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Pilar Marcos

Pedro y sus termitas: ¿el fin de Frankenstein?

« Pedro y sus termitas comparten la inamovible convicción de que no hay nada peor en el Universo que la derecha, entendida ésta como todo aquello que no es ‘Frankenstein’ porque ni quiere ni puede serlo»

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Pedro y sus termitas: ¿el fin de Frankenstein?

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Las termitas que sostienen al Gobierno de Pedro Sánchez al precio de ir horadando el edificio constitucional español se han aficionado a lanzarle avisos con forma de ‘Pedro y el lobo’. Muy enfadadas, despliegan advertencias de ruptura y terminación hacia el Gobierno que más facilidades ha decidido concederles para la expansión de su carcoma. Para competir con ellas, Pedro se afana en agujerear por sí, y ante sí, las vigas de la casa común. A la vez, y para vigilar sus planes, alguien les lanza Pegasus’ con los que escuchar sus quejidos y lamentos. Él cree que ninguna amenaza de ruptura es creíble porque no es siquiera pensable un Gobierno que pudiera dar a nuestras variopintas termitas tantas facilidades para que puedan desplegar su afición por reducir al serrín cualquier viga-maestra de eso que llamamos España. ¿Con quién podrían estar mejor? 

Sin embargo, la amenaza de ‘Pedro y el lobo’, aquí en forma de abrupto fin de la legislatura, no es ni imposible ni impensable. Aunque es improbable, podría ocurrir justo cuando más risibles nos parezcan los avisos de las termitas de Pedro. 

¿Por qué? Primero, y principal, porque empieza a ser evidente que el fin de fiesta es irremediable. Y nadie querrá quedar como el último sostén de Sánchez. Aguantar hasta el final, apagar con él luces y guirnaldas, llevará a mutualizar los costes que soportará el Partido Socialista en forma de dramático hundimiento electoral como pago acumulado por estos años de aventurerismo sanchista. Ningún partido de su variopinto ‘Frankenstein’ querrá ser su último apoyo. Si pudieran, incluso los del PSOE escaparían de tan triste destino. 

Hasta hace poco, cuando la caída de Sánchez parecía más que improbable porque no había una alternativa creíble, cualquier amenaza de ‘Pedro y el lobo’ de sus termitas quedaba en pura gesticulación. Ninguno de los componentes de ‘Frankenstein’ tenía entonces la menor intención de abandonar su puesto en el conglomerado. Ahora ni llegan a tiempo de registrar sus perdedoras coaliciones electorales. Por eso, cada solemne declaración presidencial de agotar la legislatura suena a agónica imploración para exprimir las últimas gotas de un mandato que no debe tener continuidad. El señor presidente se ha hecho intolerable para una amplísima mayoría de españoles que ven con estupor cómo lo descompone todo; miran a su derecha, suman y constatan que la alternativa -por fin- es creíble. El ‘por fin’ se llama Alberto Núñez Feijóo. 

Si ninguno de los socios querrá ser el último sostén de Sánchez, tampoco ninguno querrá ser el primero en abandonar el barco. Y ningún Gobierno se cae solo. Ser el primero en saltar tiene sus costes, sobre todo cuando el principal no se quiere ir bajo ningún concepto. Además, Pedro y sus termitas comparten la inamovible convicción de que no hay nada peor en el Universo que la derecha, entendida ésta como todo aquello que no es ‘Frankenstein’ porque ni quiere ni puede serlo. Las prisas por romper acelerarían la llegada al poder de tan aborrecida derecha, y ése es un dramático suceso que conviene posponer.

¿Cuánto conviene posponer? Pues ahí empieza el muy español juego de ‘las siete y media’. Cuanto más alejada esté la colonia de termitas del centro de poder sanchista, cuanto mayores sean las prebendas que ya se hayan cobrado y menor la hijuela aún por exprimir, más pequeño será el coste de actuar como sentenciador del final de la Legislatura y mayor el potencial beneficio de asumir un renovado rol de auténtica oposición. ¿Oposición a qué? Oposición a lo español, evidentemente; a la España constitucional, por ser precisos.

Por eso habitan en Cataluña los socios con más incentivos a ser los primeros en abandonar ‘Frankenstein’. Los indultos y el trato favorable a los sediciosos con el cambio en el Tribunal de Cuentas son dos regalos difíciles de superar. Siempre quedarán muchas pedreas, pero no es lo mismo. Y ‘Pegasus’ es más que un incentivo para la ruptura: es la excusa perfecta.

Los partidarios de una pronta salida de ‘Frankenstein’ aún no habitan en el País Vasco porque todavía quedan (pocos) presos a la espera de su ‘ongi etorri’ de vuelta a casa, y (también) porque algunos acarician la idea de un Otegi-lehendakari en las próximas elecciones vascas, gracias a los votos del PSE. 

El viento del sur, desde Andalucía, avisa tormenta en Podemos si la noche del 19-J concluye con una dramática volatilización de las fallidas coaliciones del ‘espacio-Yo-Yolanda’. El 19-J puede levantar un vendaval, incluso, en lo que quede del PSOE con capacidad de alzar la voz para pedir que se intente minimizar daños a los alcaldes socialistas en las municipales y autonómicas de mayo de 2023. 

A partir del 20 de junio podremos ver un agónico juego de las siete y media. Ahora solo estamos de ensayo general.

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