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Ignacio Ruiz-Jarabo

¿Golpe de Estado del 'Resistente'?

«Ese ‘okupar’ las instituciones de Pedro Sánchez constituye una suerte de Golpe de Estado blando»

Opinión
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¿Golpe de Estado del 'Resistente'?

En los últimos días, y tras su catástrofe electoral andaluza, el ‘Resistente’ ha redoblado con inusitada intensidad sus esfuerzos tendentes a la ‘okupación’ de las instituciones del Estado que, a lo que se ve, es como él entiende lo de resistir. En el palacio de La Moncloa, claro.  Es relevante recordar en una relación numerus apertus cuál es el modus operandi del ‘Resistente’ que reflexiona y actúa así:

Si me disgusta que el INE no obedezca mis órdenes tendentes a manipular los datos del IPC y del PIB, pues hago como hacían los ministros franquistas y destituyo -hago que dimita- a su responsable. Si me cabrea que el Tribunal Constitucional haya sentenciado que varias de las leyes que he promovido son contrarias a la Constitución, pues promuevo una ley que reforma otra que yo promoví, de modo que el CGPJ no podrá realizar nombramientos en una Audiencia Territorial pero podrá designar dos magistrados del Constitucional.

Si preciso evitar que el ejercicio de su función por el Tribunal de Cuentas ponga en peligro mi acuerdo con los secesionistas catalanes, pues envío a un peón caminero a ‘desempedrar el camino’. Si necesito intentar emborronar el escándalo Pegasus para exculpar mi responsabilidad personal en la rendición ante Marruecos, pues exijo a la ministra de Defensa que corte la cabeza a la directora del CNI y me la traiga en la bandeja del Bautista.

Si quiero hacer un regalazo a un amigo propietario de una compañía aérea –Plus Ultra-, pues ordeno a la SEPI que lo haga camuflado en forma de ilegal y ficticio rescate empresarial. Si necesito devolver el favor a otro amigo por haberme ayudado a controlar un grupo mediático, pues vuelvo a ordenar a la SEPI una operación societaria escandalosa en Indra para facilitar a aquel su enriquecimiento futuro. Si la CNMV sospecha de la actuación y pretende investigarla, pues planifico la reducción de su margen de investigación. Si proyecto dar carnaza a la jauría que he sentado en el Consejo de Ministros, pues anuncio una subida fiscal retroactiva a un sector empresarial.

Si los jueces y tribunales impidiesen la pretendida retroactividad, pues mandaré a mi manada para que les muerda. Si me molesta que el Banco de España describa la realidad de la economía española, valore mis decisiones económicas y haga previsiones que difieren de las mías, pues ataco inclementemente a su gobernador (porque no puedo cesarlo).

En mi opinión, esta peculiar forma de ejercer el poder y de ‘okupar’ las instituciones que caracteriza al ‘Resistente’ constituye una suerte de golpe de Estado. Blando, pero golpe. Al fin y al cabo, él ha aprendido de los líderes venezolanos -esos que asesora y ayuda su antecesor y correligionario Zapatero- que ya no son necesarios los sables para acabar con el funcionamiento de una democracia.

Sin duda, las tropelías del ‘Resistente’ son radicalmente contrarias a los intereses generales. Y más que probablemente, tampoco responden a un interés partidista del partido que dirige. Todo apunta a que su razón de ser estriba en el objetivo personal, personalísimo, del ‘Resistente’: resistir como fuese y cuanto fuera en el palacio que ‘okupa’. Así entiende él la resistencia y así (no) entiende él la democracia.

Los andaluces, como hace un año los madrileños, han mostrado a los españoles la manera en la que se puede acabar con la Resistencia antes de que ella acabe con nuestro sistema democrático. Para ello basta con utilizar el voto, esa poderosa y temible arma de la que disponemos aquellos que tenemos la fortuna de vivir en democracia. Es cierto que su inteligente utilización por los votantes de Andalucía ha provocado en el ‘Resistente’ la reacción del jabalí herido con el peligro que eso conlleva y que estamos viendo en estos días. No importa, los españoles debemos resistir sus ciegas embestidas de bestia abatida y cuando llegue el momento procesalmente oportuno, rematar al ‘Resistente’ con nuestro voto. Los andaluces ahora, como hace un año los madrileños, han mostrado el camino.

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