THE OBJECTIVE
Rebeca Argudo

La teta y Logroño

«Si quieres escandalizar, Rigoberta, y vas a Logroño, acéptame el consejo: en lugar de sacarte una teta, opta por la rima consonante»

Opinión
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La teta y Logroño

Rigoberta Bandini | Raquel Manzanares (Efe)

Últimamente no hago más que descubrir cantantes por los motivos más estrafalarios. Si a Zahara la descubrí porque la llamaban puta, a Rigoberta Bandini la he descubierto por su teta. En realidad su teta no es suya. O sea, sí. Sus tetas son suyas, las dos, desde el momento que ambas pertenecen y permanecen dentro de los límites de su perímetro corporal. Pero la teta de Logroño, la que enseñó en el concierto y por eso yo la descubrí, es de la que le hacía los coros. Yo sé que no están entendiendo nada, no se preocupen: yo tampoco.

El caso es que Rigoberta Bandini, que tampoco se llama Rigoberta (se llama Paula) es cantante y el otro día enseñó una teta en un concierto en Logroño. A mí el titular me había pasado perfectamente desapercibido. Enseñar una teta en 2022 me parece tan retro como el VHS o los relojes casio. Como el coktail de gambas y la tarta al whisky. El caso es que un amigo (no quiero decir su nombre porque a lo mejor Sergio del Molino prefiere que no le cite en una columna sobre tetas) me descubrió el vídeo del concierto de Logroño. Yo estaba perpleja porque no entendía que un enseñamiento de teta en 2022 fuese noticia, pero más atónita me quedé después cuando ni siquiera la teta era suya. Supongo que si ya resultaba ridículo un titular que fuese «Rigoberta Bandini enseña una teta en Logroño», aún iba a serlo más de escribir «la corista de Rigoberta Bandini enseña una teta en Logroño». Eso no vende.

Bueno, da igual que la teta no fuera siquiera de Rigoberta, que me lío, lo interesante aquí es que Rigoberta se ha querido poner transgresora y no se le ha ocurrido otra cosa que enseñar una teta. En Logroño. Enseñar una teta hoy ya no es transgresor, no escandaliza a nadie. Ni en Logroño ni en ningún sitio. Hay tetas por todas partes. Las hay en la publicidad y en los museos, en el cine. Las hay en camisetas, en tote bags (las bolsas de tela de toda la vida ahora se llaman tote bags), en pegatinas. Las tiene tu madre y tu vecina. Las tengo yo. Y se enseñan alegremente en las playas y en las piscinas. Nadie se asusta por una teta, nadie se echa las manos a la cabeza. Hace unos días, sin ir más lejos, una amiga se sacó su teta en una cena y, mientras seguíamos hablando todos, amamantó a su llorica bebé. Cuando acabó, le dejó en la cunita, le arropó tiernamente, le besó la frente y se olvidó de guardarse la teta. Pasaron algo más de diez minutos hasta que alguien se percató y le dijo con la boca llena: «Tienes la teta fuera». Ella, sin inmutarse y metiéndose en la boca una aceituna, la atrapó en su sujetador con un mañoso movimiento que la hizo bambolearse. Y sin titulares.

«No sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas. Sin ellas no habría humanidad ni habría belleza», cantaba la Bandini levantándose la camiseta y enseñando el sujetador, que no las tetas (en una incongruencia que casa difícilmente con un espíritu rebeldón), mientras su corista enseñaba fugazmente pezoncillo. Rápido y furtivo, el tiempo exacto para que alguien en Twitter bramara que se había escandalizado un montón de gente por el gesto. Todo lo que leí era gente felicitándose porque esa teta había conseguido escandalizar a mucha gente. Yo no vi a los segundos, solo a los primeros. Empiezo a sospechar que hay una facción ideológica extremadamente puritana y adanista que cree que aquello que a ellos les exalta también lo logra con el resto de la sociedad, que se ha fabricado una imagen de esta totalmente distorsionada, en la que hay problemas y reacciones que solo se dan en sus cabezas y en las de sus seguidores en redes. Se han creado unos adversarios ficticios a su medida.

A Rigoberta me dirijo ahora, escucha. Solo te diré tres cositas:

Susana Estrada, 1978

Sabrina Salerno, 1987

Cicciolina, 1987

Si quieres ponerte irreverente a estas alturas y escandalizar, Rigoberta, y vas a Logroño, acéptame el consejo: en lugar de sacarte una teta, opta por la rima consonante.

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