguay (2018 y 2023), ningún oficialismo (salvo Nicaragua en un contexto de gran represión) había ganado una elección presidencial. «Se trata de un voto de castigo que, con menor intensidad, se observa desde 2015».

Pero los resultados muestran que la región no vive ni un giro a la izquierda ni a la derecha, «sino una reacción pendular del electorado, no relacionada con vínculos ideológicos sino con el castigo a los gobiernos de turno por su mediocre o mal desempeño en políticas públicas vinculadas a temas sensibles como el crecimiento económico, la reducción de la pobreza/desigualdad, la seguridad, la educación, la salud y la lucha contra la corrupción». 

Esta vez, al menos en República Dominicana y México, como ocurrió en El Salvador, se esperan victorias oficialistas. También en Venezuela, donde el autoritarismo electoral chavista suele imponerse en procesos que no son competitivos. Mientras, el Banco Mundial observa que la ola de violencia crece en la región, tanto en intensidad como en alcance geográfico. Y esta es ya la región más violenta del mundo, y la única donde la violencia crece. «A pesar de los avances encomiables en gestión macroeconómica de la región, la mayor inseguridad se vuelve un factor adicional que refuerza el descontento ciudadano y reduce el atractivo de la región como destino de las inversiones», advierte.

Políticos como Bukele en El Salvador y, más recientemente, Daniel Noboa en Ecuador, han entendido que enfrentar esta violencia criminal (aunque sea con medios censurables) de buenos réditos políticos. «La violencia en la región se ha vuelto más severa y generalizada, aterrorizando a los ciudadanos y comprometiendo los avances en la atracción de inversiones logrados por la estabilidad macroeconómica», observa el Banco Mundial. 

Un también reciente enfoque del Real Instituto Elcano estudia si este 2024 trae el fin del voto castigo sobre el oficialismo. «Ninguna de las seis elecciones presidenciales que tendrán lugar a lo largo de 2024, salvo eventualmente en Venezuela en,  el supuesto de producirse un triunfo de la oposición, provocará un cambio dramático del rumbo político», concluye. 

A lo largo de este año se quebrará la dinámica de voto de castigo al oficialismo presente desde 2015-2018. Al menos en tres países podrían producirse victorias oficialistas con dos reelecciones (El Salvador, ya verificada, y República Dominicana) y una nueva victoria del partido gobernante en México. 

«La ruptura de esta tendencia se debe a que, en estos casos, se observa una dinámica diferente al resto de la región. Sus gobiernos han sido exitosos para gestionar y dar soluciones, al menos aparentemente, a las principales demandas ciudadanas, se han beneficiado de una situación económica favorable, han liderado la lucha contra la corrupción y han tenido liderazgos fuertes y carismáticos», explica.

En su informe de 2023 la firma Latinobarómetro señala que hay una recesión democrática en América latina, que se expresa «en el bajo apoyo que tiene la democracia, el aumento de la indiferencia al tipo de régimen, la preferencia y actitudes a favor del autoritarismo, el desplome del desempeño de los gobiernos y de la imagen de los partidos políticos». «La democracia en varios países se encuentra en estado crítico, mientras otros ya no tienen democracia», señala.

En 2023 solo el 48% apoya la democracia en la región, lo que significa una disminución de 15 puntos porcentuales desde el 63% de 2010. «El autoritarismo se ha ido validando poco a poco, en la medida que no se le condena, ni se sabe bien cuál es el umbral donde un país deja de ser democrático. Más aún, en el período aumentan aquellos a quienes les da lo mismo el tipo de régimen, lo que implica que un populismo o un autoritarismo les son indiferentes», resume Latinobarómetro.

«En América Latina nunca se han alcanzado los niveles de apoyo a la democracia que logró la transición española, en torno a los 80 puntos porcentuales. Ni en el período de mayor crecimiento económico, en el quinquenio virtuoso, la economía logró impactar a la democracia como para superar la barrera de los 65 puntos porcentuales de apoyo», verifica este estudio que ayuda a entender una región más compleja y heterogénea de lo que parece.

La ola de recesión democrática tiene entonces un componente adicional a las crisis económicas y las presidencias corruptas: el aumento del autoritarismo. 

El apoyo al autoritarismo crece en México del 22% al 33%, en Guatemala desde el 14% al 23% ,y en República Dominicana del 13% al 21%. Venezuela (13%), Honduras (12%) y Uruguay (9%) son los tres países de la región que tienen un menor contingente de ciudadanos que apoya una opción autoritaria. Pero, el promedio conjunto de los países de la región ayuda a mantener la esperanza:

Como lo resumen en otro artículo, «Por qué importa América Latina» del Real Instituto Elcano Carlos Malamud y otros, «el apoyo a la democracia como régimen político sigue siendo ampliamente mayoritario respecto a otras alternativas». Un 67% de los ciudadanos latinoamericanos cree que «la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno». Todas estas apreciaciones estadísticas y empíricas están a prueba este año en el gran laboratorio de la historia que es América.

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