THE OBJECTIVE
Joseba Louzao

Las volteretas de un presidente en funciones

«Han sido tantos los cambios de opinión que cuesta entender cómo aún hay quien sigue acompañándole en esta aventura hacia (y por) el poder sin indignarse»

Opinión
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Las volteretas de un presidente en funciones

Ilustración de Alejandra Svriz.

Uno comienza a pensar que las volteretas de opinión del presidente en funciones y los suyos forman parte de un insólito proyecto de estudio sociológico. No creo, eso sí, que hayan podido recibir el visto bueno de un comité de ética de la investigación. Sea como fuere, muchos científicos sociales o psicólogos conductuales tienen amplio campo para analizar el comportamiento humano en estos tiempos paradójicos donde se entremezcla el ruido con la desidia. Han sido tantos y tan profundos los cambios de opinión que cuesta entender cómo aún hay quien sigue acompañándole en esta aventura hacia (y por) el poder sin pestañear o indignarse con intensidad.

Las formas importan cuando hablamos de lenguaje y estas rupturas retóricas a las que se obliga a sí mismo son sorprendentes. En parte, porque los diferentes portavoces socialistas tienen la extraña costumbre de establecer sus marcos interpretativos como si el suyo fuera el único ámbito de verdad posible y aceptable (casi todos los portavoces de los partidos lo intentan, por supuesto, pero con menos ahínco y delectación). Cuando llega la hora de girar el timón, se descubre que el barco argumental hace aguas por todos lados y está construido sobre pilares de cartón piedra. 

Pedro Sánchez ha logrado que verdad y mentira jueguen a la vez en el mismo horizonte político. Tanto es así que ya no hay una demarcación evidente en sus palabras entre lo que es una y lo que es la otra. La realidad del presidente en funciones no es dinámica, como él subrayó para defenderse de las críticas a sus cambios de opinión y valoración. La realidad de Sánchez es descarnada por el mero hecho de que esta termina suspendida en el aire. Pero militantes y votantes siguen comprando los mensajes por contradictorios que sean.

«Las gruesas palabras de antaño sobre Carles Puigdemont se han convertido en aproximaciones cordiales»

Mientras, la gobernabilidad depende de todos aquellos a los que dijo detestar en algún momento del camino y con los que jamás podría dormir tranquilo. Algunos no tenían un proyecto de país y ahora, frente a las pretensiones desestabilizadoras de la derecha, son los únicos con sentido de Estado por lo que es perentorio pactar políticas públicas de progreso con ellos. Las gruesas palabras de antaño sobre Carles Puigdemont se han convertido en aproximaciones cordiales. Albert Rivera será recordado por sus muchos errores estratégicos, pero hay que reconocer que acertó en aquel debate de investidura de julio de 2019 sobre quiénes iban a ser las preferencias futuras del candidato Sánchez. 

También nos vendieron en aquella moción de censura contra Mariano Rajoy, bolso mediante, que necesitábamos un gobierno transparente y hemos recolectado varios «¿qué más te da?» de Patxi López ante preguntas incómodas. Sin olvidar aquello de que era extremadamente urgente la tarea de despolitizar la justicia. Por el contrario, cada día está más politizada, aunque se intente esconder en juegos lingüísticos como esa mendaz letanía sobre la necesidad de la desjudicialización de la política o las llamadas a abrir vías de encuentro para superar los conflictos. Si es así, ¿por qué no buscar del diálogo sincero con Alberto Núñez Feijóo? Por cierto, a Feijóo le ha salido la veta presidenciable en el justo momento en el que todo estaba perdido. Quizá debería hacérselo mirar porque las responsabilidades, de distinto grado, suelen ser compartidas. 

En fin, el panorama político no permite hacer ejercicios demasiado optimistas. El estrés al que se está sometiendo a nuestro Estado de derecho es temerario, sobre todo, porque no hay convicción detrás de las decisiones que se van tomando. Simplemente hay un cínico cálculo de oportunidad por mantener el poder. Las tragaderas del electorado siempre tienen un límite. Y la mayoría social, eso que tanto les gusta repetir ahora, no existe en la divida realidad electoral española. Como sigamos rompiendo más consensos no habrá mucho que reconstruir, y estaremos abocados a ir a un nuevo proceso constituyente. Entonces podría salir cara o salir cruz. Eso es algo que no tienen en cuenta los jugadores compulsivos. Los azares de la política son así.

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