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David Mejía

Redoble de sanchismo

«El PSOE reacciona a su derrota andaluza redoblando los ritmos del sanchismo»

Opinión
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Redoble de sanchismo

Pedro Sánchez y Juan Espadas. | Europa Press

Una de las características que distingue al ser humano de otras especies es nuestra tendencia a insistir en conductas que se han demostrado infructuosas para lograr un objetivo. Alargamos relaciones que no van a ninguna parte, mantenemos inversiones menguantes y sufrimos distintas versiones del lema «ya que estamos». Algunos economistas llaman a esto «falacia del coste hundido» (sunk cost fallacy), esa tendencia a seguir adelante con una tarea por haber invertido tiempo, esfuerzo o dinero en ella, con independencia de que los costes superen los beneficios.

Pienso en estas cosas al observar cómo el PSOE ha reaccionado a su derrota en Andalucía, redoblando los ritmos más característicos del sanchismo. No ha transcurrido ni una semana desde el domingo fatídico y ya sabemos que el Gobierno planea tramitar una reforma exprés que permita al Consejo General del Poder Judicial y al Gobierno nombrar nuevos magistrados en el Tribunal Constitucional, que sustituirá al presidente del INE por un hombre de confianza del ministro Escrivá y que se ha hecho con el control de Indra con malas artes, provocando, por cierto, una devaluación de un 20%.

Sorprendentemente, la obsesión del Gobierno por fagocitar instituciones y por controlar el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional parece haberse agudizado tras el correctivo andaluz, ¿por qué insistir en un modo de gobernar que los ciudadanos reprueban? Ya digo, los seres humanos insistimos en comportamientos fallidos. Claro que el comportamiento sería fallido si asumimos que Pedro Sánchez está pensando en ganar las próximas elecciones, tesis aventurada ante una personalidad definida por el cortoplacismo.

Es más verosímil pensar que Sánchez da por perdidas las elecciones generales y solo piensa en agotar la legislatura -lo que explicaría la reactivación de la famosa mesa de diálogo- y hacerlo acaparando en el camino todo el poder posible. Se repliega sobre sí mismo y lanza zarpazos como un animal herido. Los suyos saben que su imagen es un lastre, y se lo harán notar en víspera de las municipales. Y cuando un líder no suma es porque ha dejado de serlo.

Es difícil anticipar la gravedad del daño provocado por este uso descarado y despótico del poder. Queda confiar en que aquellos que sucedan a Sánchez quieran corregirle y no emularle: el problema del mal gobierno es que establece un precedente. Esperemos que no sea así, que la sutura institucional sea posible y el Estado resista. Menos esperanzas depositaría en la posibilidad de reparar el partido, y aún menos de revitalizar un proyecto de izquierdas ilustrado que hoy parece más lejano que nunca.

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