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Lo que le van a contar de ARCO

Foto: Paul White | AP

¿Saben ustedes de aquel que se deja un paraguas olvidado en ARCO y cuando vuelve a recogerlo se encuentra que lo han vendido por una fortuna? ¡Hilarante! ¡Un trasto confundido con una obra de arte conceptual!

Aún no se ha inaugurado ARCO, pero ya les puedo adelantar lo que verán en el telediario. Los elementos que dan sabor a una crónica sobre arte contemporáneo son de sobra conocidos: un poco de extravagancia, una cucharada abundante de despilfarro económico, dos tazas de histrionismo y el cálido aroma del esto lo pinta mi hijo. Un vaso medio lleno de agua vendido por miles de euros, un performer en bolas gritando en una lengua precolombina, unos retratos de políticos catalanes retirados por consejo de la organización, el siempre recurrente montón de basura.

Verán, ARCO (como el resto de las ferias de arte que se celebran esta semana en Madrid) es el mercado del arte. En eso no es muy distinta a la feria de la climatización o a la de los pomos de puerta: gente del sector que va a hacer negocio de lo suyo. Los medios podrían no cubrirla y todos tan panchos, como no se cubren las nosecuantas ferias que cada mes se organizan en los centros de convenciones de aquí y de allá. Pero el arte tiene un brillo especial, como todas esas cosas de la cultura, a las que se les presta atención y se defienden aunque no interesen demasiado. Así que hoy todos los medios generalistas enviarán periodistas para que se correteen frenéticamente por los pabellones de Ifema buscando algo escandaloso (¡polémico!) que enseñar. De fondo, una voz en off (o un par de párrafos) comentarán que Perú es el país invitado, que hay muchas galerías, cuánto cuesta la pieza más barata y cuánto la más cara y que el sábado usted puede ir con los chiquillos a darse el paseo. Como cada año, se repetirá la misma cantinela absurda y llena de clichés, que solo sirve para que los medios puedan mandar al primero que pase por allí (¿quedan gentes que tengan alguna idea de arte en los medios generalistas?) a repetirle a sus espectadores los lugares comunes que quieren escuchar. Otra vez más, el delicioso placer de confirmar un prejuicio.

Sin duda, las ferias no son el mejor lugar para ver arte, pero ARCO tiene una cobertura excepcional. Los medios podrían desempeñar un papel valioso como intermediarios (podrían aprovechar para hacer pedagogía, mencionar a los artistas nacionales que participan, la obra de los grandes nombres internacionales…) en vez de darle a la moviola de siempre: la caricatura absurda de un rico comprando un cuadro con un puntito. Y ya lo siento por los espectadores que muerdan el anzuelo, porque tragándose estas milongas y aposentándose en esos prejuicios se están perdiendo algo excepcional: el arte de su tiempo.

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