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Teodoro León Gross

Votocortismo vs votolarguismo

«El votocortismo de Sánchez, único superviviente de la generación de líderes votocortistas en la ola de populismo iliberal, no parece que pueda durar demasiado»

Opinión
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Votocortismo vs votolarguismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Europa Press

Tras la onda expansiva de las elecciones andaluzas que mañana alcanzará al plan anticrisis escenificado en Moncloa con la máxima trompetería y tachintachán, y con permiso de la polémica nacional del mangacortismo y el mangalarguismo que ha desencadenado el gran Montano desde THE OBJECTIVE, la cuestión ahora podría formularse como votocortismo vs. votolarguismo. Es impensable competir con la apasionante polémica de la manga corta o la manga larga que ha sido capaz de agitar a Ignacio Vidal-Foch, Arias Maldonado, Jorge Bustos, Carlos Mayoral, José Carlos Llop, Magnífico Margarito, Chapu Apaolaza… pero conviene detenerse en esto: voto corto, voto largo.

Si algo define el votocortismo/votolarguismo es situarse o no en la realidad. Y seguramente todo ha contribuido a propiciar, en la segunda década del siglo XXI, un ciclo de votocortismo populista. Evocar los debates electorales de primavera de 2019 es asomarse a un retablo votocortista fallido: Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias. La inmediatez votocortista arrastró a tres de ellos, con distintas miopías y ficciones, y sólo ha sobrevivido Sánchez, eso sí, aferrado al poder con el Gobierno Frankenstein que en sí mismo es un manual de votocortismo. Acaba de acreditarlo con el 5% del IVA de la luz para dar desviar los focos del fracaso andaluz en la sesión de control.

Entendiendo el votolarguismo como el discurso político situado en la realidad para ofrecer respuestas a ésta,; el éxito de Juanma Moreno al sur de Despeñaperros obedece al acierto estratégico de una campaña votolarguista, rehuyendo estratégicamente la provocaciones estériles incluso en los debates, pero también debe mucho al votocortismo de sus rivales. El PSOE ha hecho la campaña no al servicio de los andaluces sino de Moncloa, colocando a Vox como argumento central. Y su candidato culpa a las familias andaluzas de no haber entendido que las propuestas del partido eran por su bien. Y Vox, entre tanto, ofrecía a Moreno el puesto de vicepresidente mientras amenazaba con abortar su investidura de no plegarse a sus condiciones. Hace falta mucha miopía para no ver en las encuestas que tu electorado aprobaba a Moreno y su gestión, de modo que esas amenazas y ese desdén suponían invitar a votar a PP. Aún sorprende el nivel de votocortismo de PSOE y VOX, o de Por Andalucía, con la bendición de Yolanda Díaz, a golpe de aguafuertes irreales como si la sanidad andaluza fuese tipo Bangladesh, la seguridad tipo Venezuela, la enseñanza tipo Burundi y la calidad de vida entre Siberia y Turkmenistán.

El PSOE, tras el recuento, considera que las elecciones andaluzas no se pueden extrapolar. En 2015, Sánchez explicó, tras ganar Susana Díaz allí, que el PSOE había empezado «a ganar España, porque Andalucía ganó a Rajoy…». Para Sánchez vale lo que en cada momento le vale a él; votocortismo de manual. Carmen Calvo ya aclaró que lo dicho Pedro Sánchez no servía para el presidente Sánchez…  Y así todo. No es ya Marruecos o Argelia, sino hacerlo todo, desde traer a Ghali provocando la crisis de Ceuta al gas, como puro ejercicio votocortista. Hoy toca cambiar la ley ya cambiada por él mismo para poder nombrar jueces a la carta. El paroxismo del votocortismo. Ahora de nuevo reacciona con cheques a las derrotas electorales (el bono cultural joven se ha quedado en el ruido de otra resaca) o con una bajada de impuestos que, cuando la pedía semanas atrás la oposición, se le respondía que era inútil (Teresa Ribera)  y facha (María Jesús Montero). Garamendi ironizaba ayer sobre lo progresista de la medida.

Perdida Andalucía, hay que apostar por Cataluña y rápido. Se trata de asegurar la estabilidad de lo que queda de legislatura. Claro que el entreguismo allí  –indultos, pertes, cabeza de la directora del CNI, piolines, tratamiento de jefe de Estado…– pasa factura en el resto de España. Pero el votocortismo manda. En Andalucía ha supuesto una sangría, como intuyen Page o Lambán. Y el caso es que la Generalitat les da poca tregua, por más tratamiento privilegiado que reciban; y sigue desafiando la legalidad y la imagen de España en el exterior con campañas de desinformación ante las que el Gobierno mira para otro lado. Entretanto, Yolanda Díaz, líder del EQRYD (El Espacio Que Representa Yolanda Díaz) no se tomó ni 24 horas para reaccionar al fiasco en Andalucía lanzando tuits con medidas sociales para apropiarse de la iniciativa del Plan Anticrisis. El Estado del Bienestar según el estado de las urnas.

El votocortismo de Sánchez, único superviviente de la generación de líderes votocortistas en la ola de populismo iliberal, no parece que pueda durar demasiado. Feijóo es una incógnita. Sus 13 años de Gobierno en Galicia tal vez sean un aval, pero está por examinarse en la política nacional por ejemplo huyendo del no a todo lo que venga del Gobierno desde las barricadas de la sinrazón. Pero tal vez lo que más inquiete en el PSOE de lo sucedido en Andalucía sea precisamente lo arrollador que puede ser un discurso votolarguista, léase realista y moderado, en el tablero votocortista donde ellos están atados al pack frankensteiniano con Unidas Podemos, partido del Gobierno que el domingo estará en la manifestación contra la Cumbre de la OTAN que organiza el Gobierno, y Esquerra, Bildu… Y al otro lado Vox. ¿Ha vuelto el votolarguismo?

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