¿Tiene Feijóo un plan?
«¿Qué está dispuesto su partido a pactar o no con Vox? Quizá sea el momento de hacerlo explícito. Sería un buen ejercicio para dejar de confundir deseo con realidad»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Este pequeño ciclo de elecciones autonómicas está mostrando cuál puede ser el horizonte electoral nacional que nos espera. Aunque hoy cada partido nos intente colocar su relato, parece que ninguno de ellos tiene la capacidad de convencernos de que alguien ha alcanzado sus objetivos. Los ganadores tienen muchas dudas y los derrotados aún pueden ver una pequeña ventana de oportunidad para explicar que no han perdido. Mientras tanto, los que lo observamos desde fuera nos vamos convenciendo de que continuaremos en este trastiempo de desorientación y escasa estabilidad política. Y esta, probablemente, sea la peor de las noticias que nos dejan las elecciones de los últimos cinco meses.
En el bloque de la derecha han comprobado que su crecimiento no tiene por qué ser motivo de celebración. En Aragón y Extremadura la subida en porcentaje fue significativa. En Andalucía, en cambio, el bloque aumentó en votos absolutos, pero bajó ligeramente en porcentaje por el aumento de la participación. El impacto de los resultados electorales para el Partido Popular es evidente e incómodo. Su objetivo principal siempre ha sido conseguir una mayoría holgada que no les haga depender de Vox.
Y, una tras otra, se ha convertido en un socio necesario. Los sondeos tampoco ayudan al relato. Ya van unas cuantas noches en las que se anuncia una mayoría casi segura y el recuento termina dejando otro panorama. La victoria acaba pareciendo más una derrota, lo que es aprovechado por muchos para hacer la pinza crítica a Núñez Feijóo. El líder popular no puede quedarse tranquilo y tendrá que empezar a pensar qué quiere ser de mayor.
La aritmética siempre condiciona las estrategias y los populares no saben si suben o bajan. Sus baronías se convierten a ratos en un trasunto de Jekyll y Hyde, y terminan sonando impostados tanto en la moderación como en la radicalidad. Esta desorientación no parece demasiado atractiva electoralmente, aunque el centro-derecha siga ganando elecciones y agrandando la distancia de los socialistas.
Y lo mismo podríamos sostener sobre Vox. La sensación que dejan es que no han sabido montar la ola favorable a sus intereses para crecer como en otros lugares del continente. El espíritu y la letra de sus negociaciones con los populares parecen demostrar que tienen más miedo del que reconocen a gestionar alguna consejería. También es cierto que, cuando lo han conseguido, el resultado no ha sido satisfactorio.
«Los resultados son catastróficos, aunque los socialistas pueden consolarse con que es posible sobrevivir»
Por su parte, el sanchismo soporta las embestidas mejor de lo que sus adversarios querrían, pero mucho peor de lo que Moncloa cree. No nos podemos engañar y no se pueden engañar. Los resultados son catastróficos, aunque los socialistas pueden consolarse con que es posible sobrevivir. Otra cuestión será lo que quede del partido después del líder y de las causas penales. Sánchez ha convertido la resistencia en una forma de poder. Y en este proceso su partido se ha acostumbrado a vivir pendiente de su capacidad personal para forzar la siguiente pantalla.
En la izquierda, a la izquierda del PSOE, parece que hay todavía electores. Lo que no saben esos electores es discriminar las múltiples siglas no bien avenidas. Hay quien sostiene que se debería recuperar un frente amplio y, con seguridad, ya habrá quien esté pensando en las mil maneras de romperlo. Las diferencias entre sensibilidades y egos son demasiadas. Además, saben que el sanchismo quiere merendarse a este espacio. Y, alrededor, sobrevuelan los nacionalistas. También ellos tendrán que convivir —si no lo hacen ya— con el agotamiento de su defensa del sanchismo y llegará el momento de decidir. A unos les saldrá más natural que a otros.
En fin, hubo un tiempo en que los resultados de las elecciones, gustaran más o menos, ordenaban la política y abrían períodos de estabilidad. Sin embargo, hemos entrado en una nueva era donde, se vote como se vote, todo se desordena aún más. ¿Tiene Núñez Feijóo un plan para el día después de las elecciones generales? No me refiero a un plan de gobierno, sino a uno estratégico. ¿Qué está dispuesto su partido a pactar o no con Vox? Quizá sea el momento de hacerlo explícito. Sería un buen ejercicio para que dejen de confundir deseo con realidad.