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La trampa del autocuidado: una doctora explica cómo tus hábitos te están pasando factura

La doctora Noelia Samartin analiza cómo la obsesión por los hábitos saludables puede ser contraproducente

La trampa del autocuidado: una doctora explica cómo tus hábitos te están pasando factura

¿Y si tanta exigencia no funciona?

¿Cuántas veces al día te repites que no haces suficiente, que no eres constante o que deberías esforzarte un poco más para sentirte bien? La búsqueda del bienestar centrada en el el autocuidado se ha convertido, para muchas personas, en una carrera de fondo marcada por la autoexigencia, los hábitos impuestos y la presión constante por optimizar cada aspecto de la vida, incluso el descanso.

En Has venido a vivir (Ed. Brugera), la doctora en neurociencia y psicología clínica Noelia Samartin cuestiona esa idea de bienestar como obligación y propone un enfoque más realista y humano. A través de estudios científicos, experiencias propias que ha vivido en consulta y saberes ancestrales, la autora invita a replantear nuestra relación con el autocuidado, recordándonos que no existe una única fórmula válida y que escuchar al cuerpo es el primer paso para recuperar el equilibrio.

Cuando las rutinas de autocuidado terminan por convertirse en un estrés: cuatro pilares para recuperar el equilibrio

La luz azul de los dispositivos y el estrés son causas de la aparición de la piel cetrina. (Fuente: Freepik/kroshka__nastya)

La doctora sostiene que las rutinas de autocuidado, en muchas ocasiines, terminan por convertirse en imposiciones que nos estresan aún más. Y que la psicología pone el foco en el individuo, convirtiéndole en el único responsable de sus logros y fracasos, ignorando el contexto y sus variables socioeconómicas y culturales. El. objetivo de Samartin es desmontar los mitos sobre cómo funciona nuestro sistema nervioso, mientras nos recuerda que no todos somos iguales. No a todos nos funcionan las mismas rutinas, tampoco hábitos iguales. En su libro, comparte los cuatro pilares para que recuperemos nuestro equilibrio entre tantas exigencias de autocuidado:

  • Sencillez. ¿Y si para conseguir la calma no tuviésemos que hacer nada extra, sino simplemente aprender a soltar?, se pregunta la doctora. «El descanso no es un premio, es una necesidad fisiológica. Hay que soltar para poder sostener».
  • Conexión con el cuerpo. «¿Cómo procesamos los estímulos sensoriales y cómo reacciona a ellos nuestro sistema nervioso? Aprender a detectar las emociones de nuestro cuerpo es básico para atender las necesidades reales que se esconden detrás», sostiene.
  • Coherencia. «¿Estamos intentando encajar en moldes que no van con nosotros? Hay rasgos de personalidad que se relacionan con la activación de diferentes neurotransmisores, pero nuestro temperamento y carácter no son sentencias: son pistas. La pregunta no es ‘¿por qué soy así?’ sino ‘¿cómo soy ahora y qué necesito?‘.
  • Placer. «Nos han entrenado para desconfiar del placer, hemos crecido con la culpa y, ahora, nos dicen que el bienestar es nuestra meta. Pero solo en placeres legítimos, en la dosis justa y, sobre todo, que sean útiles. Observando cómo opera el placer en nuestro cerebro podremos reconfigurar esas ideas preestablecidas», apunta Samartin en el libro.

Cuando la búsqueda del bienestar y el autocuidado se convierten en una obligación más

Cuando los hábitos saludables se entienden como un trabajo, los niveles de desgaste y ahogo aumentan. «Es entonces cuando la disciplina falla y la respuesta automática de nuestro cerebro es el estrés. Podemos hablar de un síndrome de Estocolmo de los hábitos, que actúan como promesa de salvación. A su vez, la industria y el capitalismo potencian esta insatisfacción vital. Vivimos en un modelo neoliberal de adquisición de hábitos», asegura.

A la hora de tomar estas microdecisiones a lo largo del día para mantener una disciplina autoimpuesta, no solo actúa la conciencia, sino también el contexto y nuestras emociones. Pero, aunque no nos guste, no podemos controlarlo todo, por muy disciplinados que intentemos ser. Ante este escenario, la Dra. Samartin comparte un nuevo enfoque psicológico que estudia la combinación de la predisposición genética y el ambiente, y da las claves para aprender sobre nuestro sistema nervioso, los ritmos neuronales que lo conforman y cómo protegerlos y potenciarlos.

Noelia Samartin Veiga
Noelia Samartin Veiga es doctora en neurociencia y psicología clínica. Durante ocho años investigó en la Universidad de Santiago de Compostela, centrando su trabajo en el estudio del dolor crónico desde la neurociencia. Hoy acompaña en consulta individual y grupal a personas que conviven con dolor o estrés crónico.

Aunque el eco del individualismo nos persigue, la autora nos recuerda que somos un ser comunitario. Tenemos que buscar apoyo en aquellos que nos rodean, porque nuestro cerebro es social: el cerebro trata los vínculos como una prioridad biológica. «La corregulación consiste en entrar en sintonía emocional con quienes nos rodean, y es una herramienta muy poderosa para descargar tensiones y ajustar nuestra perspectiva sobre lo que nos ocurre. Y si necesitamos parar para regularnos, tenemos que tener claro que parar es parar de verdad: no convertir esa pausa en un momento productivo».

La doctora no propone un recetario de hábitos firmes y fijos sino, más bien, todo lo contrario. Invita a disfrutar del camino y a entender que nuestro bienestar no tiene por qué encajar en patrones fijos. Así, propone que es mejor dejarnos guiar por nuestra brújula interna, ya que esta nos marcará la dirección para conectar con nuestro cuerpo, nuestros valores y nuestro placer. Y, sobre todo, dándonos permiso para sentir, para ser flexibles.

Hedonismo pragmático

En definitiva, la Dr. Samartin recomienda que vivamos en lo que ella llama hedonismo pragmático, que no es otra cosa que reivindicar el derecho a disfrutar sin culpa de lo cotidiano.

«Vivimos atrapados en una paradoja: por un lado, se nos exige responsabilidad total sobre nuestro bienestar, y por otro, se nos considera incapaces de tomar decisiones propias sin la guía de expertos. (…) La promesa de plenitud se sustenta en la perversión del hedonismo al demonizar el malestar. Pero el malestar es necesario, cumple una función imprescindible para la supervivencia: la movilización», afirma.

«Cada uno de nosotros, con nuestro traje hecho a medida, recorremos una carrera de obstáculos única. Ignorar cómo se ajusta el traje, cuantos obstáculos pretendemos saltar o cómo es el terreno que pisamos, nos lleva a conclusiones sesgadas, injustas e incorrectas. (…) No buscamos un destino. Buscamos una dirección. Y no para seguirla con esfuerzo ni disciplina, sino para redescubrirla en la sencillez y sostenerla desde la conexión con el cuerpo, el disfrute y la coherencia con quienes somos».

El objetivo de la doctora es «normalizar esa no-linealidad de lo humano y desarmar la idea de perfección inalcanzable que tantas veces nos venden y que, poco a poco, nos está ahogando. (…) El descanso, por ejemplo, ha pasado de ser una necesidad biológica para convertirse en una sospecha cultural que exige una justificación. Y si no se justifica, se culpa».

«El cerebro es plástico: cambia a lo largo de toda nuestra vida. Pero esos cambios no tienen un sentido moral: a veces sirven para aprender algo valioso (lo que llamamos aprendizajes adaptativos), y otras veces se consolidan errores que nos complican la vida. (…) Muchas veces no sostenemos un hábito por placer o necesidad, sino por miedo. Miedo a que, si dejamos de hacer, dejemos de ser», apunta la doctora en su nuevo libro.

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