THE OBJECTIVE
Melchor Miralles

Me gustan las estrías

La verdadera provocación de esta mujer no está en sus labios, ni en el limón, juego de morbo que da rienda suelta a la imaginación.

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La verdadera provocación de esta mujer no está en sus labios, ni en el limón, juego de morbo que da rienda suelta a la imaginación.

El autorretrato de la modelo americana Chrissy Teigen, de 29 años de edad, colgada en su cuenta de Instagram, es seductora e inquietante. Un pantalón corto como de hacer deporte. Una camiseta barata. Unas piernas de mujer que al final, cruzan los pies reposando tobillo con tobillo. Unos moratones en los muslos. Y estrías. Y la copa. ¿Vodka? ¿Soda? ¿Tónica? ¿Gin?. Es igual, lo que destaca por la composición de la imagen es el limón, un punto turbador.

Chrissy asegura al colgar la foto que los moratones son consecuencia de haber chocado contra el cajón de la cocina, no sabemos si con reiteración, y advierte que duran una semana. Y abrocha el comentario de este modo provocador: “Estrías, ¡digan hola!”.

Confieso que me han entrado ganas de conocer a esta mujer. Y la he buscado. Y confirma mis sospechas. Es bellísima. Tiene un cabello atractivo, una boca provocadora y unos ojos preciosos. Pero sobre todo es una mujer libre y sabe disfrutar a tope de la vida. No se corta en su alimentación, consume hamburguesas y lo que le place, y se mofa de tantas y tantos mojigatas y mamarrachos que lo fían todo al físico.

La verdadera provocación de esta mujer no está en sus labios, ni en el limón, juego de morbo que da rienda suelta a la imaginación. Está en el comentario sobre sus estrías. Es retador, alborotador, fanfarrón y belicoso hacia pazguatos y estetas varios. Es un ejercicio que adivino sincero de acreditar que es compatible amar la belleza, y cuidarla, sin perder la cabeza. Que las estrías digan hola a los moratones es una muestra de facilitar la convivencia sobre su piel de elementos a priori poco gratos para mirar e impropios en el cuerpo de una modelo que se precie. Pero a mí me parecen provocadores, atractivos, un punto sexy, y excitantes, porque me excitan lo que es tal cual, y me genera rechazo lo artificial. Y porque consagran la vida vivida al máximo con el alma entregada a una cabeza y un corazón disfrutones. Y se aleja del canon oficial de belleza de pasarela o revista que detesto. Sí, a mí me gustan las estrías. Porque me gusta la belleza tal cual, sin maquillaje.

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