Joaquín Jesús Sánchez

Los famosos al rescate

"Una celébriti es un busto parlante dispuesto a defender causas justas"

Opinión

Los famosos al rescate
Foto: Evan Agostini
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

Por lo visto, un montón de multimillonarios de distinta ralea se han juntado en el Google Camp para discutir sobre el cambio climático. El chiste, lo habrán leído, es que los admirables benefactores de la humanidad se han desplazado hasta la acampada en sus yates y jets supercontaminantes. Se ve que el autobús de línea paraba lejos.

Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que los periodistas piden opinión a los famosos sobre asuntos que quedan fuera de su negociado. No sé muy bien por qué tengo que escuchar las milongas de un actor sobre ecología, ni por qué tantos deportistas dan charlas sobre educación. Sí, ya, ya, es que ellos tienen más «proyección pública»: todo el mundo sabe que una celébriti es un busto parlante dispuesto a defender causas justas. Pero, ¿cómo ha llegado un admirable miembro de la farándula a pontificar sobre las cuestiones más diversas? ¿Tendrá alguna responsabilidad el abnegado periodista que le pone el micro y le pregunta sobre el estado de la nación y del planeta? ¡Parece este un misterio insondable! Aguzad el ingenio, la partida está en marcha.

Conviene no ser paternalistas con el respetable: si resulta que nos vamos a cocer en nuestros propios jugos, que al menos me lo advierta alguien cualificado. Por supuesto, Sabina te arregla el mundo en La Sexta Noche mucho mejor que una docena de entendidos; ¡y está al alcance intelectual de cualquier presentador! Luego pasa lo que pasa, que sale Gwyneth Paltrow vendiéndote enemas de café y cuela. ¿Será verdad eso que dice el siempre cabal Jim Carrey sobre las vacunas? Debe serlo, nadie sabe más de medicina que alguien que hace películas.

No estaría de más que los medios recordasen su función pedagógica, o que los espectadores, lectores, oyentes y demás fauna se la hagamos recordar. ¿Usted quién es y por qué tenemos que escucharle? El asunto es grave: hace unos días teníamos a un torero juzgando violaciones y diciendo nosequé de la condición masculina; claro que los periodistas que tenía alrededor tampoco parecían mucho más espabilados. Cuando los verdaderos problemas de nuestro tiempo son expuestos y discutidos por el primero que pasa por allí se crea la ficción de que no son más que opiniones. Y ya se sabe, las opiniones son como los culos. Pero, queridas gentes de aquí y de allá, conviene dejar claro algo: lo que usted y yo opinemos sobre la eficacia de las vacunas, la certidumbre del cambio climático o la ley de la gravedad importa una mierda. Lo mismo que lo que opina Leonardo di Caprio.

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