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Miguel Ángel Rodríguez

La falta de periodistas

La transición española salió bien porque, en una sociedad inteligente y ávida de reformas y de libertades, coexistieron políticos de altura, editores de libros perspicaces, intelectuales cabales y periodistas que sabían distinguir el bien del mal gracias a que sus directores y redactores jefes se lo exigían.

Opinión

La falta de periodistas
Reuters

La transición española salió bien porque, en una sociedad inteligente y ávida de reformas y de libertades, coexistieron políticos de altura, editores de libros perspicaces, intelectuales cabales y periodistas que sabían distinguir el bien del mal gracias a que sus directores y redactores jefes se lo exigían.

España vive hoy a la deriva porque, en una sociedad egoísta, cabreada y liderada por macarras, coexisten políticos mediocres, editores de libros que no pasan de ser jefes de ventas, y no hay periodistas que sepan jerarquizar las noticias ya que sus jefes se dedican a vender publicidad y no a buscar la verdad de la noticia.

De todo, por profesión, me preocupa la falta de periodistas. Ahora que Twitter se ha convertido en la fuente principal de los informes y comentarios, lamento no revivir los tiempos de cuando el redactor jefe te tiraba un texto a la papelera porque no lo tenías confirmado por tres fuentes, y cuando el director levantaba una noticia porque el protagonista era un sinvergüenza que nos la estaba colando.

Hoy no hay nadie en las redacciones que examine un texto: todo vale. Y si es escandaloso, mejor. Esa falta de responsabilidad en lo que se lanza a la calle es lo que nos tiene a la deriva, al borde de la derrota como sociedad civilizada porque ya empezamos a vivir bajo una suerte de Ley de la Selva: el que más grita, más protagonismo tiene; el que muestra más ferocidad en sus exposiciones, goza de más tiempo en televisión.

Así pues, los libros que encargan editores que andan mal de la cabeza y los políticos chisgarabís que saben montar espectáculos gozan de tiempos felices porque no hay periodistas que releguen sus estúpidas noticias a un breve en página par y no hay redactor jefe que las tire a la papelera.

La vida política española camina entre titulares, sin más reflexión. España, intelectualmente, se ha convertido en una cloaca: terminó la vida y empieza la supervivencia.

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