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Melchor Miralles

Morir la vida en México

Esta semana ha vuelto a suceder. Otro periodista asesinado en Mexico. Esta semana ha sido Javier Valdez, fundador del semanario Ríodoce, especialista en la investigación y denuncia de las actividades de los narcos y sus conexiones con las autoridades federales y locales en Sinaloa.

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Morir la vida en México

Reuters

Esta semana ha vuelto a suceder. Otro periodista asesinado en Mexico. Esta semana ha sido Javier Valdez, fundador del semanario Ríodoce, especialista en la investigación y denuncia de las actividades de los narcos y sus conexiones con las autoridades federales y locales en Sinaloa. Me impactó especialmente, porque de nuevo asesinan a un colega con el que teníamos contacto en Sinfiltros.com para un reportaje. México es uno de los países más peligrosos del planeta para ejercer el periodismo. En los dos últimos meses han acabado con la vida de seis. Y sale ahora el presidente Peña Nieto, haciéndose el compungido, a decir que su Gobierno “destinará los recursos necesarios para brindar la protección que requieren los periodistas y los defensores de los derechos humanos”. Si no fuera dramático parecería una broma.

México no es un Estado fallido, es un Estado corrompido hasta el tuétano, y Peña Nieto, como sus antecesores, tiene una enorme responsabilidad, política y moral. Los narcos lo pueden todo y allí la vida no vale nada, el bandidaje hace y deshace a su antojo. No son solo los periodistas. Es cualquiera, pero hoy hablo de los colegas, porque matándoles, matan a todos los mejicanos. Por eso lo hacen. A los narcos no les parece suficiente aún la impunidad de que disfrutan. Quieren más. Y desde el Gobierno, buenas palabras y complicidad a raudales, y los ciudadanos tatuados por el salvajismo de los asesinos, y en la miseria.

Peña Nieto, a la vista de cómo va a dejar el país cuando termine su mandato, lo mejor que puede hacer es irse, cuanto antes. Cuando usted, lector, termine estas líneas, en México habrán asesinado ya a más de uno. Sólo nos enteramos aquí de los casos más relevantes. Allí lo padecen cada día, en silencio. Viven con el miedo pegado a la espalda. Y eso no es vivir, es morir la vida

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