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Fernando Savater

Oltra que tal

«Lady Oltra no es más que un ejemplo posible de la calaña de apoyos que los socialistas de Sánchez se han buscado para gobernar»

Opinión
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Oltra que tal

Mónica Oltra, durante un acto de Compromís. | Jorge Gil (Europa Press)

En su llorosa y rabiosa declaración después de haber tenido que dimitir de su elevado y suculentamente remunerado puesto en la Comunidad Valenciana, Mónica Oltra se preguntaba qué cojones pasa en este país. Ella se refería a su propia defenestración y casos semejantes en que los «malos poderosos» hubiesen derrotado a los paladines de la defensa de los desfavorecidos contra la opresión del fascismo y la ultraderecha. Y en efecto deberíamos preguntarnos qué cojones pasa en este país en el que gente como Lady Oltra pasan por «progresistas» dedicándose al linchamiento moral de sus rivales políticos porque son de derechas –como si eso estuviera prohibido o fuese peor que ser de izquierdas-, y encubriendo los miserables abusos ilegales de su parentela, siendo doloroso ejemplo del parangón de izquierdas la propia Lady Oltra. Qué cojones pasa aquí para que sectarios fanáticos como ella impidan que los niños valencianos (o catalanes, o vascos) estudien en la lengua común de su país, si quieren, y no en la lengua propia de su comunidad, que es optativa. Hasta cuándo tendremos que aguantar que los intelectuales melifluos del progresismo light digan meneando la vacua cabecita que no hay que politizar las lenguas y que las sentencias judiciales que exigen al menos el 25% de enseñanza en castellano (¿y por qué no el 50% o el 75%, cuando el derecho constitucional es del 100%?) no comprenden bien las sutilezas de los centros educativos, sobre todo aquellos que están sometidos a la hegemonía nacionalista. Los mismos que se regodean en libros de texto que presentan a España y Cataluña como estados diferentes, aún mas como enemigos  porque la xenófoba España persigue los derechos y libertades catalanas, defendidos por una izquierda emancipadora frente a una derecha tiránica. Estas visiones sesgadas, denunciadas en el Parlament por el sindicato de profesores de secundaria AMES, no han merecido la atención de los intelectuales melifluos antedichos, preocupados principalmente porque no se politice lo ya políticamente manipulado, no vayamos a caer en las garras de Vox. Por no hablar de la demanda de que se permita utilizar en el Parlamento todas las lenguas regionales, las auténticas y algunas bufonescas  como el «aragonés» del inefable –en cualquier fabla- Echenique, para subvertir la función política de la lengua común y así convertir en una asamblea de reinos de taifas el máximo órgano legislativo de un Estado de Derecho. En efecto, tiene razón Lady Oltra: ¿qué cojones pasa en este país?

La forzada dimisión de Lady Oltra, una destitución en realidad, ha sido deplorada en todos los tonos por la piara gubernamental. Yo la hubiera destituido no sólo por el vil encubrimiento de los abusos de su ex –marido a costa de una menor que tenía obligación de tutelar (comportamiento que no ha despertado reproche en las inquisidoras del me too, selectivas en sus escándalos) sino por el bailecito que se marcó rodeada por otros picatostes valencianos. Y eso después de asegurar que no pensaba dejar su cargo (otros lo pensaron por ella) «por ética, política y estética». En cuestiones de ética y política prefiero no meterme, a saber lo que entenderá Milady por esas palabras, pero lo de la estética no se puede dejar pasar: mire, señora, cuando se tiene la pinta que tiene usted y se dan esos saltitos obscenos en público, aunque sea un público idiota, no se puede pronunciar la palabra «estética» sin incurrir en pecado mortal. Pero Lady Oltra no es más que un ejemplo posible de la calaña de apoyos que los socialistas de Sánchez se han buscado para gobernar. Los llamé «hez política» en la columna escrita para un diario nacional y enseguida protestaron por internet esos izquierdistas de guardia que siendo cuatro saben aparentar ser 400 con un sabio manejo de la red. Pues me reafirmo: son la hez y, para precisar más, la hez y el martillo. Responden sin duda a la descripción que da Iñaki Arteta en su excelente libro Historia de un vasco: «La voluntad de imponer ideas totalitarias a cualquier precio, de homogeneizar sociedades, de eliminar disidentes, está en el género humano. En lo peor del ser humano».

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