La grasa abdominal, factor clave en la incontinencia urinaria femenina
Tradicionalmente, esta condición se ha vinculado al suelo pélvico, a los cambios hormonales, al embarazo y al parto

Una mujer con las manos en el vientre. | Freepik
La incontinencia urinaria es un trastorno caracterizado por la pérdida involuntaria debido a una alteración en el control de la vejiga. Aunque puede afectar a ambos sexos, es más frecuente en mujeres, afectando a una proporción significativa de ellas a lo largo de distintas etapas de la vida. Históricamente, se ha asociado al funcionamiento del suelo pélvico (los músculos que sostienen la vejiga, el útero y el recto), cambios hormonales, embarazos y partos; sin embargo, una investigación publicada recientemente en el European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology ha identificado la grasa visceral como un importante factor de riesgo.
Los escapes de orina pueden aparecer de forma repentina, con necesidad urgente de miccionar; al toser, reír o realizar esfuerzo físico; durante el sueño; o de manera continuada en los casos más severos. En el día a día, pueden afectar significativamente a las personas que los sufren, no solo a nivel físico, sino también social y emocional, condicionando las actividades cotidianas y reduciendo la calidad de vida cuando no se tratan adecuadamente.
Para el estudio, llevado a cabo por la Universidad Federal de São Carlos (Brasil), se sometió a 99 mujeres a exploraciones DXA (una prueba médica que mide la densidad mineral ósea —la cantidad de calcio y otros minerales que tienen los huesos— y, de forma secundaria y derivada del mismo escaneo, estima la composición corporal —grasa, masa magra y masa ósea—). La edad promedio de las participantes era 34 años y ninguna de ellas había tenido más de dos hijos. Como resultado, se observó que casi el 40% habían experimentado este fenómeno, aunque muchas de ellas lo consideraban una molestia normal.
La grasa visceral, clave
La investigación identificó que, aunque la obesidad en general supone un riesgo de pérdidas involuntarias de orina, la grasa visceral —aquella que se acumula en el interior del abdomen y alrededor de algunos órganos vitales como el hígado, el páncreas y los intestinos— es un factor clave. Este tejido adiposo, al ser metabólicamente activo, se asocia a inflamación crónica de bajo grado, resistencia a la insulina y alteraciones hormonales, factores que pueden afectar al tracto urinario inferior.
En esta línea, el exceso de grasa visceral puede aumentar de forma sostenida la presión intraabdominal, lo que incrementa la carga sobre la vejiga y el suelo pélvico, favoreciendo la sobrecarga y posible disfunción de este último. En concreto, de acuerdo con el estudio citado, esta adiposidad se asocia con un aumento del 51% en la probabilidad de fugas urinarias, incluso en mujeres con un índice de masa corporal (IMC) —medida utilizada para estimar la adecuación del peso en relación con la altura— normal.
Del mismo modo, niveles elevados de este tejido adiposo se asocian con un incremento del 16% en las molestias urinarias y del 9,3% en el impacto sobre las actividades diarias en mujeres con incontinencia. Estos efectos podrían explicarse, por un lado, por la sobrecarga mecánica ejercida sobre el suelo pélvico y, por otro, por la liberación de mediadores inflamatorios que, a largo plazo, pueden contribuir al deterioro del tejido muscular.
Por otro lado, la investigación también relacionó la acumulación de grasa alrededor de las caderas, los glúteos y los muslos con la incontinencia urinaria. Además, otros factores que incrementan el riesgo incluyen la edad, la menopausia, el número de embarazos y la atención durante el parto, como las episiotomías (un procedimiento quirúrgico que consiste en realizar un corte controlado entre la vagina y el ano durante el parto vaginal).
A pesar de ello, los investigadores aseguran que las pérdidas de orina son prevenibles y tratables. Para ese objetivo, aunque el control del peso ayuda a reducir la presión interna, la fisioterapia centrada en el suelo pélvico se considera el tratamiento más eficaz, según indicó Patricia Driusso, profesora de fisioterapia de la Universidad Federal de São Carlos. No obstante, los expertos afirman que alrededor del 30% de las mujeres no pueden contraer estos músculos correctamente sin la guía de un profesional, e incluso algunas pueden realizar el movimiento al revés, lo que puede empeorar el problema.
