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Victoria Carvajal

La estrella de Pedro Sánchez

«Lo mínimo que se puede exigir al Gobierno es más ambición y rigor en su política económica»

Opinión
La estrella de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.|Europa Press

¿Que el plan de Estabilidad que el Gobierno envió a Bruselas carece de un plan fiscal a medio plazo y eso puede disparar la deuda pública? Pedro Sánchez puede estar tranquilo porque el plazo excepcional dado para incumplir las reglas fiscales en la Unión Europea se alarga otro año, hasta 2024. Puede seguir aumentando el gasto en pensiones sin tener un plan B que evite que su peso en el déficit aumente. Puede emitir bonos y letras del Tesoro aunque sea a los tipos de interés más caros que ya está exigiendo el mercado aunque se engorde la factura del pago de la deuda. Puede seguir ejecutando de forma deficitaria y poco transparente los fondos europeos. El aumento de los ingresos fiscales por la subida de la inflación y la llegada del maná europeo evitarán que el déficit por lo menos a corto plazo se dispare. Y eso parece satisfacer a una Europa desbordada por la crisis energética y de refugiados que ha provocado la invasión de Rusia a Ucrania. No importa cuánto comprometan estas políticas la estabilidad fiscal de España y su potencial de crecimiento a medio plazo. Se trata de aguantar hasta las elecciones generales, cuya celebración está prevista para 2023.

Cabe recordar que esta actitud más laxa adoptada por las autoridades europeas, sensible a no repetir los errores de la Gran Recesión de hace diez años y por ello más permisiva con los países del Sur, contrasta con la adoptada durante la anterior crisis de 2008-13 que tuvo que gestionar el Gobierno de Mariano Rajoy cuando además de exigir políticas de austeridad que solo prolongaron la agonía, no hubo acuerdo alguno para estimular las economías ni por supuesto emisión alguna de eurobonos como la ocurrida en la crisis del Covid-19. ¿Y qué decir de la propuesta aceptada por Bruselas para dar autonomía a España y Portugal en la fijación de los precios del gas por considerar a la península ibérica una suerte de isla energética? Beneficiosa para ambos países, pero alejada de la solidaridad energética que necesita el continente para independizarse del gas y petróleo de Rusia. De forma que no solo en la política es capaz Pedro Sánchez de sobrevivir a un escándalo tras otro, aun a costa de la degradación de las instituciones públicas. También en el frente económico el presidente tiene una estrella.

Visto lo ocurrido con Paz Esteban López al frente del CNI, que se ande con cuidado Cristina Herrero, la presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que ha presentado esta semana un documento en el que un tono más duro de lo habitual señala que el Programa de Estabilidad remitido por el Gobierno a Bruselas a finales de abril, en el que este informa de sus políticas económicas para el periodo 2022 a 2025, presenta «graves deficiencias». En concreto, critica que no contenga medidas para contener la ingente deuda; que no detalle el Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia pese a su importante peso en las previsiones de crecimiento, y que fíe toda la corrección del déficit al crecimiento. Herrero se lamenta de la vaguedad y la falta de compromiso del Ejecutivo en muy diferentes ámbitos, alejado de la compleja realidad económica de España. Por un momento podía parecer que estaba describiendo al mismísimo jefe del Ejecutivo.

La AIReF fue creada en 2013 para velar por la sostenibilidad de las cuentas públicas y evitar la acumulación de desequilibrios fiscales que nos pueden hacer vulnerables ante crisis como la financiera de 2008-13, que puso a España al borde de la expulsión del euro. El hoy ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá fue su primer presidente. Herrero, designada por el Consejo de ministros a propuesta de la vicepresidenta económica Nadia Calviño, ocupa su cargo desde enero de 2020. Su preocupante diagnóstico sobre las finanzas públicas, tan alejado del triunfalismo repetitivo y cada vez más desacreditado de Sánchez, ¿la convierten en otra funcionaria incómoda?

Quizás la advertencia más grave de todas las lanzadas por la AIReF sea la de que si el Gobierno no toma medidas en el corto plazo y se enquista el déficit estructural (el más alto de la eurozona), la deuda pública podría pasar del 109% del PIB en 2022 hasta el 140% en 2040, el nivel al que llegó Grecia antes de ser intervenida por la troika en la anterior crisis.

Y el panorama solo se puede complicar. Basta con mirar al exterior. La invasión rusa de Ucrania solo ha venido a amplificar las enormes incertidumbres existentes en la economía mundial: los precios de la energía siguen su imparable escalada, la mayoría de materias primas que van desde metales a grano de trigo solo se encarecen, la inflación y las subidas de los tipos de interés alimenta la inestabilidad financiera, el crecimiento se está debilitando y algunos países no descartan ya entrar en recesión. Y el Covid-19 sigue estar dominado, sin que se pueda descartar que mute en una variante que resulte resistente a las vacunas.

Bienvenida sea por ello la llamada de atención de la AIReF. En este contexto de tremendos desafíos, lo mínimo que se puede exigir al Gobierno es más ambición y rigor en su política económica. Porque si envenenada será la herencia política que deje Pedro Sánchez, en términos de los daños infligidos a la legitimidad de instituciones claves para el funcionamiento del Estado de Derecho, ¿estamos a tiempo de evitar que lo sea también la económica?

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