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La Segunda República, y la Tercera

"Es la izquierda y son los nacionalistas, otra vez, los que quieren echar abajo la Constitución, con ella la Corona, y con ambas la continuidad histórica de España"

Foto: AP | AP

Las últimas elecciones tienen un carácter impropiamente constituyente. Como las elecciones locales de 1931, que se convocaron para renovar el poder en los ayuntamientos y desembocaron en un cambio de régimen. El motivo es el franco desencanto de una parte de la sociedad española con nuestro sistema político, pero también con con la misma España, hacia la cual casi la mitad de los catalanes mira como la fuente de sus especiosos males.

Los paralelismos con la II República no se agotan en el ambiente que adelanta un cambio de régimen. También en las fuerzas que anhelan esa transformación, que buscan que a España no la conozca ni la madre que la parió. Alfonso Guerra, otro profeta de la revolución sobrepasado por los acontecimientos. Pues es la izquierda y son los nacionalistas, otra vez, los que quieren echar abajo la Constitución, con ella la Corona, y con ambas la continuidad histórica de España.

Cuando estalló el movimiento secesionista cultivado durante décadas desde las mismas instituciones españolas, me referí a aquéllos hechos como el inicio de una revolución. Y este es el gran paralelismo con el desgraciado régimen de Azaña y demás. Lo que vivimos es una revolución. Lo cual otorga a la presencia en el Gobierno de Pablo Iglesias, el verdadero Lenin español, un significado especial.

En toda revolución colisionan unos deseos de transformar radicalmente la sociedad y las resistencias a aquéllos cambios. En la resistencia se encuentra más de media España que cree que la mejora es paulatina, y que los grandes cambios a futuro retrasan los avances varias décadas. Son españoles que se reconocen como tales, y que se sienten orgullosos de serlo. Ellos, sus creencias, sus instituciones, son el objeto de demolición de la revolución. Es necesario eliminar o menguar su influencia, si ésta ha de triunfar. La Tercera República, como la Segunda, será el sistema político de una España sobre otra España. Sobre una parte de la sociedad cuyo único papel, como comparsa, será otorgar legitimidad a un sistema dizquedemocrático. De nuevo como la II República, lo que se quiere instaurar en lo que quede de España será un sistema político que tenga el cascarón democrático, pero que no tolere la alternancia. Será el despertar del sueño de una España liberal.

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