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Teodoro León Gross

La izquierda 'hooligan' de Vox

«El PSOE no quiere evitar una extrema derecha fuerte. Al revés: quiere una extrema derecha muy fuerte»

Opinión
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La izquierda 'hooligan' de Vox

Macarena Olona.

Los andaluces no son tontos. Y ese bien hubiera podido ser el título de este artículo. Aunque hay dirigentes que parecen creer a estas alturas, como aquel Pujol de años atrás, que el andaluz genéricamente es «un hombre poco hecho», o sea, «un hombre que hace centenares de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia, y de miseria cultural, mental y espiritual», en definitiva, «la muestra de menos valor social y espiritual de España». El nacionalismo catalán llegó a cuidar algo más las formas, pero solo las formas. Ha habido muchos desprecios sobre todo desde la derecha nacionalista catalana, en menor medida vasca, y más de la castellana, aunque no sólo desde la derecha. En Andalucía, un pueblo viejo con instinto sabio, se toma nota.

Estos días, muchos analistas políticos se preguntan cómo va a reaccionar el electorado andaluz a la campaña en curso, aunque todavía lleve oficialmente el nombre de precampaña. Está circulando mercancía muy averiada, y es una incógnita. No es que la demagogia electoral sea nueva. Aquí, como en cualquier parte, ya se ha ensayado toda clase de electoralismo espurio. Pero hay algo que está pervirtiendo la campaña, sobre todo el eje PSOE-Vox. Son socios de campaña. Socios antagonistas, pero en definitiva aliados con intereses comunes que tratan de abortar el triunfo continuista del Gobierno moderado. Cuesta creer, de hecho, que eso les pueda funcionar; pero tal vez esa presunción sólo se deba a aplicar una óptica de la democracia liberal a un tiempo en que el populismo iliberal no sólo ha irrumpido con formaciones nuevas sino socavando el viejo bipartidismo, y ya se ha visto en Francia, donde el Partido Socialista se ha integrado en el podemismo de La Francia Insumisa.

Del lado de Vox no sorprende demasiado el planteamiento de campaña, marcando la agenda con una hábil combinación de hitos y mensajes provocadores. Y sin dar apenas un solo contenido sustancial sobre la realidad andaluza. Su campaña no va de eso. En Almería convocaron un Foro sobre Inmigración, donde se hicieron acompañar por Fratelli d’Italia o los holandeses del JA21, y también los Sverigedemokraterna suecos, para agitar sus fetiches con cifras muy distorsionadas. Y la operación empadronamiento ha sido tan torticera como brillante. Macarena Olona, una mujer inteligente y muy bien formada, no podía ignorar lo que sucedería. Curiosamente, además, el amigo que la aloja contribuyó en el momento adecuado a incendiar la polémica. A Olona le hubiera costado poco alquilarse una casa (¿no estará cobrando, además, la dieta en el Congreso por residente fuera de Madrid?) y evitar cualquier lío. Salvo que busques el lío. Y con los tiempos muy bien medidos para fomentar el victimismo marca de la casa: ¡el establishment corrupto nos quiere echar!

Y en el PSOE, encantados. Resulta paradójico, sobre todo considerando que Vox activó su campaña con el autobús «Devolved lo robado» dedicado a los ex presidentes socialistas y los escándalos de corrupción que aún les persiguen. Días atrás, ante la enmienda de la prostitución, los mensajes desde Vox venían a decir «en este asunto estamos en desigualdad de condiciones con el PSOE; ellos saben más». A Juan Espadas lo llaman, en su versión más suave, «el marido de la enchufada de Faffe [uso de fondos de formación de parados en puticlubes]».

Pero el PSOE necesita desesperadamente a Vox, y en Vox les muestran la muleta a sabiendas de que toda la campaña socialista está orientada al auge de Vox. Juan Espadas ya ha establecido, meridianamente, que nunca se abstendrá para evitar su entrada en el Gobierno andaluz. Bibloquismo con barricadas. En el PSOE asumen que sus expectativas son mediocres pero aún creen que pueden lograr un gran resultado. ¿Y cómo? Pues muy sencillo: para ellos será un grandísimo resultado un Vox fuerte que entre en el Gobierno. Desde ese momento, Espadas cree que empezará la recuperación del poder pero sobre todo Moncloa –y esta es una campaña a todas luces dirigida desde Madrid– tendrá su relato. Con Castilla y León no basta; Andalucía, ya con Feijóo, sí.

En el PP son conscientes de que esa es la estrategia con la que el PSOE va a tirar de aquí al 19J : «¡Vox, Vox, Vox!» Todo el tiempo «¡Vox, Vox, Vox!» como si fueran ingenieros de Fórmula 1. Ese es el mensaje de Sánchez y Bolaños para la campaña del PSOE. Incluso resulta de una lógica aplastante deducir que los de Bolaños han promovido la maniobra de la alcaldesa socialista de Salobreña para alimentar el enredo absurdo del empadronamiento provocado por Vox, en lugar de ignorarlo como otros candidatos. Es un hilo del que la tropa de Olona va a seguir tirando, llevando a la alcaldesa a los tribunales.

Esta es la realidad paradójica y enajenada. El PSOE no quiere evitar una extrema derecha fuerte. Al revés: quiere una extrema derecha muy fuerte. Su convicción es que eso hará perder puntos a Feijóo, y ganar enteros al PSOE recuperado a sus votantes desmovilizados o incluso desplazados al centroderecha. Feijóo ha insistido ayer mismo en que él «nunca» va a renunciar a «una mayoría amplia», extendiendo el mensaje a toda la organización y animando a Juanma Moreno a ello: «Empecemos a hacer esto en Andalucía». Es justamente lo que PSOE y Vox tratan de evitar: Vox para hacerse necesarios contra el voto ancho del PP que sufrieron en Madrid; y PSOE porque a eso confían su recuperación.

¿Funcionará en Andalucía? Hay muchos motivos para temerlo. Pero, eso sí, los andaluces no son tontos. Nada tontos.

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