THE OBJECTIVE
Javier Benegas

Mascarillas, caos y chorizos

«Cuatro años después del ‘Salimos más fuertes’ afloran las evidencias de que un tal Koldo, mano derecha del exministro socialista Ábalos, se lo llevó crudo»

Opinión
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Mascarillas, caos y chorizos

Ilustración de Alejandra Svriz.

Navegando por las procelosas aguas de la Administración en busca de cifras me he agendado el gasto sanitario total declarado por el Ministerio de Sanidad en el Sistema de Cuentas de Salud a propósito de la pandemia: 17.283 millones de euros. Esta cifra es la suma de los 8.914 millones gastados en 2020 y los 8.369 en 2021. Sin embargo, no es el verdadero total porque falta añadir el gasto en pruebas y seguimiento de contactos. Epígrafe crucial que la Administración no puede o no quiere facilitar.

Tampoco es tarea fácil averiguar qué cantidad de ese dinero fue adjudicado por la vía de urgencia sin publicidad ni concurso, es decir a dedo. Y en su caso, cuántos contratos estarían aún por justificar. Porque todavía hay bastante adjudicaciones pendientes de justificar el carácter de urgencia que en su momento permitió a los responsables políticos volar por debajo del radar de los registros concursales. Es en este Mar de los Sargazos administrativo que habría navegado el presunto velero corsario Soluciones de Gestión y Apoyo a las Empresas, S.L. para hacerse con un botín de bastantes millones de euros.

Hemos tenido que esperar bastante para que la campaña «Salimos más fuertes» cobre al fin algún sentido, porque como todos sabíamos entonces y sabemos ahora no salimos más fuertes sino bastante debilitados. Y es que el eslogan triunfal llevaba implícita una elipsis: «[Algunos] Salimos más fuertes». O una elipsis y un eufemismo: «[Algunos] Salimos más [ricos]».  

Es seguro que el corsario Koldo y el almirante Ábalos harán correr ríos de tinta en los próximos días, semanas, meses… y seguramente años, porque el sistema judicial es alarmantemente lento. Mucho más lento que los veloces veleros con patente de corso que aprovechan una epidemia, un separatismo o un cambio climático para piratearnos y escabullirse entre tinieblas, llevados por el viento de las buenas intenciones. 

450.000 vidas aseguró haber salvado el Gran Capitán Sánchez durante el temporal de la pandemia gracias a su proverbial estado de alarma. Esa medida excepcional que el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional. Pero, ¿qué importaba esta sentencia si no acarreaba ninguna consecuencia, ni legal ni política? ¿Acaso la gente no se asomaba a las ventanas y balcones para aplaudir y celebrar la privación de libertad decretada por el Gran Capitán?

«Nuestro país es uno de los pocos que apenas ha cuestionado el descomunal gasto y las restricciones impusieron durante la pandemia»

Cuatro años después del «Salimos más fuertes» afloran las evidencias de que un tal Koldo, mano derecha del exministro socialista Ábalos, se lo llevó crudo vendiendo mascarillas a la Administración; por ahora y que se sepa, 55 millones de euros. Pero recuerde, querido lector, la cifra que le facilitaba al principio sobre el gasto que nuestros políticos dedicaron a la Covid entre 2020 y 2021: 17.283 millones de euros. Y recuerde también que a esta cantidad aún faltaría por sumar una buena pila de millones que las administraciones se niegan a revelar. 

Piense en todo ese dinero gastado en buena parte por la vía de urgencia sin supervisión ni control. Y ahora pregúntese porque nuestro país es uno de los pocos, más allá de las repúblicas bananeras, que apenas ha cuestionado el descomunal gasto y las restricciones que los políticos—no sólo socialistas— impusieron durante la pandemia, muchas de ellas absurdas, contraproducentes, arbitrarias e ilegales.

En diciembre de 2023, el ex primer ministro británico Boris Johnson tuvo que declarar ante la comisión que investigaba la gestión de la pandemia del Gobierno británico. En su comparecencia Johnson pidió perdón a las familias de las víctimas y reconoció que podría haberlo hecho mejor. El exlíder conservador fue acusado de dejar morir a los ancianos, de incompetencia y caos. Circunstancia de la que se hicieron eco muy especialmente nuestros medios más progresistas, aunque no faltó tampoco el entusiasmo de la prensa reconvertida a socioliberal, antes llamada de derechas. Al fin y al cabo, el villano era un conservador. 

Un año antes, en Suecia, la denominada Comisión Corona culminaba su exhaustiva investigación sobre la gestión de la epidemia en el país nórdico. Fue el propio Ejecutivo sueco quien en 2020 puso en marcha esta comisión independiente que dos años más tarde emitió un acerado dictamen… contra el Gobierno europeo que, como demuestran los datos, mejor gestionó la crisis sanitaria. Sin embargo, el objetivo de la comisión no era hacer escarnio, sino extraer conclusiones valiosas en previsión de que algo semejante volviera a suceder.

«Prensa y la ciudadana se han desentendido de la rendición de cuentas en la gestión de una crisis que costó más 120.000 vidas»

En España, en octubre de 2020 el Ministerio de Sanidad anunció su intención de elaborar un informe de evaluación independiente de su gestión de la pandemia. Los plazos previstos inicialmente se incumplieron generosamente, hasta el punto de que se llegó a especular que, tal y como sucedió con el famoso comité de expertos que supuestamente asesoró al Gobierno durante la pandemia, esta comisión se desvanecería como el humo. Esta vez no fue así.  

El estudio y sus conclusiones se publicaron a finales de 2023. Las razones del retraso fueron dos. La primera, que quienes se encargaron de realizarlo lo tuvieron que hacer gratia et amore y sin apenas recursos. La segunda, que su publicación se retrasó intencionadamente. El estudio concluyó en abril de 2023, pero la celebración de las elecciones autonómicas en mayo de ese mismo año «desaconsejó» su publicación. Después ocurrió los mismo con el adelanto de las generales en julio. 

El Gobierno y la oposición no tenían mucha prisa en que se conocieran las demoledoras conclusiones de ese estudio porque afectaban tanto al gobierno central como a los autonómicos. Tampoco parecieron querer darle demasiada publicidad una vez que se publicó. De hecho, mucha gente no sabe ni que existe. No es de extrañar porque la fecha escogida para hacerlo público fue el 21 de diciembre, casi en plena Navidad.       

¿Ha habido algún revuelo por este pacto de silencio? En absoluto. No, ya la prensa y la ciudadanía se han desentendido de la rendición de cuentas en la gestión de una crisis que costó más 120.000 vidas y 63.000 millones de euros hasta 2023, es que la propia oposición parece sentirse aliviada por esta dejadez.

«Cada día que pasa se hace más evidente que a la sombra del sanchismo florecen con vigor no ya sinvergüenzas, sino ministros siniestros»

Ocurre que aquí ningún político tiene la conciencia tranquila, aunque algunos se lleven la palma. Son demasiadas las mascarillas que se compraron a precio de oro por la vía de urgencia, demasiados millones fluyendo sin control a cuenta de la covid no sólo desde los ministerios, también desde las consejerías de las comunidades autónomas. Me pregunto si esto no tendrá algo que ver con el empeño casi unívoco en que fuéramos embozados hasta, como aquel que dice, hace dos días.  

No quiero relativizar la trascendencia del caso Koldo-Ábalos y descargar al Gobierno socialista de sus gravísimas implicaciones. Cada día que pasa se hace más evidente que a la sombra del sanchismo florecen con vigor no ya chorizos y sinvergüenzas, sino ministros siniestros cuyo aspecto es —ya no hay duda— el espejo del alma. Ojalá este escándalo, en cuya revelación lleva bastante mérito Álvaro Nieto, director de esta misma cabecera, sirva para acelerar la liquidación por derribo del, hasta ahora, peor Gobierno de nuestra historia. 

Sin embargo, debemos encender las luces largas y contemplar estos escándalos no sólo a la luz partidista, sino como pinceladas que componen un lienzo tenebrista. El retrato de un país donde los políticos nos han perdido el respeto y donde, por ejemplo, el ministro de Transportes puede decir sin rubor que debemos ir acostumbrándonos a que los trenes se incendien porque, de hecho, ya hemos tragado con cosas mucho peores, como la muerte de más de 120.000 compatriotas, familiares y amigos en medio de una incompetencia inaudita. Toda una tragedia con la que, en el colmo de la depravación, los hijos de puta se han enriquecido. Sería, pues, justicia poética que al final Sánchez cayera por culpa de la covid. 

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