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Jose Maria Inigo

Sonrisas y abrazos

Lo de los profesionales de la enfermería no tiene nombre. Es una vergüenza. El miedo es libre, sí, pero aún así, lo que según se dice, han hecho con sus colegas es vergonzoso, incomprensible, intolerable, que requiere de las autoridades sanitarias una reacción punible de inmediato.

Opinión

Sonrisas y abrazos

Lo de los profesionales de la enfermería no tiene nombre. Es una vergüenza. El miedo es libre, sí, pero aún así, lo que según se dice, han hecho con sus colegas es vergonzoso, incomprensible, intolerable, que requiere de las autoridades sanitarias una reacción punible de inmediato.

La noticia ha aparecido en toda la prensa mundial. “Amber Vinson, la segunda enfermera diagnosticada con ébola en EE UU, celebra su recuperación junto al equipo médico que la ayudó. Vinson fue dada de alta el martes del hospital Emory de Atlanta donde fue tratada.” Y la foto que acompaña la buena nueva nos muestra a la protagonista ex enferma de ébola sonriente, feliz, abrazando a las enfermeras y médicos que la han salvado. Como debe ser.

En España, las noticias que nos llegan del hospital de referencia en el tema ébola, el Carlos III, nos cuentan que los enfermeros e incluso médicos, compañeros de Teresa Romero, la hacen el vacío, e incluso evitan saludarla o visitarla donde se encuentra, a pesar de que los análisis aseguran de que el peligro ya ha pasado. 

Y no solo Teresa Romero sufre este desprecio, incomprensible en profesionales de la medicina, sino que los familiares, amigos y hasta padres de otros pacientes aislados por si hubieran tenido contacto con la enfermedad, se han comportado igual. 

Esa es nuestra caridad, no sé si cristiana o no. Ya lo decía alguien, “el amor es eterno mientras dura”. Esto se podría aplicar también a la amistad, al compañerismo. Somos inseparables, hasta que surge un problema, incluso supuesto problema. A las primeras de cambio, te quedas solo. Solo vinimos al mundo y solos nos iremos. Lo que no estaba previsto en nuestra particular hoja de ruta es que también nos quedáramos solos en el camino entre el principio y el final.

Lo de los profesionales de la enfermería no tiene nombre. Es una vergüenza. El miedo es libre, sí, pero aún así, lo que según se dice, han hecho con sus colegas es vergonzoso, incomprensible, intolerable, que requiere de las autoridades sanitarias una reacción punible de inmediato. Sencillamente esa actitud timorata, nada profesional, nada caritativa, no se puede consentir.

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