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Álvaro Nieto

La peor obsesión de Pedro Sánchez

En apenas cien días ha logrado tumbar la pretensión de la francesa Vivendi de subir su participación en Prisa y, además, colocar en el accionariado a uno de los asiduos a las pachangas de baloncesto de Moncloa

Opinión
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La peor obsesión de Pedro Sánchez

José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y Felipe González en el último congreso del PSOE. | EFE

Pedro Sánchez está obsesionado con el grupo Prisa. Y más en concreto, con el diario El País. Es verdad que todos los dirigentes del PSOE han intentado poner a su servicio el principal periódico de España, pero la obsesión de Sánchez con esa cabecera roza lo enfermizo.

Esa fijación nació el 1 de octubre de 2016. Sí, aquel día en que el hoy presidente del Gobierno tuvo que abandonar la Secretaría General del PSOE tras un tumultuoso Comité Federal. Aquella mañana, Sánchez se desayunó con un inaudito editorial de El País titulado «Salvar al PSOE» y donde se le llamaba, entre otras lindezas, «insensato sin escrúpulos». En apenas siete párrafos el diario de Prisa retrataba al líder socialista en un texto que entonces pareció algo excesivo y que hoy, tras todo lo que ha llovido, resulta casi profético.

Sánchez siempre atribuyó a aquel editorial buena parte de la culpa de su salida del PSOE. Si no hubiera habido una señal tan contundente por parte de Prisa, sus compañeros seguramente no le habrían dado la espalda obligándole a marcharse. Y desde aquel día se juramentó para recuperar el trono perdido y vengarse de todos cuantos le habían acuchillado.

Las pruebas de esa obsesión están en buena medida contenidas en la entrevista que Sánchez concedió al periodista Jordi Évole el 30 de octubre de aquel año, y donde detalló las supuestas presiones que recibió por parte de Prisa para entregar el poder a Mariano Rajoy, que necesitaba en aquellos momentos la abstención del PSOE para poder gobernar.

Tanta fue siempre la obsesión de Sánchez con Prisa que, nada más ganar la moción de censura de 2018 y convertirse oficialmente en presidente del Gobierno, provocó un golpe de mano en El País que acabó con la destitución no solo de su director, Antonio Caño, responsable de aquel duro editorial, sino también con el despido de sus siete periodistas más próximos: Javier Ayuso, José Manuel Calvo, David Alandete, Luis Prados, José Ignacio Torreblanca, Maite Rico y quien esto firma. Al día siguiente, también fulminaron a Alfredo Pérez Rubalcaba, que era miembro del comité editorial de El País y al que Sánchez responsabilizaba de buena parte de la conspiración para desalojarle de la calle Ferraz.

Al servicio del sanchismo

Desde ese día, El País ha sido un periódico al servicio del sanchismo: se ha cubierto de elogios al presidente, se han minusvalorado sus errores y se ha mantenido convenientemente la presión sobre el Partido Popular, como se ha visto la semana pasada con esos extemporáneos audios del excomisario Villarejo.

Las tres personas que más han mandado en Prisa en los últimos años (Joseph Oughourlian, presidente del fondo Amber Capital; José María Álvarez Pallete, presidente de Telefónica; y Ana Botín, presidenta del Santander) han venido garantizando el mantenimiento de esa línea tanto en El País como en la Cadena Ser. Sin embargo, uno de ellos, Álvarez Pallete, que hace años que quería irse de Prisa porque lo consideraba un negocio ruinoso, ha puesto pie en pared antes de que sea demasiado tarde: el futuro de Sánchez es negro y en la operadora se ha entendido que ha llegado la hora de marcar distancias, por lo que pueda pasar tras las próximas elecciones generales.

Pallete ha puesto pie en pared antes de que sea demasiado tarde: el futuro de Sánchez es negro y ha llegado la hora de marcar distancias por lo que pueda pasar tras las próximas elecciones generales

Como ha ido contando magistralmente Fernando Cano en THE OBJECTIVE, esa salida de Telefónica, que fue comunicada a Moncloa con tres meses de antelación, activó todas las alertas en el Gobierno, por lo que se pusieron a trabajar para encontrar un comprador que mantuviese la línea editorial del grupo. Al final el elegido ha sido el empresario Andrés Varela, antiguo socio de José Miguel Contreras cuando Zapatero les concedió La Sexta y uno de los productores de la serie promocional con la que Sánchez pretende amenizarnos la próxima campaña electoral.

Varela, que es hijo de Manuel Varela Uña, exconsejero de Prisa y mano derecha del exministro Alberto Oliart, creó Global Alconaba el pasado 24 de marzo… y dos meses después esa sociedad acaba de comprarle el 7,1% a Telefónica por 34 millones de euros. Y la gran pregunta que se hace medio Madrid estos días es de dónde va a sacar Varela ese dinero, pues salta a la vista que no lo tiene.

Sánchez sabe que los próximos meses van a ser decisivos (elecciones autonómicas, locales y generales) y que necesita un fuerte apoyo mediático y, por supuesto, la máxima implicación del diario El País. En este sentido, la jugada le ha salido redonda: en apenas cien días ha conseguido tumbar la pretensión de la francesa Vivendi de subir su participación del 9,9% al 20%, ante las dudas sobre su línea ideológica, y colocar en el accionariado a Varela, otro de los asiduos a las pachangas de baloncesto de Moncloa, tanto con Zapatero como con el propio Sánchez.

Objetivo cumplido. Agárrense a la silla porque seguramente veremos en los próximos tiempos cosas nunca vistas hasta ahora. Pero la gran incógnita es si ese control férreo sobre Prisa será suficiente para garantizar que Sánchez salga vivo de las urnas. Él cree que sí, pero su obsesión con El País le impide darse cuenta de que todo está cambiando demasiado rápido. La España de 2022 no es la España de 2016. Veremos.

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