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Antonio Caño

Frenar a Vox, frenar a Podemos

«No se le podrá exigir al PP que no pacte con Vox si Sánchez mantiene el Gobierno de coalición»

Opinión
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Frenar a Vox, frenar a Podemos

El líder de Vox, Santiago Abascal (d) durante un acto con motivo de la campaña para las elecciones de Castilla y León. | EFE

Sea cual sea el resultado hoy en Castilla y León, todo parece indicar que se producirá un significativo ascenso de Vox. Desde la convocatoria de las elecciones hasta la fecha, las encuestas muestran una progresiva caída del Partido Popular que coincide con el avance de la extrema derecha. El pasado mes de mayo en Madrid, sin embargo, Vox también creció al mismo tiempo que el PP obtenía un abultado triunfo, lo que hace pensar que Vox es una fuerza al alza independientemente de la evolución de cualquier otro partido.

Con los resultados de Castilla y León sobre la mesa será posible un análisis más minucioso respecto al comportamiento de los electores y el verdadero alcance del progreso de Vox. Pero, en todo caso, parece claro que el avance de la extrema derecha será uno de los asuntos centrales de la política española en los próximos meses y que parar a Vox será uno de los objetivos principales de todos quienes perciban el riesgo de un mayor deterioro de nuestro sistema democrático, cuya calidad ya está en retroceso.

¿Cómo parar a Vox? Algunos quieren dejar la impresión de que eso es una tarea exclusiva de la derecha y, particularmente, del PP, que es el más sufrirá por el asalto a su propio espacio de votantes y que es el que tiene que tomar la decisión de legitimar su validez democrática mediante pactos de gobierno. Es indudable que el PP tiene una gran parte de responsabilidad en encontrar la forma de parar a Vox, pero también el PSOE y toda la izquierda democrática debe implicarse en esa tarea, entre otras razones porque el PSOE está en el origen de su crecimiento. Nunca debemos olvidar el momento de abril de 2019 en el que Pedro Sánchez se negó a participar en un debate electoral si no lo hacía también Vox.

Desde entonces hasta ahora, no ha habido movimiento, calculado a no, de parte de Sánchez y del Gobierno que no acabe favoreciendo el avance de la extrema derecha. Las imprudencias de Pablo Iglesias, los desatinos del ministro de Igualdad, las bromas del ministro de Consumo, las «cosas tan chulas» de Yolanda Díaz, los indultos a los presos independentistas, los pactos con Bildu, los abrazos con Rufián, el desprecio constante al líder del PP, la propagación masiva de la actividad de Vox con la excusa de condenarla… prácticamente todo lo que ha ocurrido en este país en los últimos dos años, incluida la degradación del Congreso, reflejada en la votación de la reforma laboral, ha contribuido al aumento de Vox. Por supuesto que la extrema derecha tiene su propio caldo de cultivo en el que prosperar sin ayuda ajena: el miedo a la inmigración, la complejidad de nuestro sistema autonómico, la lejanía de las instituciones europeas. Pero, con esas mismas circunstancias, la extrema derecha nunca consiguió prender antes en nuestra democracia, y no lo hubiera hecho ahora si no se le hubiera abierto la puerta de las instituciones a la extrema izquierda, a los independentistas y a los antiguos socios de ETA.

El aumento de la extrema derecha es consecuencia evidente del poder de la extrema izquierda. Hay visiones sectarias que atribuyen peligros a Vox que no detectan en Podemos. Ambos objetan la Constitución en algún punto de su programa y ambos conducen a la sociedad al enfrentamiento. No será posible frenar a Vox sin poner fin a la mayoría de la investidura. No podrá evitarse que Vox entre en las instituciones si no se impide ahora que lo haga Podemos. No se le podrá exigir al PP que no pacte con Vox si Sánchez mantiene el Gobierno de coalición.

Entiendo que el panorama electoral español ha acabado siendo el que es y que de alguna forma habrá que formar gobierno después de cada votación. Doy por hecho que la época de las mayorías absolutas se ha acabado y que ni PP ni PSOE podrán volver a gobernar en mucho tiempo sin apoyo de otros partidos. Está en su mano, pues, decidir con quién hacerlo. No hay fórmulas sencillas; todas las opciones previsibles se antojan ahora mismo inviables, escasas o muy costosas, incluida la de un acuerdo entre los dos grandes partidos. Pero, llegado el momento, habrá que elegir cuál es la menos mala de las soluciones. Y si de verdad el propósito es frenar a Vox, tanto PP como PSOE tendrán que actuar en consecuencia.

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