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Sánchez lo hará otra vez

Sánchez va a ganar por ese automatismo de la España de dos botones, y por lo que hay a su izquierda y a su derecha

Foto: Manu Fernandez | AP

Sánchez va a ganar. El PSOE sigue siendo la izquierda mainstream, sin revoluciones pero con la lumbre pobre o menos pobre del obrero o del funcionario, y los murales llenos de rosales y poetisas. Es el voto de la pereza, de la buena conciencia cuesta abajo, de los políticamente correctos en el grupo de Whatsapp de padres. Esto es el PSOE, o lo aparenta, porque el PSOE ha sido muchos psoes. El de ahora, el sanchismo, es una socialdemocracia blandita y folk con un líder egomaníaco, obsesionado con un estilismo de mil y una noches y enfocado en la revancha contra su pasado cutre y contra su mismo partido.

Sánchez va a ganar por ese automatismo de la España de dos botones, y por lo que hay a su izquierda y a su derecha. A su izquierda, una Babel de purismos, personalismos, dinastías, hipocresías y radicalismos. Al otro lado, una derecha a la vez dividida y arracimada. Hay muchas diferencias desde el centro reformista y yupi de Ciudadanos hasta los monjes guerreros de Vox, pasando por un PP con crisis de identidad o de coraje, como una crisis de torero, esos toreros que ficha ahora para hacer huevamen. Pero la derecha, aun diversa, está arracimada en torno al peligro de Cataluña y al susto de Sánchez, y esa España de los dos botones ya la ve como un todo, le ponga tres bocas de Diablo de Dante o tres falos, como dijo la ministra Delgado igual que si la hubieran pillado de despedida de soltera.

Sánchez ganará y lo hará otra vez. Me refiero a pactar con Podemos, con los independentistas y con el resto del gallinero, esa especie de cuadrilla de Mad Max que ha declarado podrida una de las democracias más avanzadas del mundo y la quiere ver arder en sus plazas de brujas y tricoteuses, en una especie de orgía del XIX más isabelina que revolucionaria y que posapocalíptica. No es que haya que tomar las encuestas como la voz de la sibila, ni siquiera por una ciencia, pero es lo más probable. Que Cs pueda sumar con el PSOE no es imposible, pero que el Rivera que ha hecho de Sánchez un Atila con colchón de agua pueda llegar al final a pactar con él sin que se le caigan la cara, los argumentos y los votantes, eso ya es más complicado.

La reedición del pacto de la moción de censura, con un PSOE mucho más fuerte en escaños, ése es el escenario. Y con Podemos en el Gobierno, con Pablo Iglesias haciendo pasar por la habitación roja de vicepresidente a los banqueros, a los periodistas, a toda la lista de fetiches y fobias de esa izquierda que anda aún entre el botellón y el dogma revolucionario, como ya anunció el sábado en su regreso de nibelungo, furioso y encorvado. Podemos en el Consejo de Ministros, pues, y unos indepes que no sabemos si estarán ya más deseosos de buscar una salida que de seguir jugando a la república de su casa, o intentarán el asalto final al referéndum pactado, mientras la pasividad de Sánchez les permite ganar adeptos entre la Europa esnob.

Muchos defienden que Sánchez se ha mantenido firme ante el independentismo, que no se ha movido de la Constitución, que su diálogo entre fuentes morunas no ha tenido concesiones. Pero eso es falso. Sánchez ha permitido que en Cataluña desaparezcan el Estado y el espacio público, que las instituciones estén al servicio de la secesión, que desde la Generalitat se ejerza el control ideológico, y que desde la calle se acose a los ciudadanos y se violente su libertad y su integridad. Es decir, que se imponga la ortodoxia totalitaria y la desinfección en amarillo y en zotal del discrepante, ya con la categoría de enemigo del pueblo.

Sánchez ya ha consentido que se dé una temperatura totalitaria impensable en un Estado de Derecho, mientras él dictaba a los escribas cómo cambiaba colchones como un titán de la izquierda. Como poco, si Sánchez sigue gobernando, habrá que pensar que eso seguirá así. Sánchez dirá que no hay cesión y sacará la Constitución con su cosa de libro de Arguiñano que tiene para mucha gente, pero Cataluña seguirá sometida a un régimen de inspiraciones y aspiraciones totalitarias. No hay concesiones estatutarias que pueda llegar a ofrecer y que vayan más lejos del último Estatut, un insulto como saben. La única posibilidad es un independentismo no vencido, sino replegado, a cambio de grandes prebendas económicas. O que Sánchez se avenga al referéndum pactado con el visto bueno internacional. Sin duda, Podemos presionará para ello. ¿Tendrá Sánchez carácter para resistir? La pregunta es casi cómica.

Hay muchas variaciones de este escenario con la reedición del Pacto Frankenstein, pero ninguna resulta demasiado tranquilizadora. Hay que imaginarse una situación parecida a la actual, o sea, pasadas de águila de Sánchez en su Falcon mientras Cataluña se abandona a la secta indepe y al resto del país se le recetan cataplasmas simbólicas, aromaterapia progre con inciensos franquistas, y sopa boba de pollo para los desfavorecidos. Eso sí, con un Pablo Iglesias manejando TVE y el CNI, como ya pidió, y otras guillotinas de pureza dogmática y económica. Un Iglesias con una fiebre de revancha, ideológica y personal, equiparable a la de Sánchez. Pero ya saben, las encuestas son la ciencia de explicar matemáticamente por qué no han acertado, y esto que he contado aquí no ha ocurrido. Todavía…

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