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Teodoro León Gross

La fiscal general del César... y los comisionistas

«La fiscal general Dolores Delgado es un antídoto de la credibilidad en sí misma»

Opinión
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La fiscal general del César... y los comisionistas

La fiscal general del Estado, Dolores Delgado. | Isabel Infantes (Europa Press)

Ante la investigación del escándalo de los comisionistas de mascarillas en Madrid, a quienes la Fiscalía ha puesto la proa por el “exagerado e injustificado beneficio económico”, ahí está de nuevo el agujero negro de Dolores Delgado. En esto sucede como con la mujer del César, que más allá de ser honesta, ha de parecerlo. Y la fiscal general Dolores Delgado es exactamente lo contrario: un antídoto de la credibilidad en sí misma, capaz de poner bajo sospecha cualquier titular que contenga la palabra Fiscalía. Incluso si se trata del escándalo sonrojante de esos comisionistas pijos con el espectáculo descarnado de la pasta sacada a la desesperación y al miedo ante la pandemia, exhibiendo el Ferrari o el yate o los Rólex. Aunque en realidad poco importe en qué se gastasen los seis millones, o mil millones de pesetas, moneda que da mejor la escala volcánica de la operación, y ya se entiende que nadie destina una cifra así a comprarse un Tata de segunda mano o una zodiac de marca blanca; Dolores Delgado se basta para desviar el debate a las sospechas sobre el partidismo de las actuaciones de la Fiscalía. Cuesta creer que en Moncloa no hayan actuado ya para acabar con este despropósito. En la balanza, se deduce, los servicios prestados por la fiscal general pesan más que ese descrédito.

Para esto no era necesario que el Tribunal Supremo le arreara esta misma semana otro varapalo a Dolores Delgado al anular el nombramiento del fiscal de Sala de Menores, en el que se había antepuesto una vez más el sesgo ideológico al curriculum de méritos. Se repite tanto el sesgo en sus nombramientos que ya sólo es noticia si ocurre lo contrario, como aquello del niño que muerde al perro. Tampoco era necesario que se pusiera en entredicho la actuación de la Fiscalía Europea con el hermano de Ayuso, puesto que la fiscal Concha Sabadell es compañera de fatigas del compañero sentimental de Dolores Delgado, el ex juez Baltasar Garzón. O que hayan saltado las alarmas por la maniobra del Gobierno para blindar su ascenso al Tribunal Supremo y asegurarse hilo directo con las investigaciones en curso. Todo lo que toca Dolores Delgado, como una reina Midas al revés, se convierte en lodo. Y esto era más que previsible desde que saltó de las listas electorales del PSOE en calidad de ministra a la Fiscalía General del Estado, hito de las denominadas ‘togas giratorias’ toda vez que los juristas van y vienen de los tribunales a la política con mucho más descaro que a los consejos de administración de las eléctricas.

¿Consecuencias? Cada acción de la Fiscalía se ve finalmente bajo la sospecha de la politización partidista, de los servicios prestados al Gobierno, lejos de cualquier credibilidad. En esto de las comisiones ha sucedido como en los abusos de menores tuteladas, con tanta urgencia para denunciar un caso en Madrid como reticencia para mover papeles en Baleares o en la consejería valenciana de Mónica Oltra donde gobierna su partido. Y por eso al plantear la comisión del Ayuntamiento de Madrid, apenas bastan unos segundos para que alguien pregunte ¿y no van a investigar las compras irregulares de los ministerios, consejerías, diputaciones  o ayuntamientos donde gobierna el PSOE? En apenas unos segundos se mencionan los 263 millones del contrato del ministro Illa a una empresa catalana de alimentación, o la compra colegiada de las diputaciones socialistas andaluzas, o las operaciones bajo el paraguas de Ábalos… Claro que el espectáculo del y-tú-más siempre es vulgar, pero también es inevitable cuando la Fiscalía se ha desprestigiado a sí misma a golpe de acciones tendenciosas.

El pacto de la Justicia debería ser prioritario. Pero no un acuerdo para trapichear con los nombres del Poder Judicial, que en definitiva no es un pacto sino un reparto, sino para prestigiar las instituciones judiciales e invertir en modernizar una administración demasiado covachuelista que de tanto en tanto queda desnudada por algún error fatal. En definitiva, el Pacto por la Justicia pasaría exactamente por lo contrario que le reclama Sánchez ahora a Feijóo, según vienen practicando PSOE y PP desde hace décadas, y que de momento éste prefiere no devolver a los corrales, aunque haya salido de Moncloa con la certeza de que Sánchez no quiere consensos en asuntos de Estado sino adhesiones en asuntos de Gobierno. Lasciate ogni speranza.

La comisión impúdica del hijo del duque de Feria y su socio contiene, más allá de la presunción de inocencia, muchos detalles turbios e indignantes para un país que transita del miedo virus al miedo a la pobreza, aunque siempre convenga poner en cuarentena estas investigaciones cuando te colocan delante el anzuelo de las fotografías en el yate o el precio del Lamborghini para fomentar el espíritu de las costureras de la Place de la Concorde pidiendo que rueden cabezas antes que investigaciones rigurosas. Por supuesto el escándalo exige, como Goethe en su lecho de muerte, ¡luz, más luz! Pero ahí está una vez más el agujero negro de Dolores Delgado, con el desprestigio del ministerio público, para ensombrecer las actuaciones y avivar otro debate de hechuras partidistas. Es el precio por mantener en la Fiscalía General a una empleada de Moncloa al servicio de la causa.

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