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Teodoro León Gross

Caso ERE: el relato de una gran mentira

«Si se puede desacreditar la ley en Cataluña, ¿por qué habría que respetarla con los ERE? El sanchismo arrastra así al PSOE a la penúltima casilla de su descrédito»

Opinión
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Caso ERE: el relato de una gran mentira

Los expresidentes andaluces Manuel Chaves (i) y José Antonio Griñán (d). | Europa Press

Hay que quitarse el sombrero ante la estrategia socialista de comunicación tras el fallo del Tribunal Supremo sobre los ERE. Chapeau! Es de auténtico sombrerazo; de dos orejas y vuelta al ruedo. «No se han llevado un euro». «No se han llevado un céntimo de euro». Así se construye un relato. La famosa máxima goebbelsiana de la mentira repetida mil veces… pero repetida decenas de miles de veces en las redes por dirigentes, militantes y periodistas de la misma trinchera.

Ha sido impresionante.

Algo así no es fácil. Hacer prosperar una mentira tan descaradamente nunca es fácil. Pero ahí está, a calzón quitado. «No se han llevado un euro», repiten compungidamente, obviando un fraude de casi 700 millones para sostenerse en el poder. Por eso defienden que no se han llevado un euro a su bolsillo, algo por lo que nadie los ha perseguido y algo por lo que no han sido condenados. Defender lo que no está en cuestión es el principio de la construcción del relato, repitiendo tal retahíla de naderías para generar lo que el trumpismo denominó «verdades alternativas».

La realidad: un conjunto de dirigentes, incluyendo dos ex presidentes, han sido condenados por delitos de corrupción, tras acreditarse que instauraron durante años un sistema irregular, a sabiendas, con el objetivo de conservar el poder comprando la paz social mediante una trama clientelar regada con ingentes fondos públicos.

Repita usted conmigo: co–rrup–ción.

Sí, hay que repetírselo para que el mantra –«no se han llevado un euro», «no se han llevado un céntimo de euro»– no acabe por nublarnos la visión de la realidad. Los delitos de corrupción no consisten en llevarse un euro al bolsillo, por más que en este caso hay un evidente beneficio material al conservar el poder, sino en prácticas propias de autoridades o funcionarios, del tráfico a influencias a la malversación, de la prevaricación al cohecho, desviando dinero de su fin legítimo, influyendo para que se beneficie a un tercero, aceptando un beneficio para que se infrinja la ley, tomando decisiones a sabiendas de que son ilegales…

Lo sucedido, durante muchos años, se prestaba a preguntarse: ¿Había intención? Esto lo ha resuelto la sentencia: había intención. Hasta tres veces se paró el sistema antes de imponerlo; hasta quince veces advirtió la Inspección General después. Está negro sobre blanco. Y en un Estado de Derecho, la Justicia no la imparte el portavoz del partido, sino los tribunales; y el Tribunal Supremo es la instancia superior que convierte la sentencia en firme. Parece sencillo hasta que aparecen Pilar Alegría y Patxi López, o el propio Pedro Sánchez, repitiendo el argumentario: «No se han llevado un céntimo de euro», «pagan justos por pecadores»… Para ellos, justos son los condenados por prevaricación y malversación, frente a los jueces del Tribunal Supremo. Una lógica puigdemoníaca

«Es seguramente una de las exhibiciones más impúdicas y descaradas que se hayan visto para construir un relato de blanqueo de la corrupción»

A Chaves y Griñán también le han surgido un montón de avalistas de su honorabilidad, algo poco sorprendente en su partido pero muy sorprendente en un puñado de periodistas que se han prestado a hacer proclamas sonrojantes, tratando de contribuir al indulto, y añadiendo que «en ningún momento se ha juzgado su honradez personal». Así, tal cual. Por supuesto que se ha juzgado su honradez personal, como responsables máximos de ese sistema persistente que defraudaba cientos de millones a los andaluces, en particular víctimas del paro. 

Todo esto es impresionante. Seguramente una de las exhibiciones más impúdicas y descaradas que se hayan visto para construir un relato de blanqueo de la corrupción.

Quizá usted se pregunte: ¿Por qué? ¿Por qué en esta situación, con el PSOE desplomándose en los sondeos, iba Sánchez a batirse por unos cadáveres políticos, cuando no se bate ni por sus compañeros de viaje que lo ayudaron a llegar ahí? Y es sencillo: precisamente por eso, porque están desplomándose y solo piensan en contener la sangría, de modo que no se dirigen a la sociedad (estupefacta con esta reacción a la condena) sino a los socialistas para tratar de tocar su fibra sensible con esos argumentos victimistas de los justos condenados a pesar de ir con los bolsillos vacíos y ligeros de equipaje, casi desnudos, como los hijos de la mar.

Sólo les preocupa el relato. Por eso no defienden a los demás condenados, como Carmen Martínez Aguayo o Francisco Vallejo, y sólo defienden a quienes creen que puede servir al relato. Martínez Aguayo no emociona a su clientela; Griñán sí.

Y todo esto es, sin más, el relato de una gran mentira. 

«El sanchismo está escribiendo su epitafio. Y lo está haciendo con una inmoralidad que nadie hubiera imaginado en aquella moción de censura de la regeneración para sacar a Rajoy del poder»

El sanchismo arrastra así al PSOE a la penúltima casilla de su descrédito. Todavía, para sacar los presupuestos, se verán este otoño cosas que algunos no habrían imaginado. De momento ayer en Moncloa compraron la política lingüística indepe para la escuela catalana, sorteando otra sentencia para seguir privando de sus derechos a ciudadanos españoles en Cataluña, y ya se anticipa una desjudicialización de más amplio espectro. Si bien se mira, con esto del ERE ya están en desjudicializar la corrupción. Si se puede desacreditar la ley en Cataluña, ¿por qué habría que respetarla con los ERE? Por eso Sánchez ha sembrado esas dudas sobre la Justicia en Polonia, ¡en Polonia precisamente! Qué sarcasmo. 

El sanchismo está escribiendo su epitafio. Y lo está haciendo con una inmoralidad que nadie hubiera imaginado en aquella moción de censura de la regeneración para sacar a Rajoy del poder impulsándose en Frankenstein a cuenta de una frase torticera de una sentencia. Toda una ironía.

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