THE OBJECTIVE
Joseba Louzao

Principios de cartón piedra

«Los ataques al sionismo de una parte considerable del nacionalismo realmente existente no dejan de ser una autocrítica radical a las posturas propias»

Opinión
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Principios de cartón piedra

Ilustración de Alejandra Svriz.

Días como estos hacen que uno tenga que maldecir la obligación de publicar textos de opinión. El silencio habla por sí solo y es condición de posibilidad, por ejemplo, para el amor mundi (el amor del mundo y amor por el mundo) al que siempre me acojo en períodos de oscuridad. Decía el maestro José Jiménez Lozano que son las personas, una a una, las que importan. Una a una, lo subrayo por si nos despistamos. El tiempo se ha vuelto boca abajo para muchos de nuestros coetáneos. Es una época desconsolada que busca comprender lo sucedido a través del kadish, el kafan y el responso. 

Así las cosas, palestinos e israelíes tensionan cada poco el contexto social y político del mundo. Nos sitúan frente a un espejo que nos descoloca. Y, como nos enseñó Borges, los espejos suelen tener algo de monstruoso. Al medirse con lo que sucede entre Israel y Palestina las sociedades occidentales se enfrentan a sus posiciones y a sus más diversos principios. Y ahí se descubre que mucho de lo que nos decimos no son más que ejercicios morales fundamentados sobre mentiras huecas. Algunas de estas son piadosas, otras no tanto. Entonces los principios se manifiestan como simples construcciones de cartón piedra. En vez de replantearnos nuestros posicionamientos, lo que hacemos es encerrarnos aún más en estos equívocos. Por el camino, el pensamiento se desacopla de la realidad.

Llama la atención, por ejemplo, cómo muchos nacionalistas no pueden comprender que Israel es el epítome, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva, del fenómeno nacionalista. Los ataques al sionismo de una parte considerable del nacionalismo realmente existente no dejan de ser una autocrítica radical a las posturas propias. Descubrimos así cómo quienes gastan multitud de horas en desvelar lo falso de los mitos nacionales próximos se alimentan de los mitos nacionalistas de los otros sin apenas crítica.

«Se exige tiempo y prudencia para algunas noticias, lo que no se cumple cuando la mentira nos ayuda a generar relato»

También nos recuerdan en estos días que las guerras son el ambiente propicio para las mentiras. Curiosamente los falsarios únicamente son los otros. El espectáculo vivido estos días es elocuente. Y, al final, la verificación debida se convierte en un instrumento de propaganda. Aceptar lo que dicen unos y no creerse nada de los otros. Se exige tiempo y prudencia para algunas noticias, lo que no se cumple cuando la mentira nos ayuda a generar relato. Las redes multiplican esta querencia por autoafirmarnos. Tenemos corresponsales jugándose la vida para comprometerse con una causa. Sus usos y costumbres les delatan. Un consejo: para eso mejor quedarse en casa. Las piruetas que se deben hacer tampoco compensan cuando esa noticia sobre una tragedia que es imperdonable pasa a un segundo plano o al olvido cuando no sirve a nuestros intereses. Llega la hora del borrado masivo de comentarios en redes. Porque esto no ha hecho más que comenzar. 

Y que no se nos olviden los conceptos. La confusión del lenguaje nos obliga a ser cuidadosos con las palabras. Algunos nos quieren vender que el uso político de la palabra terrorismo impide que sea una formulación que sirva para interpretar lo sucedido, pero justamente esto lo señala quien ha llamado terrorismo a casi cualquier cosa. Sin solución de continuidad las mismas personas engolan la voz para hablar de genocidio. Que parece no estar contaminado por querencias ideológicas. Y más en este contexto. No es casual el vocablo escogido. Por el camino se banaliza la Soah y se puede llamar nazis a quienes sufrieron sus consecuencias más directas. Si algo aprendimos de aquel episodio inhumano es que las víctimas nos piden cuentas. Lo digo porque también hay quien, muy concernido por el Holocausto, termina por pensar que la guerra es un videojuego sin sufrimiento o que hay dolor merecido. 

Y dejamos para el final la indignación que ha desatado en ciertos ámbitos intelectuales la cancelación de una escritora palestina en una feria literaria alemana. Llama la atención que los más irritados sean quienes llevan una década llamando al boicot de cualquier ciudadano israelí (a veces simplemente judíos) por el mero hecho de tener un pasaporte. Lo hemos visto en el deporte, en la cultura o en la universidad. No hay mal que bien no venga. En el fondo, importamos uno a uno. Siempre y en todo contexto. Debemos subrayarlo frente a los que abanderan principios de cartón piedra.

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