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Leticia Dominguez

Papá, yo quiero ser como el Eibar

Y entonces en medio de un aborigen de millones de euros en fichajes, de inversiones capitalistas y comunistas en clubs de fútbol, de petrodólares y jeques en los palcos, apareció la coherencia, el trabajo, la humildad y los valores en forma de un club de fútbol llamado Eibar.

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Y entonces en medio de un aborigen de millones de euros en fichajes, de inversiones capitalistas y comunistas en clubs de fútbol, de petrodólares y jeques en los palcos, apareció la coherencia, el trabajo, la humildad y los valores en forma de un club de fútbol llamado Eibar.

Y entonces en medio de un aborigen de millones de euros en fichajes, de inversiones capitalistas y comunistas en clubs de fútbol, de petrodólares y jeques en los palcos, apareció la coherencia, el trabajo, la humildad y los valores en forma de un club de fútbol llamado Eibar. 

El Eibar lleva dos ascensos consecutivos ya que hace apenas dos campañas merodeaba por los campos de Segunda División B. Un equipo que presenta superávit, algo que suena a una utopía para cualquier institución española. 

Un equipo guipuzcoano que tiene el presupuesto más bajo de Primera División con 18 millones de euros; y como las comparaciones son odiosas solo el Real Madrid tiene un presupuesto 28 veces mayor – 520 millones – para la misma temporada. 

Con estos precedentes antes de comenzar la campaña, pocos – o nadie- creía en la permanencia. Nada más lejos de la realidad. Los armeros se encuentran octavos en la clasificación por encima de equipos como el Espanyol o el Athletic y a tan solo ocho puntos de puestos europeos. 

El Eibar representa ese fútbol de antes, el de los campos de tierra, el de los aficionados que acuden a un campo en la montaña. El fútbol en el que saben que no le va a dar dinero -ni tampoco lo quieren- los fichajes galácticos ni los derechos televisivos.  Eso es el Eibar, un club deportivo por encima de una empresa; unos balones de fútbol por encima de una cuenta corriente. Ipurúa es el futbol vintage, el fútbol en el que los números eran posiciones. El Eibar es un David que se come jornada a jornada a Goliat. 

Gracias Eibar. 

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