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Teodoro León Gross

El tardosanchismo: un animal herido

«No son pocos los dirigentes socialistas andaluces que comentan en privado su estupor al comprobar a pie de calle ‘cuánto odio’ suscita Pedro Sánchez»

Opinión
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El tardosanchismo: un animal herido

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en una sesión de control. | Eduardo Parra (EP)

Ya ha comenzado, o eso se intuye, el tardosanchismo. Con las elecciones andaluzas como desencadenante definitivo de su ciclo terminal. El PP ha ocupado el carril central, con amplitud, y Sánchez se aferra a su mayoría frankensteiniana perpetuando el largo insomnio del mandato. A las 72 horas del desastre andaluz, Bolaños se sentaba con Cataluña para garantizarse la estabilidad, aunque sea precisamente esa alianza catalana por la estabilidad, con tragaderas sonrojantes, lo que le genere más inestabilidad en buena parte de España.

No son pocos los dirigentes socialistas andaluces que estos días comentan en privado su estupor al comprobar a pie de calle «cuánto odio» –el término es suyo, pero tal vez sea simplemente animadversión– suscita Pedro Sánchez. Y no, no es envidia por su altura y su atractivo masculino, como proclama arrobadamente Tezanos desde su nido de amor del CIS. Son demasiadas líneas rojas violadas, como la gestión del enredo del espionaje, asumiendo el relato fraudulento indepe de la operación CatalanGate, desde la claudicación del poder legislativo reformando la Comisión de Secretos Oficiales al servicio de Esquerra hasta la entrega de la cabeza de la directora para exhibirla en la picota de la política catalana.

Los rasgos característicos del sanchismo van a extremarse. Desde ahora va a haber una ocupación de cualquier polo de poder. Sánchez acaba de dar muestras. En pocos días, el asalto a Indra apoyado en Prisa, el asalto al INE, la reforma de la reforma del Tribunal Constitucional solo para los jueces que le conviene… hasta la bajada del IVA que desdeñaba días antes y el Plan Anticrisis. Nada de entregarse al año del pato cojo, ese lame duck de la Casa Blanca con presidentes que ya se dejan llevar. Se trata de una fase previsiblemente furiosa del presidente.

El tardosanchismo es una cuestión temporal: su último año en La Moncloa. Habrá elecciones municipales antes de verano, y quizá generales, como alternativa al otoño siempre delicado para quien ocupa el poder. Pero no solo se trata de calendario; también es una actitud, en este caso dictada por el instinto del superviviente –y él es un caso de manual– dispuesto a todo. Su «bien resuelto» de Melilla, imponiendo además el silencio al gabinete, acredita que no le va a temblar el mínimo escrúpulo moral.

En definitiva el tardosanchismo va a ser un periodo terminal de crisis, marcado por la inseguridad y la incertidumbre. Es lo característico en esos ciclos agónicos. Y Sánchez debe hacer concesiones para sostenerse en una minoría débil, con aliados desleales al Estado, y un Gobierno que nunca ha logrado llegar a funcionar como coalición. El pragmatismo puede llevar a imponer la omertá, y a silenciar abiertamente a las ministras de Podemos como este lunes con Melilla hasta cinco veces, pero es inocultable que una parte del Gobierno se ha movilizado contra la OTAN, su momento estelar, y contra la política europea en Ucrania, el gasto militar, Marruecos… y en la política doméstica, ley de vivienda, luz, prostitución, rigor fiscal o incluso Monarquía. Se disputan los tantos en un pulso corrosivo.

Pedro Sánchez volverá este martes a la SER y será interesante ver los mensajes que lanza al dictado del manual del supervivencia. Es legítimo que escoja el medio en el que siente más protegido. No ha concedido una sola entrevista a Carlos Herrera, líder de la mañana en COPE, y tampoco a Carlos Alsina en Onda Cero, y ni siquiera se ha decidido a dejarse entrevistar por RNE. Ninguno ha logrado hacerlo, por cinco veces en la SER. En prensa, va a El País o La Vanguardia, y al prime time con TVE o La Sexta, alguna vez Piqueras. El animal herido evita el medio hostil, y se protege en la zona de confort, en definitiva exprimiendo el instinto superviviente.

Pedro Sánchez, en fin, no va a hincar la rodilla. Efectivamente tiene un considerable olfato de animal político, eso sí, notoriamente votocortista, es decir, dotado para el parche en una constante huida hacia delante, de regate corto en regate corto. En su caso, no es que no piense en las próximas generaciones; es que no piensa ni en las próximas estaciones. Ya llegará el otoño, y después el invierno, con la recesión y la presión europea por las pensiones en la larga espiral inflacionista. Ahora toca lanzar invectivas contra los poderes económicos y mediáticos persiguiendo el victimismo ideológico; y a la vez, como gestor verdugo, hablar de agresión a la integridad territorial de España por los inmigrantes. Y así, de parcheo en parcheo hasta el próximo parcheo, la dinámica del tardosanchismo irá a más.

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