THE OBJECTIVE
Octavio Cortés

Lo que nos jugamos en Grecia

Nos jugamos en Grecia el deber y el haber, el querer y el poder. El parlamento griego ha revuelto las portadas como un viento, como una fiebre final. Los obispos zumban, las cañadas se desbordan, los policías municipales escriben cartas de amor en sus recámaras infinitas.

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Lo que nos jugamos en Grecia

Nos jugamos en Grecia el deber y el haber, el querer y el poder. El parlamento griego ha revuelto las portadas como un viento, como una fiebre final. Los obispos zumban, las cañadas se desbordan, los policías municipales escriben cartas de amor en sus recámaras infinitas.

En esta época de concejalas meonas, de alcaldes de bolsillo y estadistas con vistas al mar; en estos días de oquedades del sistema como grutas milenarias; en la paz soleada de estos años rellenos de anchoa.

En estas pesadillas del Arquetípico Ciclista Homosexual, en estos apretones del Banquero Europeo, Fabulante y Glicérido.

Nos jugamos en Grecia el deber y el haber, el querer y el poder. El parlamento griego ha revuelto las portadas como un viento, como una fiebre final. Los obispos zumban, las cañadas se desbordan, los policías municipales escriben cartas de amor en sus recámaras infinitas.

Los votantes rotantes (griegos de aguja) se han convertido en votantes pivotantes (griegos con sopletes) y tienen a Europa cosida por la entrepierna. Grecia regresará, con los violines y chelines del ciudadano atardecido. Grecia se alzará a los cuatro vientos, como una tendera en celo, armenia y enloquecida. Pero nosotros no estaremos ahí para contarlo.

¿Quién florecerá en esta oscuridad? ¿Quién cortejará a las nietas de Helmut Kohl, quien les hará el amor entre los matojos, como todos bien debimos?

Lo que nos jugamos en Grecia es la danza de Perséfone y el sueño de Lord Byron: bailar, soñar, dejar ser, desposeer.

Lo que en Grecia está en juego es el Juego Mismo: vivir juntos como ropa de entretiempo, como amigos de los billares, como locos amantes de barrio.

En este trecho hemos hecho de Grecia un barbecho. Cuando nos arrepintamos seremos todos comunistas de teatrillo y bocina, personas empaquetadas al vacío, habitantes de los balcones. La izquierda vociferante nos matará a bostezos, nos hundirá y ya no recordaremos, nos hundirá y ya no parecerá que nos hundimos nunca más. Seremos la Izquierda Nintendo, la banda izquierda del Titanic, el ojo bizco del general Lee.

En esta época de Sirtakis embarazados, nos jugamos todo lo que no tenemos. Exactamente eso.

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