Laura Fàbregas

Obscenidad ante notario

«Cuando una sociedad anula la crítica interna se normaliza cualquier atropello»

Opinión

Obscenidad ante notario
Foto: NACHO DOCE| Reuters
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

En Cataluña hay quien todavía espera –yo también– el héroe de la retirada. Pero esta figura únicamente puede florecer desde dentro, cuando una sociedad ha tocado fondo y es capaz de hacer un mínimo ejercicio de autocrítica

Mientras Pedro Sánchez entona el mea culpa al decir que «todos cometimos errores en Cataluña» e Iglesias cuestiona la democracia española, el nacionalismo ni siquiera acepta que no estuvo bien saltarse la ley. Con cada blanqueo se legitiman y la oposición interna se debilita. Y cuando una sociedad anula la crítica interna se normaliza cualquier atropello.

En 18 años en Cataluña hemos pasado del Pacto del Tinell al cordón sanitario al PSC, y ni entre los firmantes ni sus votantes se enciende la más mínima señal de alarma por esta deriva que empequeñece Cataluña y la hace cada vez más excluyente

Rehén de este marco ultraderechista –ya que los únicos que en Europa vetan a la socialdemocracia son los fascistas– son partidos como el PDeCAT, cuyos miembros han sido purgados por defender otra vía al independentismo diferente a la del líder supremo. La revolución de las sonrisas, que aspiraba a ser un proyecto que sumara a distintos sectores de la sociedad, es un movimiento cada vez más purista, donde la lista de malos independentistas ya alcanza a ERC.

Pero el ser humano se acostumbra a todo, incluso al maltrato. Grado a grado no se nota nada, como una rana que no salta del agua hirviendo cuando se caldea lentamente. Pero el nacionalismo, por definición, es insaciable. Ahora han logrado vetar “los votos del 155”. Un 155 que, hasta la fecha, representa a la mitad de los catalanes y al Rule of law que rige a las democracias occidentales. 

Ante estos pasos cada vez más sectarios, ante su propia política de tierra quemada, y a falta de ranas que salten, solo cabe esperar que de las cenizas algo renazca.

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